“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Juan Álvarez López:
“No concibo la vida sin escribir”

domingo 3 de julio de 2022
Juan Álvarez López
Juan Álvarez López: “Me costaría mucho, por no decir que sería imposible, aprender o modificar mi estilo mediante un curso de creación literaria”.

“Pasados los quince años, y animado por un amigo, empecé a desatar los nudos de mis escritos”. Con esta imagen simbólica, el autor entrevistado nos retrata el factor desencadenante de su historia personal como escritor. Reconoce su estilo autodidacta, apartado de cualquier formación en creación literaria. En palabras de Juan Álvarez López: “Me posiciono más en la naturalidad expresada como tal que en el método”.

Tras varias publicaciones con recopilaciones de textos cortos, a modo de reflexiones, pensamientos y divagaciones, Juan Álvarez López se entrega al reto de escribir una novela en el año 2020. Bajo el título de La sonrisa de la huida nació lo que él mismo bautizó como una road-rock-movie. Animado por la excitante experiencia, y por los buenos resultados de venta para ser su primera obra literaria extensa, en 2021 publica la segunda: Piedra, papel y Zobeira. El ritmo de publicación parece endiablado y poco común para un escritor novel, pero Juan reconoce que se mueve por impulsos creativos, una pulsión que no le deja indiferente y que le provoca vomitar la historia a demanda de sus entrañas.

Sin más prolegómenos, os animamos a conocer a este escritor aragonés-catalán-gallego-manchego con mayor detalle en esta entrevista en profundidad.

 


 

“Piedra, papel y Zobeira”, de Juan Álvarez López
Piedra, papel y Zobeira, de Juan Álvarez López (Libros Indie, 2021). Disponible en Amazon

—¿Escritor vocacional o la vida te fue llevando…?

—Yo diría que un poco de las dos cosas. Escribo por la urgente necesidad de plasmar lo que tal vez de otra forma me sería imposible. También, puede responder a una necesidad psicológica y fisiológica, puesto que el acto de escribir provoca que suba el nivel del cauce de satisfacción. Yo lo suelo definir como un acto de libertad, pues se trata de darle rienda suelta a la imaginación y liberarla. No concibo la vida sin escribir. Es un impulso que nace de repente, sin forzarlo.

—¿Cómo fueron tus inicios a nivel narrativo y qué te motivó a seguir por ese camino?

—De una manera natural. Siempre insisto en esa peculiaridad, la de rendir culto a la espontaneidad, pero es cierto. Empecé a escribir a los quince años, pero no fue sino hasta un poco más tarde, y animado por un amigo, que empecé a desatar los nudos a los escritos que iba creando. Fue en una publicación gallega que se editaba en Barcelona y que se llamaba A Micro Pechado. Ahí fue cuando me quité la timidez a base de párrafos desbocados en cada uno de aquellos textos. Me dejé llevar por una incontinencia prosaica, cayendo en la cuenta de que el mundo de las metáforas, y todas las combinaciones que éstas me ofrecían, me permitían llevar a cabo unos relatos no muy extensos pero con bastante contenido comprimido. A día de hoy sigo necesitando de esos ejercicios metafóricos. Forman parte de mi forma de expresión.

—Del relato breve y la reflexión sobre papel a la novela. ¿Ha sido fácil este paso adelante?

A priori creía que sería todo lo contrario, pero básicamente se debía a una cuestión de hábito. Eso de parar en un punto determinado y retomar esa historia días después no entraba dentro de mis planes. Principalmente por eso, porque a la hora de escribir carecía de cualquier planteamiento previo, salvo la idea principal. Se trataba de un ejercicio tan vital que cada relato no pasaba de más de una hora de creación. Yo los definía como una ingesta importante de imaginación y reflexiones, que mis manos acababan vomitando sobre el teclado a base de arcadas que mutaban en pulsaciones. Ahora, sin embargo, reconozco que me arrepiento de no haberme atrevido a escribir algo de novela antes, puesto que el hecho de crear unos personajes y que sean ellos los que te vayan marcando las pautas que deben seguir, me fascina. Para mí, ellos son como hijos. Les he dado vida, sí, pero luego caminamos de la mano todos juntos a lo largo de la obra. A unos los comprendes, a otros no tanto. Hay personajes a los que incluso llegas a echar en falta una vez acabado el libro. Como he comentado, les doy vida, pero ellos también me la transmiten a mí.

