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Metáforas sobre la luna, de Abraham Salas
La escritura en proceso de transformación en la poesía venezolana actual

miércoles 19 de septiembre de 2018
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Abraham Salas

I

Los procesos de construcción del texto literario, en el campo de la cultura escrita, tienden caminos inusitados que vale la pena recorrer y estudiar. Hacerlo es mostrar, sobre el ocultamiento espontáneo de la naturaleza de la escritura, campos de sentido que muestran otros rostros, otras dinámicas, siempre difusas y cambiantes, transformadas en interpretación en la conciencia del lector. Sin ese aporte crítico, necesario para la compresión de la producción literaria actual, el panorama de las lecturas posibles de una obra se ve reducido a un vuelo distante, superficial, descriptivo y abstracto que no revela los planos de espesor de esa escritura. Metáforas sobre la luna, del escritor Abraham Salas —texto de la última cosecha literaria de la Venezuela de estos días, recientemente publicado en los Estados Unidos de América por la editorial Aire Publishing—, vendría a verificar la concreción de una conformación textual que plantea una propuesta estética particular, expresiva de los densos rumbos escriturales a conocer y mostrar en estos tiempos.

 

II

La fuerza poética axial que atraviesa, amalgama y da unidad convergente a toda la marcha intratextual de la obra para sellarla pragmáticamente en su posibilidad de ser un mensaje de sentido unificado lanzado al universo del lector y ser descifrado desde allí, es la estrategia de proyectar un tipo de discurso articulado en una fórmula que logra encabalgar, unificándolos en una suerte de hibridez de modos textuales, los dos niveles de escritura que discurren oscilando, alejándose y acercándose en nudos que revelan ese encuentro dialógico establecido entre las funciones poéticas y narrativas de Metáforas sobre la luna.

Este descubrimiento de estos modos, narrativos y poéticos, alternándose simultánea y sucesivamente en el nivel significativo de la forma, actuando siempre en beneficio de la unidad de sentido del texto, es lo que permite comprender el aparente encabalgamiento de funciones que se da en el núcleo expresivo de la escritura, invitando al lector a recomponer en su conciencia la intuición de estar en presencia de una escritura novedosa que llega a conformar el correlato anverso de las propuestas estéticas de escritores que, como José Antonio Ramos Sucre, desarrollaron hasta sus mayores posibilidades las propuestas formales de la prosa poética (relatos, sueños, memorias destilando el sentido poético de la existencia). En el caso de Abraham Salas, la inversión se da en los términos de profundizar el sentido narrativo de la escritura, pero desde las formas iniciales de la representación gráfica, que recuerdan al lector un estado convencional de la función poética en la escritura como una manera transformadora de desalienar la conciencia del lector, al respecto de lograr recomponer e interpretar en su interioridad la función literaria que emite el mensaje del texto desde el juego de ocultamientos planteado como propuesta estética formal.

Se trata aquí de descentrar la función poética de la escritura de la conformación gráfica del “poema”, pero haciéndolo en modo narrativo. Lo vanguardista y audaz de su propuesta está en esa estrategia de descentramiento sutilmente hilada sobre el discurso, para indicarle al lector otras pautas de lecturas necesarias de la realidad, en las que el sentido poético-narrativo de su existencia como lector se recompone, unificando en su propia experiencia las vivencias, los sueños, las memorias y los relatos de sí mismo en un trasgresor acto volitivo de transformación de los modos de lectura impuestos por las convenciones. Modos narrativos y poéticos que para Abraham Salas convergen en un punto de fuga hacia otra realidad posible en el universo de los lectores.

Son las vivencias de un momento extraño de cualquier día fuera del tiempo, ocurriendo en ese otro lugar de la experiencia. Quizá dentro de ese sentido original por recuperar que busca su expresión y que en esencia no podrá tener un lugar de enunciación fuera de la voz que narra las posibilidades poéticas de la realidad, se realice el encuentro:

La vio sentada en sus pensamientos
contemplando el pasar de los transeúntes,
sin sospechar que se encontrarían en el tren,
aquella estación por donde él siempre pasaba
y que ella casualmente utilizaba para ir al yoga.

Como si un orden narrado, linealmente argumentado dentro de una lógica plana, diera la medida de la realidad pero alterando esa estructura consabida desde otro lugar: “sus pensamientos”. Ese desplazamiento extraño realiza, dentro del relato, la función metafórica de otro orden que ocurre simultáneamente dentro de las potencialidades del lenguaje, “la vio sentada en sus pensamientos”, una acción inconmensurable funcionando poéticamente dentro de otro contexto de sentido para explicar cómo pudiera ser esa otra realidad: ensoñación, recuerdos, memorias o posibilidades de existir fuera del tiempo y el espacio.

