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Ana Marina Rúa:
“El anonimato me da el lujo de escribir, de leer, de existir en las palabras”

domingo 28 de agosto de 2022
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Ana Marina Rúa
Ana Marina Rúa: “Escribir, para mí, a veces responde a la sensación y sospecha de lo ausente, de que algo no está ahí”.

Ana Marina Rúa (San Juan, Puerto Rico, 1974) escribe. Sí, es escritora, y docente de español como también lo fue de francés. Estudió en la Universidad de Yale su bachillerato en Literatura, y su maestría en Español con concentración en Literatura Ibérica Medieval en la Universidad de Columbia. Vive en Nueva York, desde donde se mantiene vinculada a su país de origen por medio de sus colaboraciones con Claridad, Letras Salvajes, Cruce, 80 Grados y El Adoquín Times. Su novela La anémona (2013) fue mención honorífica del PEN Club de Puerto Rico y del Instituto de Literatura Puertorriqueña. A partir de esta novela, Ana Marina ha contestado nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—En 2013 salió publicada su novela La anémona. ¿De qué trata dicha novela? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

La anémona salió luego de años de escritura similar, de intentos con textos iniciales cuyas iteraciones por fin estructuraron la novela. Es un libro corto, de viñetas, en el que (como lo veo ahora) falta mucho y sobra demasiado. El narrador sin nombre, que se presenta y reconoce como bastante mezquino, recuenta su relación con una mujer que acaba de morir, alternando entre los recuerdos personales y los de la historia colectiva de la familia a la que quisiera pertenecer (no es un roman à clef, aunque claro que los elementos familiares están: uno escribe de lo que conoce o cree conocer, ¿no?). Como eje de este narrar está el hallazgo de un incunable que ha viajado a lo largo de las generaciones. La novela entera es un rebobinar, un recordar (de la misma manera que leer, legere, es recoger). Pero no es una memoria, porque le da al lenguaje y a sus formas un sitial mucho más importante que a los recuerdos. Creo que el escribir, para mí, a veces responde a la sensación y sospecha de lo ausente, de que algo no está ahí. En La anémona hay un recuento o reconocimiento de esa falta, de lo vacío. No quiere eso decir que haya una necesidad de recuperar lo ausente, porque aquí no hablo de pérdida, ni de heridas que haya que curar: hablo de falta, de ausencia. El lenguaje, al intentar expresar los modos en que algo no está, puede aproximarse a llenar ese hueco o espacio vacío, y a regodearse en su fracaso. Pero eso es sólo a veces, para mí, el escribir. Sólo a veces.

Mi escritura académica antes de La anémona se centraba mayormente en el trabajo que haría cualquier otro estudiante de literatura a nivel de bachillerato y luego en el nivel de posgrado.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a La anémona y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña y su memoria personal con la literatura dentro de Estados Unidos o fuera?

—Mi escritura académica antes de La anémona se centraba mayormente en el trabajo que haría cualquier otro estudiante de literatura a nivel de bachillerato y luego en el nivel de posgrado. Al estudiar literatura en los 90, estuve inmersa en ese romance con teoría —con obsesión con el texto, su lenguaje y significado condenado a nunca revelarse, con el texto, ante todo— que luego desaparecería para dar paso a estudios más historicistas y cuestiones de identidad. Dentro de ese marco me concentré en lo que llamaban “literatura moderna temprana”, que iba de finales del Medioevo a principios del Barroco. Luego obtuve mi maestría en español con concentración en Literatura Ibérica Medieval, en Columbia, encaminada a conseguir mi doctorado en la misma área de estudios y con planes de ser profesora. Pero soy una de esas criaturas ABD (“all but dissertation”) y, como muchos así, me fui del mundo universitario sin hacer el doctorado. Llevo veinte años enseñando español, con unos pocos años enseñando francés, a nivel de escuela superior. En cuanto a la escritura creativa antes de La anémona, me limitaba a escribir cuentos que engavetaba, cuentos y textos con sesgos repetidos, textos que luego se convirtieron en parte justamente de la novela. Así que la relación de estos dos tipos de escritura e investigación con lo que hago ahora me es difícil de determinar: son parte de una continuidad, pero a la vez veo hitos y bifurcaciones. En cuanto a cómo lo hilvano con mi experiencia como puertorriqueña, o con la literatura en o fuera de Estados Unidos, temo que ofrezca una respuesta demasiado parca: lo primero lo siento irrelevante (quizás al vivirlo, no tengo la claridad de verlo) y para lo segundo no tengo la capacidad de abarcar o abordar tanta amplitud.

