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Jorge Franco, autor de Rosario Tijeras:
“Cada libro le habla al lector de una manera única”

viernes 18 de noviembre de 2022
Jorge Franco
Jorge Franco: “Colombia, como todas las sociedades del mundo, seguirá contándose también a través de su arte”. Pablo Salgado

El escritor colombiano Jorge Franco, ganador el año 2000 del premio Dashiell Hammett por su novela Rosario Tijeras, llevada posteriormente al cine, fue el invitado de la Tuitentrevista de la sexta edición del Nero Giallo, encuentro dedicado al género negro celebrado el 16 y 17 de noviembre, bajo la organización de los centros del Instituto Cervantes de Roma, Mánchester, Milán y Nápoles.

La Tuitentrevista es un formato ya usual en estos encuentros: tanto las preguntas como las respuestas se hacen en la red social Twitter para que puedan ser leídas en directo por los seguidores del autor y del encuentro. Este año la Tuitentrevista estuvo a cargo de la periodista Ileana Bolívar, de la revista colombiana Libros & Letras, y del escritor Jorge Gómez Jiménez, de la venezolana Letralia.

Jorge Franco (Medellín, 1962) se dio a conocer a nivel internacional con Rosario Tijeras, pero ha publicado además Paraíso Travel (2001), Melodrama (2006), Santa suerte (2010) y El mundo de afuera (2014), con la que obtuvo el Premio Alfaguara. Su novela más reciente es El cielo a tiros (2018). La entrevista puede verse en su formato original haciendo clic aquí.

 


 

“Rosario Tijeras”, de Jorge Franco
Rosario Tijeras, publicada en 1999, le dio una temprana proyección internacional al escritor colombiano Jorge Franco y le mereció el premio Dashiell Hammett. Disponible en Amazon

—La mujer tiene un papel preponderante en su obra, algo que se aprecia en novelas como Rosario Tijeras y Santa suerte. ¿Qué desafíos representa para usted la escritura de personajes femeninos?

—A mí se me facilita la escritura de personajes femeninos. He crecido y vivido siempre rodeado de mujeres en mi familia y he podido acercarme sin prejuicios a la psicología femenina. El desafío surge en el intento de no defraudar a ese mundo femenino que me ha rodeado, que las mujeres de mis historias parezcan mujeres de carne y hueso y que también mi sensibilidad femenina me permita crear personajes verosímiles.

—En novelas como Rosario Tijeras, El mundo de afuera y El cielo a tiros ha venido narrando la época dura del narcotráfico en Colombia, que ha dejado muertos, crímenes, venganzas y desesperanza. Como sociedad, ¿cómo cree que se ha superado este momento de la historia, aun sabiendo que no ha terminado?

—Colombia no ha superado ese momento y mientras la droga sea parte de un comercio ilegal la situación no se superará. Ha habido avances, particularmente en Medellín, donde el impacto fue más fuerte, pero todavía hay muchas tareas pendientes, con el agravante de que el narcotráfico está más vivo que nunca en Colombia.

—Dos importantes galardones, el Dashiell Hammett y el Alfaguara, han reconocido su trabajo literario. ¿Cuál es su valoración respecto a los premios?

—Hace muchos años, cuando tomé un taller de escritura con Manuel Mejía Vallejo, lo oí decir que los premios dicen mucho y no dicen nada a la vez. Al comienzo no entendí muy bien sus palabras, pero luego, cuando llegué a ganar premios lo fui entendiendo. Para mí un premio es un estímulo, un gesto de confianza, una certeza de que se están haciendo bien las cosas; sin embargo, un premio no garantiza nada para los siguientes trabajos, no garantiza una excelencia literaria de por vida. Por el contrario, genera más expectativas por parte de los lectores y mayores desafíos para el escritor. El ganador de un premio está casi obligado a demostrar y continuar con el supuesto valor literario de su obra.

—Parte de su obra posee tintes de la novela negra, ¿cuál es su relación con el género?

—La verdad es que nunca escribo en función del género literario. Siento que algunos de mis libros han ingresado al catálogo de la novela negra por accidente, por coincidencias con el género. Yo mismo me sorprendí mucho cuando Rosario Tijeras ganó el Dashiell Hammett. Nunca la vi como una novela negra, pero finalmente son los lectores los que definen una obra.

Rosario Tijeras lo dio a conocer muy temprano más allá de las fronteras de su país y fue traducida a más de quince idiomas. ¿Puede contarnos alguna experiencia que recuerde en especial con lectores no colombianos?

—Me llamó la atención al comienzo que la novela fue percibida por algunos lectores extranjeros como una prolongación del realismo mágico. Lo decían por la descripción de situaciones reales que parecían inventadas, como por ejemplo, cuando Rosario hierve las balas en agua bendita, o cuando se menciona una mausoleo que tiene música sonando las veinticuatro horas. Lo cierto es que nuestra realidad es tan absurda y exagerada que parece inventada.

—¿Ha sabido la literatura colombiana narrar la historia de la violencia colombiana?

—Sí, definitivamente. Hay grandes obras de esa violencia de mediados del siglo pasado. La Violencia, con mayúscula. Y poco a poco han surgido obras muy buenas que cuentan las violencias más recientes. Colombia, como todas las sociedades del mundo, seguirá contándose también a través de su arte.

—¿Cómo es traducir una obra de Jorge Franco, que no rehúye el empleo de modismos regionales en su discurso? ¿Tiene usted algún tipo de interacción con quienes traducen sus obras a otros idiomas?