La urgente necesidad de atrapar ese momento de inspiración fue el motor que hizo posible esa primera obra.

—¿Cómo fue el parto de tu primer título, La sonrisa de la huida?                         

—Al mirar hacia atrás, recordé que en mi primer libro autoeditado, que se tituló Letrastadas, incluí una historia de treinta y dos páginas bajo el nombre de “Escríbete despacio que tengo prisa”, lo cual para mí ya era un reto. Curiosamente, fue lo que más gustó. Y aunque en un principio no reparé en ello, con el tiempo me decidí a comenzar una novela con la única idea preconcebida de un personaje (Iván), y una trama cargada de intriga y realismo a la vez. Una vez sobrepasada la primera parte del libro, me di cuenta de que estaba disfrutando de un modo diferente al relato corto. La sonrisa de la huida se acabó definiendo como una road-rock-movie escrita, lo cual no sé si para bien o para mal, pero es cierto que refleja muy bien cómo la escribí: de pie y sin ningún tipo de anotaciones. Estaba tan inmerso en el devenir de Iván, Ruth, Elsa, etc., que me pareció que en cualquier momento se me iban a deshacer entre los dedos. Por lo tanto, la urgente necesidad de atrapar ese momento de inspiración fue el motor que hizo posible esa primera obra. Posteriormente, el interés de la editorial (Libros Indie) por sacarla al mercado insufló una motivación extra para continuar creando algo más extenso que el relato corto. Se publicó con el hándicap de que a las dos semanas estábamos inmersos en una pandemia, con el confinamiento incluido, por lo que el tema de las presentaciones se resintió. Pese a todo ello, tanto a nivel de público y medios como también por parte de la editorial, mi agradecimiento y satisfacción será eternamente infinito. Pudiera ser por mi debilidad a viajar en la nave de la humildad, sí, pero fue una sorpresa para mí. Sinceramente, no me esperaba esa respuesta.

—En 2021 se publica tu segunda novela, Piedra, papel y Zobeira. Retomas la intriga, pero en otro contexto. Ponnos los dientes largos.

—Sí, justo cuando salió al mercado La sonrisa de la huida comencé a escribir Piedra, papel y Zobeira. En esta ocasión con algo más de tranquilidad, aunque no mucha, ya que no concibo eso de alargar mucho más de un año los proyectos creativos porque creo que se puede perder frescura. La historia era diferente, obviamente. Otra vez dejaba en el aire una banda sonora a ritmo de rock bastante variada en cuanto a estilos, pero en esta novela decidí incluirle a la intriga y el misterio unas dosis de historia. El personaje principal es Félix, un chico que emigra en busca de su sueño americano, que no es otro que ser batería de Bruce Springsteen. No logra entrar en su banda, pero acaba siendo un músico profesional; tocando con los grandes de la música sin que se le caigan los anillos por hacerlo a la vez en los antros underground de Newark (Nueva Jersey). Tiene una personalidad en la que la sencillez y la bondad se reflejan hasta tal punto que su tranquilidad llega en ciertos momentos a cegarle. Tras una vida grabando y girando, vuelve a la península, motivado por una herencia en tierras manchegas y una necesidad de cambio. Las circunstancias harán que recale en una zona de Galicia, concretamente en Terras de Trives. Ahí es cuando decidí unir estos dos puntos: el Campo de Calatrava y Terras de Trives, con dos pueblos ficticios (Berjal y Zobeira). Conozco ambos territorios, y el hecho de que existiesen vestigios romanos avivó mi ánimo a la hora de crear una trama alrededor de la Via Nova XVIII del itinerario de Antonino, que unía Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga). Me gustaría añadir que, además del factor musical, histórico y de misterio, también se centra mucho en aspectos de la personalidad del ser humano, para lo bueno y para lo malo, evidentemente.

