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Kianny N. Antigua:
“Sólo puedo hablar en la lengua que conozco, aunque hable embustes”

domingo 13 de noviembre de 2022
Kianny N. Antigua
Kianny N. Antigua: “Quienes leen buscan sus temas. A mí me atrae la literatura fastidiosa, la que te hace ver la mugre, los sótanos humanos”.

Kianny N. Antigua (República Dominicana, 1979) es escritora (poeta y narradora) y traductora. Ejerce la cátedra de español en Dartmouth College, Nuevo Hampshire, Estados Unidos. Estudió su Bachillerato y su Maestría en Español y Educación en City College of New York, en Estados Unidos. Es autora de unos veintidós libros de literatura infantil, dos poemarios, cuatro libros de cuentos y uno de microficción, una novela y dos antologías. Parte de su trabajo creativo ha sido traducida al italiano, inglés y francés. Es la traductora y narradora de la novela Dominicana (2021) de Angie Cruz, y de las novelas infantiles Una niña rota con suerte (2022), de Ruth Behar, y Nunca mires atrás (2022), de Lilliam Rivera. Ella nos ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—En 2021 salió publicado su libro de relatos intitulado Bestezuelas. ¿De qué trata dicho libro de cuentos? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

—Mi literatura tiende a ser muy autónoma. Ella rige. Por lo general no escribo cuando quiero (y mucho menos cuando puedo) sino cuando el texto, toro bravío, mariposa en descanso, bestezuela, se deja escribir. Los cuentos de esta colección surgieron paulatinamente y con los temas que se iban presentando, que se me iban desnudando, llegó la imagen de la portada. Era importante para mí mostrar un animal complejo, sus caras, si se quiere, como primer golpe; en anticipación.

Nunca que escribo algo creativo me planteo mi posición en el mundo ni mi geografía o nacionalidad.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Bestezuelas y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de dominicana o caribeña y su memoria personal de la literatura dentro de República Dominicana o fuera?

—Aunque debo admitir que escribir siempre se me dio con ligereza, no fue sino hasta que vine a vivir a Estados Unidos, y empecé a estudiar en la universidad, que descubrí esta pasión por la escritura que para mí ya es oxígeno. Nunca que escribo algo creativo me planteo mi posición en el mundo ni mi geografía o nacionalidad. Lo que sale, sale porque es parte de mí, de mi baúl. Sale de las cosas que me mueven el piso y, sobre todo, de mis miedos. Así que mis idiosincrasias, mis experiencias como caribeña, desplazada, inmigrante que extraña y que siempre regresa al terruño (que cada vez lo siente más distante), mis sueños, mi ignorancia, todo eso siempre termina colándose en el papel. Sólo puedo hablar en la lengua que conozco, aunque hable embustes (ficción).

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, docente, investigadora y escritora con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Hombre, quisiera pensar que sí, que puedo definir y cuantificar el avance y la madurez, pero, como la sanación, creo que eso no sucede en línea recta. La madurez en la escritura sin duda me la han brindado la práctica, la lectura, las amistades, las conexiones culturales, los viajes mismos; una visión más aguda y a la vez sublime del mundo y de los seres. Como mujer, el convivir con otra persona por años te hace cuestionarte y adaptarte y flexibilizarte y comprometerte y, para que la cosa fluya, evolucionar en acto y pensamiento y, coño, crecer (porque de otro modo, imposible); la maternidad, así mismo, me ha traído otra perspectiva de la humanidad, me ha regalado otro tipo de sensibilidad, y miedo, mucho miedo. Sin embargo, ¡ahora es que falta mambo! Uno de los motivos por los que me fascina traducir es porque cada oración que transcribo en otra lengua me enseña algo nuevo (del idioma/la cultura de origen y a la cual quiero llevar el texto), me fuerza a tomar decisión tras decisión y eso es sumamente retador. Ese tipo de motivación, de cuestionamiento, me encanta. Y quiero pensar que tanto los éxitos como la cantidad incontable de metidas de pata me han hecho crecer, y ojalá que para bien, como persona.

“Bestezuelas”, de Kianny N. Antigua
Bestezuelas, de Kianny N. Antigua (Isla Negra, 2021). Disponible en la web de la editorial

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritora?

