
No cambiaré por mil cromos tu cara
ni por diez mil juguetes la bondad con que miras.
Prefiero tu sonrisa a un caballo de oro
y un gesto tuyo de felicidad a las fiestas.
Mejor es tu palabra confiada que el discurso de un sabio
y tu apretón de manos que el regalo de un príncipe.
Vale más tu gratitud que un botín fabuloso
y todo tú eres más feliz que un despertar de sol,
con muchos pájaros
y un arroyo a los pies de una casa.
Jesús Mauleón Heredia (n. Navarra, 1936)
Sacerdote y escritor español.
Situado en una galaxia de lo más, más, cercana, casi tan lejos como a la vuelta de la esquina, el mundo de José Roberto es un mundo sin duda singular; acotado, pero infinitamente hermoso.
Al igual que el de algún pequeño príncipe de una galaxia saintexuperyana, su atmósfera, digamos predilecta, es la del amor y el asombro. Cuenta ante todo con un ángel mamá y un padre también ángel, si bien recio (a la vez que de lo más sensible), y con dos hermanas, cariñosas también, aunque éstas van y vienen, es decir, sólo están por algunos momentos.
Unos que otros objetos preferidos y varios rituales y jugueteos cotidianos son la constante. Música y danzas con las manos, con particulares y cómplices significados, también lo complementan bellamente.
Anécdotas hay muchas, e igualmente sencillas, emocionales y hasta un tanto divertidas las más, pero lo mejor de este mundo es que está hecho a la medida de José Roberto y que él ha venido a disfrutarlo a plenitud.

El mundo de José Roberto
Roberto Reséndiz Carmona
Cuento
Piedra de Toque Editorial
Bogotá (Colombia), 2022
Este muy emotivo microuniverso cabe en un brevísimo libro, ilustrado por cierto muy bellamente por Paola Sierra, o asimismo en un video de diecisiete minutos con diecisiete segundos,1 aderezado por la voz del autor y las animaciones de Hildebrando Porras, junto con la música propuesta por el equipo creativo de Piedra de Toque Editorial, y todo en conjunto constituye un poderoso documento que alberga la intención de fortalecer causas más generales como la inclusión de las personas con alguna deficiencia física, mental o emocional. Pero ello no podría facilitarse o no podría lograrse plenamente sin la empatía que nos muestra y nos enseña, por deber y por placer, con verdadero e inconmensurable amor, Roberto Reséndiz, el recio ángel poeta y padre de José Roberto. Padre muy padre, por cierto, como lo es de otros también hermosos proyectos como el Festival Internacional de Poesía de Zamora.
Volviendo al tema central, es decir, al que esta lectura nos orienta, resulta importante destacar este tipo de esfuerzos que, ya desde el arte mismo, ya desde el simple humanismo, o ya desde la plena experiencia o la vivencia compartida, intentan acercarnos al verdadero ejercicio de la inclusión, acá, en particular, para con las personas que nacen con síndrome de Down. Éstas, como ya se sabe, han estado multipresentes en todos los tiempos, las geografías y linajes humanos, y se estima que actualmente constituyen el 0,1 por ciento de la población mundial; esto es que, por cada mil personas, encontraremos a alguien (un individuo, hombre o mujer) con esa condición. También viene a cuento recordar que las personas Down, desde que nacen hasta que emigran, enfrentan la misma aventura del destino humano, si bien con muchos avatares (primordialmente clínicos) en contra. Ya con ayuda de algunas instituciones (de tenerlas a la mano) o sin ellas, en la mayor parte de los casos, son individuos capaces de hacer casi cualquier cosa si se les muestra cómo hacerlo, y si lo ejercitan procedentemente. Sin embargo, no siempre..., o a veces simplemente no (impera la gradualidad), pero eso no importa tanto dado que siempre hacen su mejor esfuerzo. Ante ello, y casi como cualquier otro individuo, llegarán a ser más o menos funcionales dependiendo de la condición física de la que partan, la atención específica que se les otorgue y los elementos del entorno que les faciliten su desempeño y desarrollo. Son, pues, seres humanos cabales que, si acaso, por su singular aspecto y algunas conductas distintivas, podrían llegar a caracterizarse como un clan o una tribu un tanto diferente, tal y como ellos, en su justo derecho o en reciprocidad, podrían igualmente catalogarnos a nosotros. Y aunque el sentir común es que de algún modo siempre son niños y pueden llegar a ser niños viejos. Estos ángeles de luz, o meramente seres humanos ciertamente luminosos, dada su, por lo general, precaria condición física, suelen tener una estancia mucho más limitada por entre nosotros; es por ello que debemos aprovecharlos al máximo, tal y como lo saben y predican procedentemente Roberto grande y familia.
Así la voz desdoblada (y por tanto colectiva) de José Roberto es la que pregona:
He descubierto que el tiempo no existe, nunca he contado las mañanas, ni los brotes de los árboles, sólo miro al infinito y dibujo las nubes y los astros, por eso sé que la felicidad existe y que la dicha consiste en disfrutar eternamente el ahora (p. 41).
Por lo demás, considero pertinente arriesgar que, en un mundo alterno e intemporal, José Roberto somos o hemos sido todos nosotros, así sea en algún momento, ese en el que nos tropezamos, no sabemos qué hacer ante tal o cual situación y simplemente necesitamos que algo a alguien nos tienda amorosamente la mano... O habrá acaso un momento en que sólo podamos comunicarnos con los ojos, esperando que alguien nos entienda, o no, pero anhelantes esperemos que ese otro abra ampliamente su corazón para que, de todas maneras, con silbidos o con silencios, o a través del ruido blanco de las omnipresentes ondas hertzianas, nos comuniquemos, nos sigamos comunicando, o ya de plano de algún modo nos entendamos. Al respecto, traigamos a colación una frase sabia que casi se ha vuelto lugar común y es la que nos recuerda que “la única verdadera discapacidad es la de no entender que todos tenemos capacidades diferentes”.
Termino recordando que, gracias a una iniciativa del mismo modo afortunada, el 21 de marzo, Día Mundial de Poesía, se ha instituido el Día Mundial del Síndrome de Down, un (otro) accidente feliz para celebrar la vida, presencia, obra y trascendencia de estas hermosas creaturas, producto también de una simple y amable travesura tanto de nuestro padre el destino, como de nuestra siempre amorosa y pródiga madre naturaleza.
- El mundo de José Roberto, de Roberto Reséndiz Carmona:
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Notas
- El video de El mundo de José Roberto, de Roberto Reséndiz Carmona, se adquiere a solicitud con la editorial o el autor, preferentemente previa la compra del libro.


