“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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La 225, la AP 7 y el Box no. 7
(reflexiones en torno a un nuevo libro de Cristina Peri Rossi)

miércoles 27 de julio de 2016

Cristina Peri Rossi

Ediciones Cálamo acaba de publicar un nuevo poemario de la escritora Cristina Peri Rossi; de algún modo un libro replicante en sí mismo, como esos amores que se resucitan el uno en el otro y al que la autora se refiere como “…una cadena de biografías de amor / llena de espectros / que conducen de una mujer a otra / como los afluentes de un río / que va a dar al mar / que por supuesto, es el morir”. Así también este libro va a dar a otros anteriores, extiende vasos comunicantes con esas constantes poéticas con las que su yo hablante nos ha seducido desde los tiempos de Evohé, libro semillero.

Si nos adentramos en Las replicantes, que no de otro modo se llama el poemario, seremos bienvenidos por las evocaciones de antiguos amores (¿o será por siempre el mismo, venerable eros bajo cualquiera de sus apariencias?). Hay un referente: Calella de Palafrugell, pero este es un lugar de recurrencia (se nos insinúa luego en el poema “Peix Fregit”), aunque la habitación es única: la número 225 del hotel La Torre, así como la pervivencia de ciertos fantasmas en torno a ella: Durell y un amor ligado al agua, “un enorme mascarón de proa”, “la fantasma que la mar me regaló”. Pero no creáis, lector, que vas a ser mecido todo el tiempo por las olas y contemplar plenilunios: muy pronto rebotarás hacia el borde de la carretera AP 7, donde veinte prostitutas buscan su clientela “bajo los despiadados rayos del sol de agosto”. Son “postes ambulantes / esperando a las cigüeñas”, replicantes que difícilmente podrán experimentar la intimidad de una habitación como la de Calella y construir, recuerdo a recuerdo, una historia de emotiva exclusividad.

¿Pero qué relaciona, además de la oposición intimidad-intemperie, los amores que se mecen en las barcas con las vendedoras de efímeros placeres en la autopista? “Al fin / aprendí la lección: / no preguntes nunca quién es aquella / a quien deseas / no esperes ninguna revelación de identidad: / ama a tus fantasmas…”. No esperar ninguna revelación de identidad, ¿no es contrario a los fundamentos sobre los que se ha levantado nuestra epistemología del amor? ¿Acaso lo que la escritora privilegie sea el ritual, “los abalorios de la religión del amor” que son las palabras? “Palabras de una delicada orfebrería sensitiva”, canciones de cortejo como las que cantan las ballenas, que hablan de esa re-creación de la emoción a través de la lengua —una lengua viva, hecha a la medida del cuerpo y su territorialidad. O quizá lo privilegiado sea una disposición a filosofar, el intento de airear las contradicciones. Por ello tal vez haya escrito el poema “Neoplatónicos”, donde encontramos esa dualidad deviniendo respuesta: “…y no era el alcohol ni tu cuerpo / ni una droga cualquiera / sino el vislumbre de la eternidad”. Y luego la otra cara de la moneda: “No soy neoplatónica. / Nunca pude pasar del amor a la belleza / de un cuerpo / al amor a su espíritu. / Me quedé siempre en el pubis / en los lunares en los cabellos / en los senos…”.

Las replicantes es un libro pleno de experiencias vitales con las que la autora ha ido llenando esas páginas en blanco que trajera en su vieja maleta desde Montevideo a Europa.  

Mención aparte merecen los poemas de la enfermedad del cuerpo, con sus matices diferentes a los de los trastornos del amor. Desde una cama de hospital y no de hotel, las percepciones se transforman, se establecen diferentes maneras de relación (más reales que las de Twitter, “…una basura / si ni siquiera sirve para ligar”). Persisten en la convalecencia el humor y esa incisiva ironía con que Peri Rossi matiza la voz de su alter ego poético, y se acentúan la necesidad de afecto y de encontrar un pensamiento real, que sirva para encarar lo indefenso del cuerpo frente a sus quebraduras. “Y además le he tomado cariño al box no. 7, / a la anciana que ve bailar bichitos en el techo / y al médico joven que quisiera ser novelista”.

Las replicantes es un libro pleno de experiencias vitales con las que la autora ha ido llenando esas páginas en blanco que trajera en su vieja maleta desde Montevideo a Europa, sin saber que iba a fundar uno de los más pródigos exilios para bien de la literatura. De una presencia autónoma, ha sabido defender una sensibilidad a contracorriente, siendo fiel a las constantes imaginarias de su obra, reforzadas en este libro por una mirada compasiva sobre el destino humano y su condición mortal, redimida por el afecto y una nada pretenciosa lucidez. “El verdadero límite es la muerte / y viaja en barco / en tren a caballo / en góndola en piedra en bomba / en cuchillo en células malignas / a mi pesar / a tu pesar”. Pero del lado de acá sigue la vida, y para hablar de sus bondades, sus pequeñeces, sus miserias y sus revelaciones, tenemos a Cristina Peri Rossi, una escritora que sin lugar a dudas no tiene réplica.

María Cristina Fernández