—Me siento hiperdichosa de formar parte de una generación que abre los ojos, que busca su voz, que grita, que entiende que la multiculturalidad es inminente, necesaria para el desarrollo literario, que ya no somos sólo islas ni podemos seguir aislados. En República Dominicana percibo una sed cultural y literaria, jóvenes que, amén las astronómicas barreras y dificultades, se educan y buscan formas de expandir sus mundos a través de la literatura y las artes. Veo mucho talento. Aquí en Estados Unidos existe una hermandad que traspasa las nacionalidades y las etiquetas. Hay ganas y eso me place, me llena de gozo.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la literatura en y desde Estados Unidos. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?

—Cuando empecé a escribir, hace ya más de veinte años, no sabía que existiera un mercado en español en Estados Unidos. Así que empecé a explorar enviando cuentos a premios literarios en República Dominicana. Luego empiezo a codearme con escritoras y escritores de este lado del charco y empiezan a pedirme textos para antologías. Veintitrés años después, el trabajo literario que se produce aquí en español continúa tratando de abrirse camino a pasos de tortuga, ¡aunque con garras! Hay editoriales independientes que creen en el valor de nuestro trabajo y en lo que, en nuestras lenguas, tenemos que contar. Sin embargo, por lo general, los textos primero se validan en inglés y luego se traducen al español, not the other way around.

—Sé que es usted de República Dominicana. ¿Se considera una escritora dominicana o no? O, más bien, una escritora, sea ésta dominicana o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Me considero escritora, de nacionalidad dominicana, caribeña, ciudadana estadounidense, con residencia en un monte colorido, que sueña con echar raíces en cualquier lugar, sin éxito (o quizás, una escritora “que, como las llamas, se eleva y echa raíces en el viento”). Y sí, en efecto, un día soy y el otro me siento, why not?

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en el sistema universitario de la ciudad de Nueva York?

—¡Todo eso se integra solo! Como menciono anteriormente, todo lo que soy sale, incluso si me lo invento.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por el sistema universitario de la ciudad de Nueva York? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Estados Unidos hoy?

—La universidad en Estados Unidos (en Nueva York) me expuso a una variedad de culturas, de gente que de otro modo jamás. Tanta riqueza me inundó la curiosidad y por ende la página. Mis experiencias universitarias, como estudiante y como docente, me siguen llenando el estómago de picaflores (o de buitres). Viéndolo desde otra perspectiva, mucho más pragmática, enseñar, corregir, investigar, traducir, limpiar la casa y lavar la ropa, recoger y llevar a mi hija para todos lados, ir al gimnasio, cocinar y fregar, y escribir y leer, son actos de rebeldía y revolución infinita.

Los temas, ah, los temas, esos los escribo sin pensar a quién les puedan gustar.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—A medida que el nombre de un escritor empieza a repetirse, la gente tiende a interesarse; eso le abre la puerta al texto y luego el texto habla por sí mismo. Creo que, por ese lado, he tenido suerte. Los temas, ah, los temas, esos los escribo sin pensar a quién les puedan gustar. Quienes leen buscan sus temas. A mí me atrae la literatura fastidiosa, la que te hace ver la mugre, los sótanos humanos; la que te hace cuestionar tu lugar en el mundo, tus posiciones, tu sanidad, tu bondad misma. Creo que, independientemente de cómo me acerque a estos temas, y del género en que los escriba, al final el meollo es el mismo, la metáfora, las alusiones, terminan descifrando lo mismo: quién soy, quién quiero ser, quién puedo llegar a ser (esto aludiendo a quien lee). Quiénes somos. Ahora bien, y que por favor conste, que jamás he percibido la literatura como un acto didáctico, ni siquiera y mucho menos la infantil; lo que sí debe haber es un cuento debajo del cuento, incluso y sobre todas las cosas, en la literatura infantil.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Muchos, ¡afortunadamente! En imprenta, un libro infantil titulado Kiara se muda a barrio nuevo / Kiara Moves to a New Neighborhood (Lightswitch Learning); Bestezuelas, viene tanto en inglés como en italiano; acabo de escribir una novela infantil y de traducir el libro Comunidad como rebelión, de la académica Lorgia García Peña. Y, en este momento, estoy traduciendo una novela de la inmensa Elizabeth Acevedo, que me tiene tan amarrada que, cuando no estoy traduciendo, estoy escuchando otra de sus novelas en un audiolibro.