“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Nómadas somos todos, de Mario Castro Navarrete

domingo 21 de octubre de 2018

Mario Castro Navarrete

El sábado 29 de septiembre tuvo lugar, en los locales del Centro Educativo Sensus, de Estocolmo, un recital poético por la paz, la sostenibilidad del planeta y la justicia social en el mundo. El evento fue organizado por Sensus y las asociaciones Raíces y Kimun. Luis Enrique Morales, artista guatemalteco, presentó una exposición de pinturas que representan los números mayas desde el uno hasta el siete y a través de las cuales, explicó, la cuestión existencial del mestizaje.

Algunos países tienen políticas migratorias algo favorables, mientras que otros países han construido vallas y muros jurídicos para evitar el ingreso de inmigrantes.

En la actividad, Mario Castro Navarrete, poeta chileno, presentó su último poemario, Nómadas somos todos, una colección de poemas cortos en tres idiomas: español, italiano y rumano. El primer poema hace alusión justamente al título del libro y está escrito en siete idiomas. Este poema abre un sendero poético denunciando, de alguna manera, las posibles consecuencias para toda esa gente que escapa de las guerras, de los conflictos sociales, de la persecución, de la represión, de la miseria, etc.

Citaré dos estrofas de dicho poema:

El Viejo Continente provoca la emigración
los teutones con jolgorio a turcos recibió
hoy la llaman islámica invasión
y en pavoroso lío sucumbió

Es decir, es un poema que refleja un cuadro actual que se vive en Europa, tomando en cuenta la llegada de miles de inmigrantes de África y Oriente Medio a países desarrollados del Viejo Continente, un fenómeno que ha generado un sinfín de problemas en los países receptores que, además, atraviesan una difícil situación económica. La falta de programas efectivos ante esta realidad ha provocado tensiones entre los países europeos. El Viejo Continente está dividido. Algunos países tienen políticas migratorias algo favorables, mientras que otros países han construido vallas y muros jurídicos para evitar el ingreso de inmigrantes. Es más, en ciertos países europeos la ultraderecha va ganando terreno en los parlamentos con un efecto muy negativo que recae en los inmigrantes. En Alemania, por ejemplo, en la localidad de Heidenau, un grupo de neonazis gritaban frente a un albergue de inmigrantes: “Fuera cerdos extranjeros”.

Otra estrofa reza:

Se muere ahogado, se muere sofocado
y si no se muere
eres rezagado
y nómadas somos todos, si así fuere.

Las peripecias que tienen que pasar las personas que dejan su país para llegar a Italia o a Grecia como países de tránsito están selladas en el mar Mediterráneo, que se ha convertido en una gran tumba, a cielo abierto, de muchos inmigrantes.

El vehículo poético de Castro Navarrete está cargado de un sentido humano y elementos propios que chocan con el desorden que existe en el mundo. Y, por lo tanto, el poeta busca palabras, metáforas, imágenes, códigos personales, etc., para expresar, y plasmarlo en el papel, ese sentimiento que se va filtrando por su universo interior.

El poeta se adentra a su propio espacio, y desde allí acusa, con sus versos, aquello que está incrustado en “la parte mala de lo posible”.

A decir de Luigi Mastropietro, catedrático de la Facultad de Filología de la Universidad de Roma La Sapienza y autor del prólogo del poemario: “En verdad, es precisamente lo posible, el meollo que nos hace vivir. Y en los componentes de la selección Nómadas somos todos, de Mario Castro Navarrete, tal posibilidad se identifica con la necesidad de un nuevo humanismo que, reapropiándose plenamente de algunos fundamentos de la cultura occidental, reconduzca a mirar al Otro, al distinto, no como ‘El Otro desde mí’ sino como ‘El Otro desde mí mismo’. Que se reapropia del conocimiento del dolor y de la caducidad de la vida humana. Que se reconozca y se identifique el respeto a la dignidad humana, en la disponibilidad, en la acogida, en la hospitalidad, y que se abra a la eliminación de toda frontera, obstáculo erigido en contra de cualquier derecho a emigrar, escollo en el cual naufragan tantas vidas”.

En otras palabras, el caos, la impureza, el desbarajuste, el dolor, la angustia, etc., están implícitamente enmarcados dentro de lo posible. Sin embargo, se debe encontrar soluciones para ordenar el mundo y restablecer la equidad y el equilibrio. Y todo eso requiere de entendimiento entre los seres humanos. El poeta, entonces, se adentra a su propio espacio, y desde allí acusa, con sus versos, aquello que está incrustado en “la parte mala de lo posible”.

En el fondo de lo que se trata es de transformar la “parte mala de lo posible” en “parte buena de lo posible”. Y nosotros, habitantes de este planeta, somos los únicos responsables de esa transformación.

Veamos el siguiente poema que titula “Las dos orillas”:

Una se acercó
la otra lo recibió
una se aprovechó
la otra se rebeló
una lengua se impone
otras se descomponen
y aun queriendo
las dos orillas midiendo
las diferencias vencen al calor del día
en la idónea identidad perdida.

Los poemas de este libro están impregnados por una pluma que ha tocado las fibras más íntimas del poeta y la realidad de un mundo, claramente, marcado por injusticias.

Sabemos que los poemas tienen una multiplicidad de significados, y qué bueno que sea así. A mi parecer, el poema arriba mencionado describe metafóricamente un hecho darwinista. O sea, el más fuerte, o el que astutamente se ha buscado un aliado poderoso, se acerca, con o sin disimulos, al más débil, con la intención de atacarlo en el momento preciso. Y de esta manera, por ejemplo, lograr ventajas, usurpar territorios, riquezas naturales, etc.

En definitiva, los poemas de este libro están impregnados por una pluma que ha tocado las fibras más íntimas del poeta y la realidad de un mundo, claramente, marcado por injusticias. Algunos poemas muestran un compromiso con la vida misma. No buscan definir fronteras sino más bien establecer un diálogo, una comunicación sincera entre personas civilizadas. Al fin y al cabo, nadie tiene el destino comprado. Y en este vaivén del diario vivir, nómadas somos todos.

Javier Claure Covarrubias
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