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Su poemario Trazos límbicos quiere reflejar las huellas de las experiencias
Luis Lira Ochoa y la palabra que nos hace humanos

domingo 26 de noviembre de 2023
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Luis Lira Ochoa
Luis Lira Ochoa: “Es importante que el humano se reconozca como tal y sea capaz de salir de la cotidianidad tóxica de lo necesario, de lo estrictamente material”.

La poesía, como espejo del alma humana, encuentra en Trazos límbicos, obra del autor venezolano Luis Lira Ochoa, un reflejo íntimo de vivencias transformadas en versos. Este poemario, gestado a lo largo de dos décadas, trasciende la mera expresión artística para adentrarse en la amalgama de emociones, recuerdos y reflexiones que configuran la existencia humana. La singularidad de este libro radica en su capacidad para fusionar lo cotidiano con lo trascendental, explorando desde la mirada del autor una poética que invita a la introspección y a la crítica reflexiva sobre la condición humana.

Conversamos con Lira Ochoa para explorar junto con él los motivos, las experiencias y las inspiraciones que dieron vida a esta obra. A través de sus respuestas, el autor revela no sólo el proceso de creación de su libro, sino también los matices íntimos que lo convierten en una lectura enriquecedora y relevante para aquellos ávidos de explorar la poesía como un espejo de la existencia y las emociones humanas.

Este profesional de la medicina nació en Pariaguán, estado Anzoátegui, en 1965. Es médico psiquiatra egresado de la Universidad Central de Venezuela. Fue profesor asistente de Psicopatología en la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos. Creó el Servicio de Psiquiatría del Hospital Los Samanes, en Maracay, donde ejerció por diez años, y en la actualidad dirige el Hospital Universitario de Caracas. Ha participado en diversos concursos literarios y es articulista de opinión en el diario Ciudad CCS.

 

Lee también en Letralia: reseña de Trazos límbicos, de Luis Lira Ochoa, por Alberto Hernández.

Luis Lira Ochoa y la oportunidad de la poesía

Tu libro Trazos límbicos contiene poemas que se gestaron a lo largo de dos décadas. ¿Qué te llevó a decidir que era el momento adecuado para reunirlos en un libro y compartirlos con el mundo?

Siempre tuve admiración por los libros y por quienes los escriben; eso me llevó a pensar que algún día debía escribir uno y publicar. Cuando comencé a escribir algunos textos y poemas, amigos y en particular un hermano, me preguntaban: “¿Cuándo vas a publicar?”. Lamentablemente no sucedió, pasaron años y hubo un instante en el que enfrentaba la angustia de la enfermedad y la muerte cuando me hospitalizaron por Covid-19 en el año 2020, que pensé que había perdido un tiempo valioso y que quizás mis amigos y familiares tuvieron razón y debí atreverme a publicar. Tomé la decisión de superar ese miedo egoísta que arropa al autor una vez que logra una buena página y dejar de pensar en lo perfecto. Creí que era buen momento para darle a mis poemas la oportunidad de enfrentarse a la pupila curiosa del mundo y dejar de protegerlos. Así comencé a buscar libretas, juntar carpetas y papeles hasta que estuve conforme con por lo menos ochenta textos que luego reduje tratando de mantener un mínimo de coherencia y rigor con la estética. Así me decidí, por miedo profundo a lo que podía ser el desenlace de aquel momento de mi vida en el que estuve convaleciente.

 

“Trazos límbicos”, de Luis Lira Ochoa
Trazos límbicos, de Luis Lira Ochoa (Ediciones Ko’eyú, 2023). Disponible en Amazon

Sabemos que la inspiración para este libro vino de tus experiencias íntimas. ¿Puedes hablarnos un poco más sobre la relación entre tus vivencias personales y la poesía que encontramos en Trazos límbicos?

El ser humano en tanto un ser social va ampliando su horizonte de relaciones y experiencias en la medida que crece y se desarrolla. El libro de alguna manera recoge vivencias que me marcaron o que marcaron a alguien de mi entorno, por la emoción que generaron. El cerebro y sus millones de células van guardando esas experiencias y la huella que dejan marca, particularmente por los sentimientos y emociones que disparan en algunas áreas, como por ejemplo en el cerebro límbico, que es el recinto y la caja de resonancia de recuerdos y emociones. Poemas muy cortos que son capaces de transmitir un secreto a la razón, pero que además generan una emoción, son particularmente interesantes, o los que encuentran en la sección “Miedos” que te trasladan directamente a esa emoción en lo personal, pero fácilmente identificable en la otredad del ambiente que circunda. En esencia son las vivencias y la emocionalidad que generan lo que construye el relato del lenguaje poético sugerido en Trazos límbicos.