—¿Cuáles han sido o son tus referentes literarios? Si es que los tienes, claro.

—Por supuesto que los tengo. No sé en qué grado pueden llegar a influirme, pero citaría a algunos como por ejemplo a Salinger, Roberto Bolaño, Javier Pérez Andújar, Isabel González, Emmanuel Carrère, Ana María Matute, Haruki Murakami… la poesía de Alejandra Pizarnik, y muchos más. No soy muy fiel a un autor. Digamos que me declino más por ampliar el radio de lectura. Añadiría que me gusta descubrir a escritores que empiezan. Puesto que siempre me ha parecido interesante esa narrativa fresca de los comienzos en sus obras. Creo que es algo imposible de lograr a posteriori.

—¿Qué hay de autodidacta y qué de formación y aprendizaje profesional en tu dilatada trayectoria?

—De autodidacta… todo. Aunque me gustaría reseñar que ya sea por escrito, por radio, o simplemente por esa escuela que te ofrece la calle, he aprendido a captar todo tipo de sensaciones y conversaciones. Hay personajes que me los ha dado la vida, yo sólo los he moldeado. Me costaría mucho, por no decir que sería imposible, aprender o modificar mi estilo mediante un curso de creación literaria. Puedo rectificar o no por un consejo, de acuerdo, pero me sigue pareciendo que el estilo nace de la originalidad en lo que se plasma. Me posiciono más en la naturalidad expresada como tal que en el método.

Llevo algo más de dos años colaborando en la revista digital Creando tu Provincia.

—Nos consta también que das salida a tu creatividad literaria en secciones de opinión. Cuéntanos.

—Sí, es cierto. Entre diferentes colaboraciones, me gusta recalcar que llevo algo más de dos años colaborando en la revista digital Creando tu Provincia, con una sección a la que bauticé con el título de “Acuéstate y suda”. Y es ahí donde cada mes me desquito de los pensamientos cortos a modo de artículos de opinión con temática variada, pero con miradas al pasado y al futuro, que se combinan con bocados de realidad. No descarto algún día recopilarlos y mostrarlos todos en un libro. Es algo muy motivador y variado.

—¿Ideas en el cajón para tu siguiente obra?

—Pues actualmente me encuentro en la fase final de otra novela. Tiene algún tinte similar a las otras, pero sin caer en la repetición o en la secuela. De todos modos, es una novela diferente a las otras dos, pese a las similitudes que sus personajes protagonistas puedan tener. El proceso de creación está ligado al deseo por darles vida a esos nombres, que corretean por la pantalla del portátil cada vez que la imaginación comienza a girar. Ideas nunca faltan, en todo caso el mayor enemigo es el tiempo, o mejor dicho, la falta de él. Pero otra vez he vuelto a encarar la novela sin excesivos apuntes. Es como una mezcla de las dos anteriores. Pero, vamos, que también me está sirviendo de acicate el hecho de cerrar el círculo a modo de trilogía. No en cuanto a contenido, pero tal vez pudiera ser el proyecto en el que interaccionan más los personajes entre sí. He buscado una similitud entre ellos. Si tuviese que titular un pack de las tres novelas, se titularía Los perros de la lluvia, igual que el disco de Tom Waits (Raindogs). Ya tengo en mente otra, que será completamente diferente. Se trata de ir buscando retos, y para mí, el hacer trabajar con otro tipo de personajes va a ser el leitmotiv de lo que vendrá tras esta novela en la que me encuentro ahora inmerso.

Xosé Manuel Fernández Montes
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