 

III

El análisis narratológico planteado, derivado del descubrimiento de las funciones estéticas que cumplen los modos poético-narrativos empleados como estrategia de descondicionamiento de las lecturas formalistas, en la escritura de Metáforas sobre la luna, deriva hacia otras áreas de interés que despierta el texto en su relación con los otros elementos del esquema: contexto cultural, emisor y receptor, concretamente articulados en sus funciones: mensaje, autor-escritor, lector y su relación histórica con la cultura y la sociedad actual, el carácter situacional que implica la producción de todo texto. A pesar de que el interés derivado del tono del estudio radica en el eje emisor-texto-receptor que hemos tratado y trataremos en las próximas líneas, no dejaremos para una futura intervención el problema del contexto cultural como objeto de estudio particular, que podrá ser abordado en algunas de sus funciones y consecuencias en esta ocasión.

Justamente sobre el texto y su función central: el mensaje literario vinculado axialmente al emisor y su función principal: ser autor-escritor, recae una de las potencialidades expresivas más relevantes junto a las que han sido tratadas hasta ahora y que devienen naturalmente del interés transformador que plantea Abraham Salas como estrategias desarrolladas en su propuesta escritural para lograr un efecto de cambio de percepción del receptor, en su función como lector, que productivamente completaría las potencialidades literarias del texto-mensaje, y son éstas las de generar una función alterna metadiscursiva que dé cuenta del desarrollo de un cambio significativo de la mirada de los otros que se descentra paulatinamente, a través del texto, de los convencionalismos que reducen, por ejemplo, la noción de literatura únicamente al plano estético-formalista vinculado a la tradición literaria occidental moderna. Esa función señalada sería la que elabora dentro del texto, como mensaje pragmático de Metáforas sobre la luna, un discurso elaborado como poética o teoría de la escritura que prefigura un acuerdo para una nueva propuesta estética visionaria, primordial y transformadora del ser, su relación poético-narrativa con la vida y la desocultación de otros horizontes de comprensión de planos polifónicos de la realidad por ver. Es en ese sentido que Abraham Salas nos informa de su actividad creadora en los siguientes términos:

Él está sentado escribiendo su relato,
sabe que las palabras aman los resplandores
dilatando los horizontes del alba,
inconmensurables sus ojos abiertos,
embestido por sus labios y la astronómica abertura de sus poros,
discapacitado para entender las proporciones,
los millones de túneles sobre su pecho
para atravesar hasta el comienzo del mundo
y es una ventana para llorar el infinito.
Las cosas alegres se desocultan en su mirada.

El escritor se incorpora así, intransitivamente, a su propia escritura, en un estado de contemplación de las palabras que la conforman y lo unen a la materialidad transfigurada del texto. El lector complementará en el afuera tempoespacial de su lectura circunstancial un otro destino que le permita integrarse a la expresión que lo alcanza como mensaje por descifrar. Se trata de un ciclo axial poético-narrativo abierto a la interpretación del fenómeno significado que comienza a presentarse en el horizonte, presentido desde la intuición:

Una construcción ilusoria de palabras
viniendo a veces de muy lejos
como atrofiada en las rocas encendidas
por donde fue filtrándose
hasta llegar a los ojos reconciliados con la praderas.
Todo viene de lejos partiendo el rústico frío de los silencios más sólidos.

Esta intuición, trasladada a la escritura, aflora como conciencia autorreflexiva en momentos particulares de Metáforas sobre la luna, como fundando de esta manera ese eje de conciencia despierta que atraviesa toda la ruta de la escritura hasta el final. Son momentos, diríase, metadiscursivos desde el punto de vista lingüístico y literario, pero con un valor agregado adicional que flota en su superficie delgada y epidérmica de significación textual ―esa frontera difusa del texto―, y es el de incorporar el descentramiento de la mirada crítica hacia otra área que contraviene la máxima greimasiana de que fuera del texto no hay salvación.

