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Poesía como susurro que atraviesa cielos ajenos
(sobre Hacen falta pájaros, de Juan Suárez Proaño)

miércoles 15 de junio de 2022
“Hacen falta pájaros”, de Juan Suárez Proaño
Hacen falta pájaros, de Juan Suárez Proaño (El Ángel Editor, 2016). Disponible en la web de la editorial

Hacen falta pájaros
Juan Suárez Proaño
Poesía
El Ángel Editor
Quito (Ecuador), 2016
ISBN: 9-789942-965653

Desde los silencios necesarios, la poesía emerge con el fulgor que demanda la hermosura escrita. El dolor y la furia del mundo arremeten sin tregua alguna. Es el cúmulo de los hechos cotidianos que toman un giro especial en la mirada del vate. Por ello, la contemplación no es asunto fortuito. Si no, el resultado de la capacidad de asombro ante el orbe. La fragilidad de las palabras deviene en señal de aquella ternura que la humanidad ha extraviado en sus propios tentáculos ante el ocaso civilizador.

La poesía explora la esencia del hombre; sus demiurgos, sus temores, sus emociones, sus deseos inconfesables. La huella metafórica tiene aroma perpetuo. He ahí uno de los elementos fundamentales para resaltar su vigencia en el tiempo y en el espacio. Pero ¿cuál es la tarea que asume el poeta? Tal vez la de un prestidigitador de las palabras, más allá del solaz de fin de semana. Esto es, el poeta se convierte en un denodado trabajador en pro de la construcción de un discurso poético que plasme en imágenes los cuestionamientos, sensaciones y afectos que gravitan en su entorno.

Juan Suárez Proaño (Ecuador, 1993) aborda el misterio de la vida a través de aquella profanación poética. Y, en ese encomiable intento, cosecha un poemario cuyo nombre, Hacen falta pájaros (El Ángel Editor, Quito, 2016), provoca en el lector asombrosa inquietud, en el pleno interés de acometer en su contenido.

Con luz de luciérnagas, los textos toman cuerpo en la plenitud de la noche. Es el conjuro de lo indecible en boca del joven poeta, o mejor dicho, en pluma con tinta abundante en manos de este hacedor de ilusiones. La memoria es surco que sobrepasa los linderos del olvido: “Los hombres somos / del lugar al que pertenece nuestra memoria”.

Juan desnuda el verbo, con firme convicción ante la riqueza de nuestro idioma castellano. Lo hace extasiado como el resplandor del día o como la hogaza en la mesa del indigente en la quietud del domingo. El optimismo es un anhelo relativo ante los intersticios revelados en la patria que se desangra en línea imaginaria: “A fin de cuentas / el optimismo es una hoja seca / una paloma en mitad de la plaza / la brisa de césped / una posibilidad de saltar el muro / por la mañana”.

En la expresión declarativa reaparecen calles anónimas, lágrimas de intimidad y exilio.

El poeta confiesa desde su ventana: “Dicen que todo poema está hecho de polvo / al igual que los hombres”. La invención literaria tiene alas abundantes que recorren el anchuroso cielo con la intención de expandir el credo emancipador. En la lícita recreación digo: “Seremos la lluvia que siempre fuimos, junto con el cántaro y la tierra”.

En la expresión declarativa reaparecen calles anónimas, lágrimas de intimidad y exilio, puertas envejecidas por la indiferencia en el pretérito, sombras en la añoranza de invierno, pájaros diminutos y ausentes, ciudades sórdidas en la reminiscencia de los días humedecidos de derrota: “Mis manos han aprendido a tocar el tiempo / fuertes y sobrias como mis años / con el mar / con las ganas estériles de la muerte / con el río”.

La mujer idealizada también entreteje este corpus lírico, del cual, el autor dice algo así, como: “Hacer el amor / en la trinchera / bajo la sombra / de la guerra”. Y, desde luego, se alude a las heridas, a los tormentos y a los olvidos que lastiman la médula del alma.

Poesía —la de Juan Suárez— que toca y estremece, o sea, que perturba los sentidos. En el texto dedicado a Juan Gelman, profesa su admiración a este inmenso y entrañable ser, que hizo de la versificación su forma elocuente de existencia y diaria resistencia ante los avatares en la penumbra. Como afirma nuestro Juan: “Te hicieron agujeros en la carne: Juan. / Tumbas, que no fueron en el aire / ni en el agua, / tumbas cavadas en tus lágrimas / en tus dedos envejecidos / por el lento paso de noviembre”.

En Hacen falta pájaros se alude a la esperanza y a la efímera búsqueda de la felicidad, sin embargo, de la tristeza y el llanto que provoca el desamor o el trueno de las ojivas. Destaco la prolijidad y composición estética de los poemas “Polvo”, “Del mundo”, “Del padre al tiempo”, “Gelman”, “Asombro”, “Buen hombre” y “Sentidos”.

Que el extravío de las aves sea celebración fecunda en la senda trazada por Juan Suárez. Que los poemas publicados emprendan vuelo como caricia y beso eterno.

Aníbal Fernando Bonilla
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