 

En el libro exploras temas que van desde la vida sana hasta el amor. ¿Cómo encuentras la conexión entre estos temas en tu poesía y qué mensaje buscas transmitir a tus lectores?

Cada poema trabaja un tema, que a su vez puede ser varios temas, pero en esencia es el ser humano y su mundo consciente e inconsciente lo que se encuentra a lo largo de esta propuesta poética. El ser, el trascender, el encuentro de dos, lo sugestivo del amor, la amistad, alucinar mientras se despierta o mientras se queda uno dormido, todo eso forma parte del ser humano que somos. Es importante que el humano se reconozca como tal y sea capaz de salir de la cotidianidad tóxica de lo necesario, de lo estrictamente material. Hay una espiritualidad que es importante reconocer para hacer un poco mejor la vida y el mundo que nos tocó. Creo interesante que sepamos que aún tenemos oportunidad de crecer como seres humanos, superar la llamada sociedad del cansancio, la llamada sociedad positiva de la autoexplotación. El ser humano mientras se encuentre sobre esta tierra tiene oportunidad de descubrir caminos de encuentro y crecimiento personal y social; así lo creo, y si aprovecha la palabra, el arte en sus distintas formas, entonces siempre será para mejorar.

 

Trazos límbicos y la fuerza mágica de la palabra

La estructura de tu libro se divide en cinco estaciones. ¿Puedes explicarnos cómo decidiste organizar los poemas de esta manera? ¿Qué encontrará el lector a lo largo de estas secciones?

El trabajo más arduo fue encontrar en montones de papeles sueltos un grupo de textos decentes que se pudieran mostrar; una vez logrado eso, me atreví a corregir e incluso reescribir para estar seguro de que serían poemas, sin ser nada jactancioso; poemas para mí y para otros. En el texto “Presentación” de alguna manera se delata el secreto del libro cuando expresa que son impulsos que pretenden decir; luego “Trazos límbicos” recoge esos impulsos trasmutados en palabras que generan emociones similares o distintas de acuerdo al sujeto lector y al momento que ese lector vive durante su lectura. Sentimientos y emociones fuertes, menos fuertes, bonitos o toscos, se encuentran en esa sección que trabaja algunos mensajes y emociones conscientes e inconscientes o de sueños. La sección “Versos robados” es otro impulso interesante, en la que se trabaja como realización de un deseo y que al racionalizarse permite tomar unas líneas de otro poeta y dar continuidad dejando deslizar las palabras de tal manera que jueguen con esa continuidad y al final sean un solo cuerpo; es una sección que me gusta y trabajé con respeto. En la tercera sección, “Narcisista”, encuentras algunos elementos que, de acuerdo a lo que creo, generan el narcisismo del hombre y su autoidolatría; con algo de sonoridad distinta, un poco de humor intento decir que los seres humanos debemos mirar ese pedazo de nuestra historia y estar pendientes del devenir que allí se encierra. La cuarta sección, llamada “Miedos”, son poemas cortos que trabajan esa emoción que para muchos es negativa, pero que hoy sabemos que no siempre lo es, y cómo de forma irracional puede estructurarse en la mente un supramensaje derivado de un instante de vida, de una imagen o de un pequeño recuerdo o huella mnémica. Es quizás la sección que más directamente se encuentra incrustada en el cerebro límbico.

La última sección, “Otros”, contiene dos poemas escritos hace tiempo y que no están enmarcados exactamente dentro de la idea original del libro, pero que no quise dejar fuera. “Lector” es homenaje a varios poetas sobre los que siempre vuelvo, como Palomares o Gustavo Pereira, y “Homenaje” lo hice cuando murió Mario Benedetti. Creo que se salvan del olvido y el extravío al incluirse con dignidad en este trabajo.

 

Algunos de tus poemas hacen referencia a elementos de la naturaleza —árboles, frutas, animales, el clima— que con frecuencia describes con admiración. ¿Puedes hablarnos de la importancia de la naturaleza en tu poesía?

Estamos inmersos en la naturaleza y vivimos en ella. Es importante que no se tome esto con la ligereza de quienes relacionan la naturaleza sólo con lo verde; hay mucho de natural y naturaleza escondido en el cemento y el concreto de la ciudad, pero para quienes, como yo, tuvimos el privilegio de nacer en Venezuela y disfrutar su biodiversidad, es imposible abstraerse de ella. En este trabajo muchas imágenes, metáforas de la vida consciente e inconsciente expresada en el texto, están por supuesto marcadas por las experiencias heredadas de la vida dentro de nichos o microsistemas naturales. El verdor de la Cordillera de la Costa de toda la infancia, la forma como el Orinoco es capaz de llenarle los ojos a un médico rural, la brisa en la cara en cualquiera de nuestras playas, son experiencias reales que van tomando espacio en el sistema encargado de guardar y proteger la memoria. La naturaleza, real o hecha recuerdo, camina sola y estructura palabras que fácilmente pueden convertirse en versos dentro de mis poemas.