“La anémona”, de Ana Marina Rúa
La anémona, de Ana Marina Rúa (Isla Negra, 2013). Disponible en Amazon

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritora con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Creo que en los años recientes mi escritura, tanto en español como en inglés, se ha centrado más en cuestiones de lenguaje. La ficción que escribo no pende del asunto, ni de peripecias de personaje; carece de diálogo que avance la acción; suelo concentrarme en una estructura del lenguaje, en el lenguaje como motor del texto. Creo que soy más abierta a la experimentación que antes, a escribir en distintos registros. No dudo que ser maestra de español ha influido también en mi preocupación con estructuras, pero si pudiera decir que he madurado en cualquier modo, diría que ha ocurrido más a nivel de flexibilidad, de apertura a la experimentación, y de reconocer que escribo —y percibo— de modo más sensorial y concreto que abstracto. Antes era más rígida, mi escritura lenta, aunque mi disciplina nunca era consistente. Ahora todavía no alcanzo una disciplina o rutina de escritura, pero soy mucho más abierta, y confieso que esta apertura me emociona de un modo que no sentía desde hace muchos años.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritora?

—Me es difícil situarme en contextos de núcleos generacionales o ideológicos, dado quizás por la miopía que provoca el estar demasiado inmersa en algo, como mencioné antes. Pero sí puedo ver que vivo unas particularidades de distancia, física y virtual. Resido en Estados Unidos desde 1992, aunque en todo este tiempo siempre vuelvo a Puerto Rico, casi siempre varias veces al año, y mis nexos con la isla y mi familia son profundos. Pero vivo, trabajo, crío a mis hijos, escribo, desde acá. La anémona, que se publicó en Puerto Rico con Isla Negra, mis relatos, que han aparecido en distintas revistas, mi compartir de otros textos recientes, todo ha sido a la distancia. Está también la complicación de que estuve alejada de las redes sociales y del contacto con otros escritores por unos cinco años y que es sólo ahora que poco a poco voy regresando a un estar y actuar en unos entornos ante los que aún siento cierto extrañamiento. Si con la publicación de La anémona en 2013 empecé alguna interacción en ciertos círculos, se pausó por estos años en los que estuve alejada. Todas estas manifestaciones de la distancia, y del olvido que posiblemente surgió luego de que me alejara de las redes, resultan en que no se me conozca mucho. Es decir, está lo que escribo, pero el yo que escribe, que nunca estuvo demasiado presente en el afuera, es ahora, francamente, bastante irrelevante. Hay una comodidad y una libertad que valoro en este tipo de anonimato, porque me da el lujo de escribir, de leer, de existir en las palabras y no en las relaciones personales o públicas, que dan demasiada importancia al autor como persona mediática, y que he notado que muchas veces se suscitan en el mundo de las publicaciones. Dicho esto, me honraría pensar que hay hilos conductores entre mi escritura y las de otros escritores puertorriqueños de mi generación, que admiro profundamente y que leo voraz. En publicaciones recientes leo la prosa onírica de cierta cuentística, la belleza dura de cierta poesía, una nueva construcción del lenguaje, la articulación rica del ensayo y el manejo hábil de la crónica de lo terrible. Pero no sé si soy o seré parte de cualquier grupo.

Creo que el enfoque en género literario es mucho menor en las letras de los países de habla hispana, y por eso la recepción y las exigencias de los lectores son distintas.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la narrativa en y desde Estados Unidos. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?