—En algunos casos ha habido interacción con los traductores. Por lo general todos dominan el español pero no están al tanto de los modismos locales, y me han pedido precisar algunos términos. En otros casos, los traductores no se han puesto en contacto. Entiendo que algunos hacen consultas sobre los modismos pero no necesariamente con el autor. Esas traducciones son un acto de fe porque uno como autor no tiene el conocimiento de los otros idiomas para verificarlas.

La investigación me sirve para darme confianza sobre los temas que trato pero no olvido que mis escritos son ficción.

—¿De qué manera se nutre para empezar a investigar un hecho real y llevarlo a la ficción?

—Echo mano de todo, de lo que sale en la prensa, de lo que aparece en Internet, de personas conocedoras de los temas que escribo; casi siempre viajo a los lugares que cuento en mis historias, observo, analizo, percibo, converso con la gente. Me gusta aclarar que la investigación me sirve para darme confianza sobre los temas que trato pero no olvido que mis escritos son ficción, y procuro que la investigación no contamine ni le quite naturalidad a esas historias que terminan siendo, como corresponde, ficción pura.

—¿Cómo influyó en su estilo su paso por la formación cinematográfica?

—Tal vez mucho, pero incluso no tanto por mis estudios de cine como por pertenecer ya a una generación altamente influenciada por los medios audiovisuales. He sido adicto al cine desde muy niño y seguramente toda esa información visual está enquistada en mi inconsciente. Al momento de inventar historias, la trama hace un contacto misterioso con esa información visual almacenada. A fin de cuentas el cine y la literatura coinciden en un propósito: contar historias.

—Usted ha dicho que le interesa que las nuevas generaciones conozcan lo que la guerra del narcotráfico le ha dejado a la sociedad, una de las razones por las que ha escrito varios libros. Pero, ¿cree que los jóvenes son conscientes de esa realidad? ¿Cómo ha contribuido su literatura a desmitificar ciertos “héroes”?

—No sé si esas historias sobre narcotráfico puedan servir para algo. La gente lee muy poco y, además, tiene mucha más fuerza en nuestro medio la manera como las cuentan en televisión, por ejemplo, o la misma tradición oral popular sobre esas situaciones y esos personajes. Lo que es claro es que la humanidad aprende muy poco de los errores del pasado. Hoy en día hay una percepción de la realidad en la que la literatura no ha ejercido ninguna influencia. Son las redes sociales las que divulgan esa percepción, casi siempre manipulada por personas muy hábiles que se aprovechan de la idiotez humana.

—¿Nos hemos acostumbrado a vivir ante el horror?

—Tristemente sí. No sólo en Colombia sino también en el mundo entero. Como humanidad hemos superado muchas cosas, incluyendo muchos prejuicios. No tengo dudas de que el mundo ahora es mejor que antes; sin embargo, seguimos siendo primates en un solo aspecto: la violencia.

“El cielo a tiros”, de Jorge Franco
El cielo a tiros (Alfaguara, 2018), la novela más reciente de Jorge Franco. Disponible en Amazon

—Más allá de Gabriel García Márquez, ¿qué otros autores colombianos debería conocer, a su juicio, el lector no colombiano? ¿A quiénes nos recomienda?

—Hay varios reconocidos que tienen una obra importante, digna de ser leída y publicada en otros países, aunque muchos de ellos han logrado traspasar las fronteras. Tomás González, Fernando Vallejo, Germán Espinosa, Pilar Quintana, Laura Restrepo, Ricardo Silva; en fin, la lista es larga y en toda lista siempre faltan nombres. Siento que la tradición literaria en Colombia sigue siendo muy sólida y reconocida.

—¿Qué otro episodio de la realidad colombiana le gustaría llevar a la ficción y por qué?

—En los últimos años me he sentido más tentado a contar universos más íntimos, que por eso no dejan de ser importantes. Por ejemplo, creo que las familias disfuncionales han sido el semillero de buena parte de nuestros problemas sociales. Las “tragedias” más personales (no quiero decir autobiográficas) suelen ser el espejo de asuntos más generales en toda cultura.

—¿Puede contarnos cómo es su rutina al escribir? ¿Lo hace siguiendo un horario o escribe en el momento en que se le presentan las ideas?

—Intento seguir un horario, casi siempre escribo en las tardes, unas cinco horas. Como también estoy desarrollando otros proyectos audiovisuales, trabajo también en las mañanas, aunque prefiero dejar las tardes para la literatura. Creo mucho en la disciplina y en el ritmo de escritura, por eso trato de escribir todos los días.

—¿Qué libros del género negro nos puede recomendar?

—Como les comenté, el género negro no es mi fuerte, pero he leído algunos libros maravillosos. Recomiendo en especial los libros de Raymond Chandler, Patricia Highsmith y la trilogía de Stieg Larsson.

—¿Qué tiene su obra que decirle al lector colombiano?

—Es difícil saberlo porque cada libro le habla al lector de una manera única. Cuando un lector está leyendo un libro mío, yo soy un extraño en esa relación. La prueba está en que un libro le puede encantar a alguien y ser detestado por otro lector. Mi intención al escribir no ha sido cambiar el pensamiento de un lector, ni su percepción de la realidad ni convencer, ni denigrar, ni denunciar. Mi intención al escribir es, ante todo, literaria. Tratar de contar bien una historia, y de hacer emocionar al lector no tanto por el contenido sino por la forma como está escrita.

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