Esta consideración no es extraña al análisis, pues narratológicamente corresponde a la trascendencia que implica la presencia necesaria del lector en el mundo, incluyendo la relación del texto con la politicidad que dinámicamente siempre e ineluctablemente está incorporando el contexto cultural a la materialidad lingüística conformadora de la obra literaria, sin que esto la determine productivamente pues ciertamente el estado primordial que la origina deviene de un acto estético-volitivo del escritor. Pero en este caso la relación con el mundo vendría imbricada sutilmente por Abraham Salas al proceso de autorreferencialidad de la obra. Hallamos en eso la posibilidad de un principio de doble articulación de las funciones poético-narrativas metadiscursivas señaladas, abisagradas ahora a la función del lector en el mundo, su contexto cultural transformando y siendo transformado por Metáforas sobre la luna, como un problema de comunicación de una certeza:

¡Oh selva frondosa!
¿Por qué me dices cosas de sus manos tibias?
A veces las voces no humanas transitan el alma.
¿Cómo hacer extensivo los relatos sobre esto?
¿Cómo contar algo único e inmutable
si el significado de todo cambia por quien lo recibe?

Este mensaje es prohibido, hermana.
Es que los pájaros se arrastran sobre el cielo
y comunican para sembrar las frutas contigo (...)

Y más adelante interpela a los lectores a la acción, habitantes posibles de un mundo en proceso de transformación:

Una luz influye en las explicaciones,
es un canto que aparece para entregarte otros mundos.
Ustedes tendrán que verlos por sí mismos,
la explicación es un enigma.
Envío estas palabras para que otros rujan con libertad,
para dar testimonio de algo innato a la percepción humana.
A veces alguien te dicta minuciosamente sobre las moléculas
y escribes cabalgando la imaginación infantilmente prolija.
Hoy sólo sé que vengo a descarnarme frente a tus ojos,
a perder mi piel para mostrarte qué se esconde dentro de la tierra,
cómo hablan agudo las fuerzas sutiles que la resguardan (...)
Sé que intento abarcar con palabras el trance que veo en ti.

Apoteosis del texto ya sin vuelta atrás, siempre avanzando sobre la ruta propuesta como revelación de otros estados de conciencia necesarios sobre el presente y la presencia de otra humanidad, aporte posmoderno de la escritura sin utopías, ni relatos de salvación greimasiana, al encuentro con la inconmensurable realidad que queremos conocer:

Himnos escuchados a todo volumen,
la riqueza de las invenciones del alma,
las ilusiones humanas pierden el horizonte,
los contornos se vuelven una línea transparente
de tanta ceguera alucinada,
como si el ojo pudiese ocultar el éxtasis de la realidad directa.
Hay una cosa clara en ese día, pero es imposible de discutir, y es que las cuadrículas modernas son un jardín que ha perdido su historia:

“Tendremos que irnos a lo profundo del bosque
donde los ruidos ejecutados son obras de arte
haciéndonos pasar como espías y estetas de lo salvaje,
confundidos entre las hojas, entre la pigmentación de tantas almas juntas
agarrados de la mano admirando lo sensible de cada movimiento de las ramas.
A punto de besarnos y ser absorbidos por los espíritus en los caminos desnudos
recordé el mensaje de las montañas y te hablé sobre las rocas donde se inscribe la memoria de los tiempos y preferí continuar con la timidez de acercarme a tus labios,
todo pasando al mismo tiempo, una canción que suena con muchos instrumentos.

Abriendo el oído a la naturaleza que siempre guarda alfabetos sagrados,
las pistas que se forman a través de los pétalos caídos,
el viento que transporta un mapa de lo divino.
No hay comprobación científica,
el habla inmanente del amanecer relata sobre los elementales,
el transporte de las almas sin cuerpo, organizando la ubicación de las fuerzas sutiles en próximos destellos de vida acoplada”.

Sé que es una alucinación y sólo puedo decirte antes de besarte
—y seguir alucinando—, que las narraciones siempre se completan con la ayuda de quienes las intuyen con un corazón abierto.

 

IV

La obra literaria no tiene final constatable. Nunca se agota en las lecturas. Éstas abren mundos de otras lecturas posibles y deseadas sobre la obra y el mundo. La que precede es una de esas deseadas posibilidades del texto fuera de su aparente final. Cabe la posibilidad de otras. Como la del eterno femenino, una mujer sin nombre que fantasmagóricamente recorre Metáforas sobre la luna; un amor imposible, quizás (“...es tan agónico despertar de ese ensueño, comprender que no existen los relatos, que el viento la ha llevado lejos, tan rápido como apareció ese día”). Sería algo similar a la justificación de la posibilidad, en otro relato, de una hazaña heroica que creó la Ilíada para la posteridad ―mientras exista la humanidad—, solamente para decir de la belleza indescriptible de Helena. O la inconmensurable presencia del Aleph de Borges para nombrar en Beatriz Viterbo a una mujer sin nombre, un amor imposible.

José Antequera Ortiz

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