La naturaleza humana, social y por supuesto la propiamente ecológica, atraviesan toda la propuesta y son parte de la exploración y registro que se guardan como imágenes fotográficas y quedaron cuan impronta en la memoria, y que en momento de angustia o de sosiego son capaces de aflorar a través de la palabra.

 

En uno de tus poemas, una suerte de arte poética, escribes: “La palabra / sonrojada / se desliza a los sueños / tímida / se asoma a los ojos / para nombrar”. En otro hablas de derrota: “La hoja en blanco / se jacta / de haber derrotado al poeta”. ¿Cómo es para Luis Lira Ochoa abordar su pensamiento y sus vivencias a través de la palabra?

La palabra es mágica, tiene mucha fuerza. Es un hecho cierto de la evolución; no es una variable, un dato. Antes de la palabra éramos diferentes; así queda expresado en uno de los poemas de la sección “Narcisista”: “tengo la magia / la palabra…”. Es decir, somos seres humanos como nos reconocemos hoy día gracias a ese elemento estructurante de lo humano actual, la palabra. Gracias a ella no sólo podemos conectarnos en este momento de la posverdad con lo externo a nosotros, sino que con ella traemos al consciente todo un mundo tan grande como el que podemos mirar, llamado el inconsciente. La palabra conecta y comunica en el marco de lo conocido, pero además permite que guardemos o compartamos muchas vivencias desde lo simbólico, lo que representa otro elemento sustantivo. Mis pensamientos y vivencias existen gracias a lo que la palabra me permite nombrar o relatar de forma directa, pero sobre todo de manera sugerida, y por ese elemento se logra hacer poesía. Con buenas y malas palabras, a decir de Ángel Rosenblat uno puede explorar la cotidianidad, pero también lo imaginario y la espiritualidad de la gente. En eso creo, en la palabra como significante. Y que sólo a veces nos damos cuenta de que puede tener vida propia.

 

La literatura y la psicología se encuentran en lo humano, además ambas tienen a la palabra como un instrumento fiel en sus exploraciones del ser.

“El mejor proyecto literario para mí será seguir leyendo y aprendiendo”

Como autor de poesía, psiquiatra y también profesor de Psicopatología, ¿cómo ves la intersección entre la literatura y la psicología en tu vida y en tu obra?

La literatura y la psicología atraviesan mi vida y esta obra. La literatura y la psicología se encuentran en lo humano, además ambas tienen a la palabra como un instrumento fiel en sus exploraciones del ser. A lo largo de mi vida, desde niño, incluso cuando mamá, mientras cocinaba, me enseñaba a leer, la palabra iniciaba su trabajo y la literatura infantil otro tanto; como rayo fugaz se entrecruzaba con ellos el elemento psicológico dejando su impronta afectiva en ese vínculo materno filial. Eso fue una constante en mi vida, en la adolescencia de lecturas y amores, en el joven universitario de talleres literarios y encuentros humanos; creo que ha habido un paralelismo y cruce permanente. La literatura permitiéndome explorar mundos reales y ficticios a través de propuestas discursivas siempre interesantes hechas de vida, y el elemento psicológico ayudándome a conocer con elementos científicos y válidos mi propio mundo interno y externo, marcando mi individuación y marcando la importancia de la relación con los otros para de alguna manera llegar a conocer. Es parecido a lo que sucede en estos textos, cabalgan juntos arte y psicología, literatura y psicología cruzando todo el libro en cada trazo y cargando cada poema con su esencia.

Cada poema contiene una propuesta literaria que deja su marca y es cruzado con fuerza por un elemento que viene del componente psíquico no siempre racional, no siempre estructurado, pero generalmente congruente con la emoción que quiere movilizar o el secreto que quiere develar.

 

Nos gustaría saber de tus proyectos literarios. ¿Puedes adelantarnos algo sobre lo que podemos esperar de Luis Lira Ochoa?

Me mantendré explorando los laberintos de la palabra, algunos elementos relacionados con mi forma de escribir que unos amigos me han señalado y creo que son pertinentes. En el horizonte próximo está un nuevo libro de poemas, más al estilo de una elegía que está en proceso de corrección para su publicación y que se llamará La isla que fuiste.

El mejor proyecto literario para mí será seguir leyendo y aprendiendo de quienes de verdad saben de este oficio puro…

Letralia

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