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Lo humano en La insistencia del daño
(a propósito de la poesía de Fernando Valverde)

sábado 11 de marzo de 2023
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“La insistencia del daño”, de Fernando Valverde
La insistencia del daño, de Fernando Valverde (Visor, 2014). Disponible en Amazon

La insistencia del daño
Fernando Valverde
Poesía
Editorial Visor
Madrid (España), 2014
ISBN: 978-8498958607
88 páginas

Un poeta que cree en la bondad como verdadera misión del arte reafirma la sentencia de que la poesía es una fuente inagotable a partir de la cual se abastece la vida con mayor fuerza y resistencia. Entonces, su obra poética se convierte en un acto más humano al activar sensibilidades que tocan y transmutan a quienes, como lectores, la aceptamos. Desde esa perspectiva de la revelación de lo humano es que intento aproximarme a La insistencia del daño, del escritor español Fernando Valverde (Granada, 1980).

“Cruces y sombras”, “El viaje del mundo”, “La tristeza en los mapas” y “La luz no llegará viva a mañana” son los asideros de este libro. Un recorrido auténtico, honesto y atrayente que ahonda en la memoria del poeta para evocar, desde sus instantes más vívidos: la libertad, el regocijo, la verdad, pero sin dejar a un lado las heridas, las desgracias, el dolor, la desesperanza.

Considerando dicha premisa, encontramos en su poesía el hecho que nos conduce a la causa y permanencia del daño. Explora la persistencia del perjuicio, no como un simbolismo de fatalidad, sino como una clara visión de los seres que le circundan, y sus intereses, en consecuencia con las mayores aberraciones del mundo. Fernando establece su vínculo ya preexistente y reconocible con lo verdaderamente humano. Es ahí donde su identidad poética abarca lo esencial de su vida, que se ramifica en aquello que cree poseer y le ha sido arrebatado, y con lo cual no podemos dejar de involucrarnos porque, de lo contrario, no prevalecerá el diálogo profundo con su poesía. Cito: “Porque tal vez la vida no nos perteneció y se fue consumiendo / como todas las cosas que hemos creído nuestras / y son parte del daño / que dibuja las líneas de la historia / derribando ciudades con sus muros”. Afirmaciones que se vuelven respuestas certeras a las necesidades de su ser que ahondan en su origen, su ciudad, sus lazos familiares y, en consecuencia, el poeta intenta explicarse, comprenderse, comunicarse y expandirse en su humanidad, soportando la inhumanidad de su entorno.

El poeta sostiene la memoria como un hecho de su imaginación. Necesita asirse y reinventarse en la inocencia, los sueños, la infancia y el amor.

Mientras el ser humano está en la búsqueda permanente de sus recuerdos por el deseo de materializar su propio mundo, el poeta sostiene la memoria como un hecho de su imaginación. Necesita asirse y reinventarse en la inocencia, los sueños, la infancia y el amor. Por ello, aunque no de manera explícita, Fernando recurre al postulado de aquella frase, atribuida a Rilke, en la cual expresa que “la primera y única patria es la infancia”, pues es en ella donde nace y renace la vida sin limitaciones, sin temor al futuro, a las caídas o al fracaso. Cito: “Porque en aquella orilla no hay muerte que celebre / el tacto de tu infancia / o las cosas que nunca sucedieron”. De esa manera su voz poética se traslada a la memoria lírica afectiva con tintes de nostalgia, y transita por el sentir de los otros, poblando su sentir más profundo frente a las más complejas preocupaciones.

Por otra parte, la vida también confronta al poeta para rescatar lapsos mediatos e inmediatos que lo sitúen siempre en un presente y lo guíen en su intento de recobrar el tiempo a través del pasado y, en el sueño, que implica la posibilidad de un futuro. Nos induce a su proceso de búsqueda porque en ese ideal temporal pudieran desvanecerse el olvido, el agravio, la desolación.

La capacidad de fundir el tiempo mediante los espacios y los personajes reales o ficticios que pueblan sus poemas, nos lleva a identificar una vocación estética dinámica que abarca, además de una escritura inteligente, la objetividad manifiesta en la perfección desde una sencillez comunicativa, pero asentada en terreno fértil, donde abunda la belleza innegable de las imágenes; cito: “Alguien dice tu nombre en el futuro / y se llena de gente una casa vacía / todos se sientan a la mesa”.

El uso de la metáfora también se impone en los matices. El poeta guerrea con la oscuridad y la noche, ubica en ellas al sujeto y las circunstancias que simbolizan las injusticias, el sufrimiento, la muerte; cito: “Todo ya es parte de la misma herida / (…) La noche con sus bordes / los viajeros que cargan el peso de la luna / el paisaje nocturno y el relámpago / la tormenta y el duelo (…)”; mientras afianza la paradoja en la luz como símbolo de tristeza cuando alude a: “Los tristes nunca llenan la luz de las estaciones / pero miran la luz / con la cadencia lenta del que sabe / lo que dura la noche”. Fernando se supedita al momento del ser en sí mismo, en ello vive y pervive por el sueño y la esperanza; ejemplo también son los versos: “Pero también la vida / es una luz detrás de una ventana / cuando la oscuridad / ocupa cada hueco y cada continente”; incluso, al final de este verso, su posición de individuación muda inevitablemente hacia un fin colectivo que nos permite acercarnos más a la sensibilidad de quien sigue deseando abrazar al mundo.

Cada poema pasa la prueba de sí mismo por la prolijidad en su magnífica cadencia.

En este libro no existe una sola ruptura. Cada poema pasa la prueba de sí mismo por la prolijidad en su magnífica cadencia. A la vez que cada verso se vuelve más luminoso y visionario, la expresión del poeta manifiesta su vínculo inexorable con todo lo inhumano que existe. Busca y consigue abarcar lo esencial y se involucra de manera certera e insistente para que fluya la poesía y, en ella, la fascinación por lo verdaderamente humano. Reafirma su acto de fe en un mundo donde existe la posibilidad de recuperar la bondad, aunque otros insistan en causar daño.

Sin lugar a dudas, celebro este libro porque nos devela la existencia de un mundo corroído por el infortunio, pero que manifiesta en su centro una fuerte e irrevocable defensa de lo humano como el único y certero camino de partida en la vida. En palabras del propio Fernando Valverde: “como quien busca un sueño / que tenga su estatura” porque “los sueños son parte de nosotros como un embarcadero es un viaje”.

Liyanis González Padrón
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