—No sé mucho en cuanto a la recepción de mi trabajo, ya que he publicado poco. Pero ahora que acabo el manuscrito de mi primera novela breve en inglés y busco publicarla, me doy cuenta de algunas diferencias en el mercado estadounidense, particularmente con la explosión de publicaciones y la cantidad de plataformas en las cuales se lee y se reseña lo leído. Al no ser plot-driven, sino centrada en palabra e imagen, mi prosa en inglés es difícil de clasificar en un ambiente en el que impera la categorización de textos en géneros literarios estrictos. Pertenezco a un grupo de escritoras ex alumnas de la universidad. Nos leemos y trabajamos nuestros textos en una especie de taller virtual que ha sido sumamente enriquecedor, pero compartimos la frustración de atenernos a estas categorías cuando de publicar se trata, y de navegar las opciones entre editorial tradicional, la híbrida, la académica… Creo que el enfoque en género literario es mucho menor en las letras de los países de habla hispana, y por eso la recepción y las exigencias de los lectores son distintas.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o no? O, más bien, una escritora, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Soy puertorriqueña, y escribo. Escribo, y soy puertorriqueña. No entiendo mucho sobre identidades, pero intuyo que mis preocupaciones son diferentes de las de otros autores hispanos y puertorriqueños que viven en los Estados Unidos y que están al margen en ambos sitios. Yo he tenido la fortuna de no sentirme al margen en cuanto a mi realidad o identidad étnica, política, cultural, social y de género, aunque vivo diferencias culturales en mayor o menor grado, y me es imposible determinar a qué grado se relacionan con mi identidad de puertorriqueña, o de escritora.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en la Universidad de Yale?

—Aunque no entienda mucho sobre la cuestión de la identidad, puedo reconocer claramente que no participé políticamente en el momento y lugar en los que me tocó hacer mis estudios universitarios. La actividad política de los estudiantes en las universidades latinoamericanas y en la Universidad de Puerto Rico siempre ha sido de una naturaleza completamente diferente de la de sus contrapartes en Estados Unidos, y en la época en que estuve en Yale era mucho más baja aún, resultado quizás del entorno Gen-X privilegiado del noreste de los Estados Unidos en los 90. Los culture wars estaban en todo su apogeo, pero había una ingenuidad y conformismo, apareados con una suerte de fatalismo bastante cínico acerca de nuestro contexto y posibles futuros, que sospecho me influyó, aunque no puedo determinar hasta qué grado.

Hasta hace poco, no había (o no veía) mucha conexión entre mi experiencia universitaria y mi escritura posterior.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Yale? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Estados Unidos hoy?

—Hasta hace poco, no había (o no veía) mucha conexión entre mi experiencia universitaria y mi escritura posterior, pero gracias a esa circunstancia, y en contra de mi tendencia a no pertenecer a clubes ni organizaciones, hace poco más de un año me uní a un grupo de escritoras ex alumnas que acababa de comenzar en ese momento. Nos reunimos virtualmente para leernos y aprender de nuestros distintos trasfondos y experiencias, el escribir y editar, el buscar editorial y/o agente, el proceso y escenario de la escritura… Debo añadir que conocer a estas escritoras y tener un espacio de seriedad en la lectura mutua ha sido quizás el único aspecto bueno que me ha surgido en la pandemia.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—No creo que sepa contestar bien esa pregunta. Temo que mi percepción de esa recepción sea errada, además de que los textos en inglés suelen tener lectores distintos a los de español.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

—Además de The Brief Persistent (la novela breve en inglés), tengo un par de proyectos pautados para el futuro cercano. Espero poder sacar mi libro de cuentos Neural, para publicarse en Puerto Rico. Está también la fase inicial de la traducción al inglés de La anémona, para publicarse en Estados Unidos. Además, llevo unos meses publicando textos en revistas puertorriqueñas, y agradezco esta oportunidad de poder participar en esos espacios, junto a escritores que admiro. La escritura siempre estuvo, pero ahora me emociona poder volver a compartirla, en el deshielo que va ocurriendo luego de ese alejarme de los últimos años.

Wilkins Román Samot

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