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La serpiente tenía ojos de embaucadora…
Cien microrrelatos de José Guadalajara sobre nuestra historia

sábado 15 de enero de 2022
“100 microhistorias de la historia”, de José Guadalajara
100 microhistorias de la historia, de José Guadalajara (Bohodón, 2020). Disponible en Amazon

100 microhistorias de la historia
José Guadalajara
Relatos
Madrid (España), 2020
Bohodón Ediciones
ISBN: 978-84-17885-93-9
138 pp.

Uno de los recursos con más frecuencia empleados en la creación micronarrativa desde sus orígenes hasta ahora ha sido, sin duda, el de la intertextualidad, y es precisamente esta herramienta literaria la que sustenta el conjunto de la colección 100 microhistorias de la historia, en la que, como de su propio título se extrae, José Guadalajara presenta cien microrrelatos conectados temáticamente con diferentes pasajes históricos, aunque también bíblicos y legendarios, es decir, con personajes y tramas recreados por el autor sobre la base de hechos y contextos reconocibles historiográficamente por los lectores.

En este sentido, nuestro escritor distribuye sus microrrelatos en ocho bloques ordenados cronológicamente. El primero de ellos, “Los pasos incipientes”, está dedicado a los hombres primitivos, empezando, como no podía ser de otra manera, por Adán y Eva, pero atendiendo también a nuestros antecesores como el Homo erectus, el Homo neanderthalensis o nuestro querido primer cántabro: el hombre de Altamira, “el viejo pintor de bisontes” (22).

El protagonismo del segundo bloque del libro, “La piedra convertida en cielo”, lo ostentan, sin embargo, algunos de los más antiguos e importantes soberanos de la historia universal: Hammurabi, Gilgamesh, Akenatón, Nabucodonosor o el propio rey David, pero también otros personajes como Imhotep, sacerdote egipcio, entre los históricos, o Ahmes o Hribor, entre los inventados plenamente por el autor.

“Habitantes del agua”, el tercer bloque, está integrado por microrrelatos sobre el mundo clásico griego, con historias que se desenvuelven en escenarios como Troya, Delfos o la Atlántida y con personajes como el guerrero espartano Ctesias, el pensador Evémero de Mesene o el emperador Alejandro Magno.

Y de Grecia al Imperio romano en el cuarto bloque, “La toga y la espada”, con protagonistas como, por ejemplo, el evangelista Juan, autor del Libro del Apocalipsis, Flavio Josefo el historiador, el caudillo Viriato, los emperadores Nerón o Rómulo Augústulo, o Atila, rey de los hunos. Pasajes como el asedio de Numancia, la conjura contra Julio César y su asesinato, las luchas de los gladiadores en el Coliseo o la propia peregrinación de Jesús de Nazaret por las tierras de Israel se convierten aquí en material micronarrativo para nuestro autor.

Su personal visión literaria de los acontecimientos, a menudo irónica y escéptica, se incrementa a partir de la mitad de la colección, con el quinto bloque: “Los siglos del pecado”, en alusión a la Edad Media. Aquí José Guadalajara desnuda de aire legendario muchos pasajes que convencionalmente han sido transmitidos desde enfoques heroicos y triunfalistas; sirvan de ejemplo de ello microrrelatos como “711”, “Treinta asnos salvajes” o “Roncesvalles”.

“¿Carpe Diem?” (obsérvese la interrogativa), el sexto bloque, se centra en acontecimientos propios del siglo XVI, desde la excomunión de Martín Lutero hasta el desastre de la Armada Invencible, pasando por la composición de La Gioconda, la batalla de Mühlberg, el asesinato de Francisco Pizarro, las ejecuciones de Ana Bolena en Londres y de los condes de Egmont y Horn en Bruselas, la rebelión de las Alpujarras o la enigmática desaparición del rey don Sebastián I de Portugal. También a Cervantes y a don Quijote les dedica nuestro autor unos microrrelatos.

Entre los otros muchos aspectos que podrían examinarse en un trabajo más extenso sobre esta obra estaría el de sus posibles aplicaciones didácticas.

El penúltimo bloque, “Luces y sombras”, es el que más tiempo de la historia abarca, inspirado en hechos de los siglos XVII, XVIII y XIX, entre ellos, claro, los de gran trascendencia, como, por ejemplo, la Revolución francesa, pero también otros ubicados en un nivel más anecdótico, como puede ser la relación amorosa entre la actriz María Inés Calderón y el rey Felipe IV, por poner un caso. Esta combinación de motivos y registros es algo que parece ciertamente atraer al autor y que hace, al mismo tiempo, mucho más amena y divertida la lectura de la colección.

Ésta termina con el bloque titulado “Tiempos modernos”, con microrrelatos verdaderamente dispares desde el punto de vista argumental. Hitos como la Revolución rusa de 1917, el crack de la bolsa de Nueva York de 1929, el vuelo secreto de Franco en el Dragón Rapide, el desembarco de Normandía, el Mayo del 68, la llegada a la Luna del Apolo 11, etcétera, se reconvierten en episodios en los que el elemento verídico y el componente literario se entremezclan, jugando permanentemente con el pacto ficcional entre el escritor y el lector.

Entre los otros muchos aspectos que podrían examinarse en un trabajo más extenso sobre esta obra estaría el de sus posibles aplicaciones didácticas, entre ellas el uso de estos microrrelatos para ilustrar, acercar o hacer más atractivo a los estudiantes el acceso a la historia, tan exigente a veces en lo que a la memorización y ordenación de acontecimientos y fechas se refiere. Se vería favorecido este empleo pedagógico, asimismo, por el notable sentido del humor con el que se abordan diversos asuntos. Sirva de ejemplo “El banquete del faraón caníbal” (perteneciente a “La piedra convertida en cielo”), en el que se establece un ingenioso paralelismo entre la experiencia histórica del reputado arqueólogo francés Gaston Maspero cuando entró por primera vez en la pirámide de Unis y vio los jeroglíficos dedicados al faraón y la vivencia anecdótica de un tal Gastón Martínez, vecino de Moratalaz, al contemplar con éxtasis los tatuajes de su amante en la habitación del hotel La Pirámide. Este franqueo de los límites entre pasado y presente se da en varios otros microrrelatos del libro, como en “Sentir la historia” o “Batalla de Visby” (ambos de “Los siglos del pecado”). Al fin y al cabo, tal y como el propio José Guadalajara plantea, “la historia se suicida a cada instante para resucitar en la memoria” (135).

Darío Hernández