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Bibliotecuento, antología de microrrelatos

sábado 6 de julio de 2019
Bibliotecuento, antología de microrrelatos
Bibliotecuento, antología de microrrelatos (2018). Disponible en la web de la Casa de la Literatura Peruana

Bibliotecuento, antología de microrrelatos
Edición de Liliana Polo Ludeña y Jaime Vargas Luna
Casa de la Literatura Peruana
Lima (Perú), 2018
55 páginas

Desde que Jorge Luis Borges nos legara aquel fantástico relato “La biblioteca de Babel”, se hizo imperativa la necesidad de acudir a estos espacios circulares, a los cuales denominó universo y a los que todos conocen como biblioteca. Si bien esta descripción es ficticia, pudiéramos creer firmemente en que los mismos detalles están estrechamente vinculados con el vago y pasajero recuerdo que tenemos de las bibliotecas de nuestra infancia. Espacios oblicuos y azarosos por donde los sueños se dejan llevar; son a veces los rincones y pasadizos, los viejos y herrumbrosos estantes de madera o de metal que sostienen años de antigüedad. Algunas bibliotecas son exiguas y carentes de un estimado orden. Bibliotecas especializadas que irrumpen a media noche el sueño reparador. Son las bibliotecas de nuestros antepasados que guardan celosamente una historia algunas veces cruel, otras despiadada. Son los libros sin portada, los que apenas se dejan ver, los que están agazapados y temblorosos. Los libros cosidos por su lomo y vueltos a remendar por un habilidoso y artesano bibliófilo. Muchas historias en torno a un mismo y alentoso lugar por donde se han colado diversos acontecimientos de escritores y artistas. Pero las bibliotecas, más allá de representar aquellos espacios de silencio, pudieran también ser los escenarios para el nacimiento de historias narradas por otros quienes igualmente han experimentado sensaciones y aventuras plasmadas en el papel. De estas sensaciones y aventuras ha surgido el libro Bibliotecuento, antología de microrrelatos, editado por la Casa de la Literatura Peruana a través de la Biblioteca Mario Vargas Llosa (primera edición, 2018), libro que reúne no sólo una diversidad de textos de muy corta proporción sino que además ofrece a sus lectores la posibilidad de estar frente a historias reales o imaginadas; en dado caso eso realmente no es lo relevante puesto que los relatos compilados buscan, en primer lugar, estrechar lazos que antes no existían, y en segundo, propiciar un posible encuentro con lectores y autores, como bien parece ser el propósito que persiguen estas actividades. En el prólogo que acompaña este conjunto de relatos se señala que la presencia de las bibliotecas es algo escasa en la literatura peruana, además de que la dificultad para acceder a ellas ha propiciado la distanciación con sus pobladores. Esto trajo como consecuencia que durante muchos años la concepción que teníamos contraria de muchos y notables escritores, era precisamente de un espacio perdido en el tiempo donde no ocurría nada más allá del polvo que merodeaba entre libros y viejos estantes. Esta antología del microrrelato ha sido concebida como estrategia para contar y relatar historias no sólo sobre bibliotecas, también lo serán sobre bibliotecarios, sobre libros y lectores: organizados desde distintas miradas y enfoques. Desde allí podemos ver las experiencias de las bibliotecas como escenarios físicos, los bibliotecarios como personajes, los libros y las diversas maneras de vivir la lectura como ejercicio pleno de libertad. Cabe apuntar que estos ejercicios —sin lugar a dudas narrativos— fueron elaborados por usuarios que asisten con regularidad a la Casa de la Literatura Peruana. Con la idea fundamentada en desarrollar acercamientos de los lectores a los espacios bibliotecarios, la iniciativa no deja de ser admirable. Los textos convocados en esta singular edición de libro digital causa asombro, al mismo tiempo que sobresaltos puesto que el género es apenas un chasquido o texto flash tal como ha sido definido por algunos críticos notables. Lo que equivale a que estos ejercicios ciertamente son apenas el inicio de un programa de publicaciones en torno a las diversas actividades que vienen ofreciéndose desde el año 2016 en las instalaciones de la biblioteca. Si bien la propuesta de trabajo escritural es el microrrelato, esto se debe, según los prologuistas, a un género que tiene como característica esencial la brevedad, lo que ha facilitado de acuerdo a lo planteado la logística a la hora de hacerse publicable. Sin embargo, la brevedad, que es una de las condiciones necesarias del microrrelato, pareciera ser lo único incuestionable, puesto que uno de los requisitos que debe tener el microcuento es que debe ser breve. Según la investigadora venezolana Violeta Rojo en su indispensable Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos (2009), éste no debe sobrepasar los 1.500 caracteres, lo que equivale a una sola página, para ser considerado como tal. Si bien los aportes que nos ofrece la investigadora son de carácter extensivo, esto al parecer se llega a cumplir, así como otras cualidades que llega a tener el microrrelato, como la elegancia escritural (porque en tan poco espacio debe utilizarse la palabra justa); hibridez, proteísmo y desgénero (porque cambia de forma y de género); uso de la intertextualidad (porque de esa manera el lector conoce los antecedentes y el autor puede dar por sabidas muchas cosas), así como el uso de la parodia, la ironía, la elipsis y el humor (Rojo; 2016, p. 376). Creo que estas características las reúnen los textos acá recogidos. Sin que esto no sea lo único que llame la atención, la experiencia de poder contar, relatar una historia en torno a diversos acontecimientos que la vida nos depara, es interesante a la hora de hallar aquellos mitos, aventuras y anécdotas que solían construirse en el imaginario de quienes acuden a leer o simplemente pasar el rato investigando sobre cualquier tema. De esta manera ponemos de manifiesto que esta vez le ha tocado ser al minicuento o el microrrelato el protagonista de una excelente y contagiosa excusa de expresar; luego lo serán otras que por muy minúsculas que sean representan una nueva y asertiva historia ciertamente memorable y acuciosa como deben ser todas las historias que se hallan o se viven en una biblioteca. Quedan pues las palabras disgregadas en cada rincón, en cada página suelta o puesta en orden. Quedan así dispuestas a ser descubiertas, así como fueron alcanzadas por aquel desprevenido lector quien las confundiría con leves e inocentes hormigas, agazapadas formando alegres y singulares signos.

 

Referencia

Juan Joel Linares Simancas
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