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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Migrantes, por Juan Joel Linares Simancas

viernes 23 de julio de 2021
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¿Cuándo comenzamos la huida?
Dejar la casa y los hijos
Dejar los olores de la casa
Dejar los rincones y los amigos
Dejar de andar descalzos por las aceras
Llenarnos de nuestras lluvias
Contemplar un amanecer
Dejar los días y las noches
Dejar nuestras palabras escondidas
Dejar de ser nosotros mismos
Ocultarnos en las noches
Caminar despacito
Enfrentar el comienzo
El duro comienzo, sentir frío en las noches
Un frío seco que duele
A duras penas movernos en terrenos que no reconocemos
Abrazarnos de vez en cuando
Murmurar los afectos
Tendernos de nuevo en la calzada
Tener el sueño de volver
Algún día
Nuestra huida duele
A cada instante
La casa ya no es la misma
No es la misma gotera que insiste en caer
Hasta nuestros pensamientos se han ido, han cambiado de sitio
Que ya no lo vemos con cierta frecuencia
Que tenemos que cambiar
Una parte de nosotros se ha ido también
O se ha quedado adherida con la lluvia
Y con las horas

 

II

En tiempo de guerra yo nunca podré amarte
Apenas puedo ponerme de pie
Y salir airoso por las calles
Nunca podré amarte
Bajo ninguna circunstancia
Este país está herido
Convulsionando
Y enfermo
Yo lo veo desde mi balcón
Y sigue herido
Tendido como un animal
En tiempos de guerra, de esta cruenta guerra que no acaba
Yo nunca podré amarte
Sin excusa.

 

III
Carta o poema a un joven manifestante

¿Qué otra cosa puedo pedirte que no sean sólo palabras?
Dejarte ver por la alcoba
Rasgado y herido
Sopesar la dura empresa que nos ha tocado
Soportar el hambre
El cruel destino que nos ha separado
La guerra, los asesinatos, los olvidos
La piel que se te desprende cada vez que sales como un guerrero de luz
La inocencia se nos hizo pequeña
La cruenta guerra que enfrentas y que llevas
Es amarga
Qué otra cosa puedo decirte que no sean sólo palabras
Mis gestos en duermevela
Los horizontes
La gramática
Los oficios negados
Mi terquedad de verte
Aterido
Sosegante y enfermo
Tirado de bruces
Cara de ángel caído
Qué otra cosa puedo escribirte que no sean sólo palabras
Débiles y efímeras palabras
Como de antes.

 

IV

¿Qué poema de amor podré escribirte sin que surjan todos los hijos de la tierra?
En el mismo abandono, en la misma página doblada de una historia
En los mismos anaqueles de mi escuela
¿Qué poema podré decirte a viva voz o todos los poemas de la tierra?
Que se han escrito y dicho por poetas que nada sienten
Que se quedaron olvidados en alguna estación de trenes de Varsovia
Donde el frío alcanza no sé cuántos grados bajo cero
Donde es difícil llorar por alguien
Por algún Caín adolescente
En una plaza es más fácil llorar
Que temer
¿Qué poema de amor podré decirte al oído sin que mis manos tiemblen de solo decirlo?
No es fácil decir un poema de amor
Bajo ciertas temperaturas, con esta edad que cargo
Con este desgano.

 

V
Lima

Lima es una ciudad a orillas del Pacífico
Acá vivo desde hace 9 meses
Y el tiempo ha transcurrido lento
Vivo en un cuarto, pero no tengo ventanas
Me gustan las ventanas porque deja pasar el viento
Pisos de madera
Y de quincha sus paredes
La gente dice que tiene más de 100 años
Creo que exageran
A cada instante las paredes se arremolinan
Y el frío es insoportable por estas épocas
Una delgada línea de sombras atraviesa el cuarto donde dice la gente que vivo
Uno no sale a caminar en esta ciudad
Yo sólo tiemblo
Me dicen que allá está el mar
Grisáceo y solo
Como los buques que apenas elevan sus alas al sol
Yo no camino por esta ciudad
Ni me siento en sus bancas
Esta ciudad no es mía
No la conozco
Duermo en un cuarto frío y húmedo
Que apenas veo en las noches
Lima es puro cielo gris
Sus habitantes también lo son
Fantasmas que penan buscando pan
Buscando algún resquicio por donde colarse
O irse
Es igual
Vivo en esta ciudad
A orillas de un mar desconocido.

 

VI

Uno no escoge los lugares para amar
Ni a los amantes de turno
Sólo las palabras entran en un torbellino
Caminar vagamente por la avenida
Dejando también las palabras
Frases entrecortadas
Miradas esquivas van y vienen
Uno no escoge la avenida de enfrente
Sólo la calzada es suficiente
El rincón más oscuro
Para el tocamiento debido o indebido
El humo entrará de testigo
Los transeúntes vagan, ensordecidos por la bulla
Trepan paredes
Cogen y se van.

 

VII

Los más bellos poemas de amor
Son los transeúntes
Los más osados
Los que apenas se dejan ver en las esquinas
Los que resquebrajan el alma
Los poemas a quemarropa
Los que no hablan de amor
Los que se escriben rápido
Debajo de las almohadas
Perennes y pobres poemas de amor
Los que a destajo prenden la fiesta en el corazón
Los que cantan los amanecidos
Los que se buscan y no se encuentran
Los poemas de amor
Son las lágrimas de los acusados
Son los gritos de alguien pidiendo pan
Son los heridos de guerra
Los distraídos amantes que corren y se besan en la boca
Los que se alarman en medio de la noche
Los que no duermen
Los besos de los amantes furtivos
Los que se quedaron en la calle a media noche
Los que andan y desandan
Los inocentes y pobres poemas de amor.

Juan Joel Linares Simancas
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