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Certeza, de Meneses Monroy: apuesta por el vivir en plenitud

miércoles 25 de mayo de 2022
“Certeza”, de Meneses Monroy
Certeza, de Meneses Monroy (Ediciones Comité, 2022).

Certeza
Meneses Monroy
Poesía
Ediciones Comité
Colección Luciérnaga
Hidalgo (México), 2022
ISBN: 9786079964801

No querubes abriendo el mar celeste
ni luz que prometa paraíso.
Sí la Muerte con falda.
Quiero bailar con ella.

(Meneses Monroy, 2020)

Desde la sólo aparente timidez, la sonrisa franca y amistosa. Desde la serena convicción del ser, el empeño; además de la necesaria voluntad y/o entereza. Por si hiciera falta, y como coraza (por si las dudas de las que nunca se duda), la mente despejada rumbo a la constante apertura intelectual, y conocimiento y promoción de los muy diversos oficios. Aún más, desde la necesaria y concedida igualdad en prenda, que, a veces, generosa o confiada o abiertamente se delega…

Si mis pensamientos tienen virtud
sin duda seré virtuoso,
si mis pensamientos tienen alma
sin duda yo tendré alma,
si mis pensamientos tienen sabiduría,
nadie lo duda, seré sabio.
En estos momentos, como en tantos otros,
mis pensamientos son sólo un deseo,
deseo una cerveza (p. 29).

La constante aventura es esa: valor, fuerza, sed y confianza, si bien con la necesaria precaución o hasta ostensible recelo. Alerta se vigila, se concede, pero se disfruta (por supuesto) la azarosa travesía: la vida (las más de las veces) es un vuelo (sereno); cascadas y arroyuelos que van a dar al mar, pero no se saltan (o a veces sí; o a besos también) la serenidad y la madurez a la que conduce el saberse río: ya alguna vez oscilante o bravío, en ocasiones en creciente extensión (de modo incidental con peligrosidad manifiesta… con inexplicables honduras, severos descalabros o de plano naufragios, que —por cierto—, si son recuperables, dejan de serlo), río que es, o no, sonoro río (del que en ocasiones me río…), las más de las veces en aparente calma… e inevitable/mente (ella y él; cuerpo y alma) que van a dar al mar que (no, nunca) es el morir… sino nuevo comienzo: vapor que de tan reciente, sólo/solo pareciera que asciende para perderse (ciclo del agua)… entre las nubes (ciclo del vapor)… y precipitarse después (ciclo de la lluvia)…, ya como refrescante lloviznita, ya como recia tormenta, ya como lagrimitas o lagrimones, cuasi limones… (ciclo del whisky en las rocas), ya como racional y hasta soportable dolor. Tal la ingenua, pero necesaria e infantil, sensacional aventura y hasta tenaz travesura:

Se queja tu recuerdo,
se quejan las yemas de mis dedos
que extrañan tu silueta,
se queja este orgullo desteñido.
Mas no todo es queja,
algarabía es el vino (p. 34).

Hasta aquí la evocación de lo que el personaje y su literatura me provocan, en especial con estas Certezas que hoy ven la luz en forma conjunta. Un libro que es un indirecto (aunque también directo) homenaje a la figura materna, y eso es la parte más grave y seria, tanto como amorosa igualmente resulta… Pero también intuimos (o sabemos de cierto) que la poesía, desde su canción o su manifiesto ludismo, más que linimento es, para cubrir ciertos padeceres, o que a veces, sin llegar a la comedia o a la farsa, el humor, el sarcasmo, la ironía también son defensas, máscaras, para ocultar huecos profundos.

Mi apreciación, por otra parte, lejos está de reñir con las palabras que respecto del propio autor y de su literatura expresa nuestra colega, compañera, amiga, Guadalupe Flores Liera, con quien, como ya se notó (y hasta de más), concordamos en que los poemas de Marco Meneses Monroy:

no son una exaltación de la muerte sino piedad y ternura ante la fragilidad que convierte al ser humano en niño expuesto en todo momento al desamparo, conocimiento de que tanto el juego como el amor son sólo una caricia que no nos acoraza contra el desconsuelo.

Pero agrego que los poemas de este poeta y promotor literario, desde hace un buen tiempo afincado en el estado mexicano de Hidalgo, son producto ahora (o quizá lo han sido siempre) de una plenitud y de una madurez creativa, que más allá de lo particularmente anecdótico enriquecen, han enriquecido y enriquecerán el panorama de la literatura mexicana, en lo general, y de la literatura hidalguense, en lo particular.

Así lo muestran y comprueban estos textos que hoy salen (formal y gustosamente a la luz, y esperemos que también hacia la iluminación y la comunión colectiva); textos cuya densa, lo mismo que alígera, temática, recorren con Certeza los anchos y angostos, profundos y ligeros, cercanos o lejanos territorios del reconocimiento y del amor filial; de la prudente felicidad cotidiana; de la vida frente a la muerte; de la muerte hablándonos al oído…; las nostalgias, sueños y anhelos; los viajes, los enamoramientos, el crecimiento exterior e interior; la descripción irónica, la contemplación de los seres y el entorno, la meditación… los placeres íntimos, y demás plácidas o plenas, ciertas o agradecibles vitales o finales certezas.

Los pájaros rompen el cielo
tan suavemente desde mi ventana,
qué dicha sería ser pájaro,
qué cosa
más extrañamente común
ser un hombre que desea ser pájaro.

Daniel Olivares Viniegra
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