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Dejándose llevar por los atrapanieblas
(sobre Atrapanieblas, de Denise Armitano Cárdenas)

sábado 24 de febrero de 2024
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Denise Armitano Cárdenas

Nota del editor

Ofrecemos a continuación el texto con el que el ensayista Rafael Rondón Narváez presentó el libro de minificciones Atrapanieblas, de la escritora venezolana Denise Armitano Cárdenas, el 29 de noviembre de 2023 durante la Feria del Libro del Oeste de Caracas, en los espacios de la Universidad Católica Andrés Bello.


“Atrapanieblas”, de Denise Armitano Cárdenas
Atrapanieblas, de Denise Armitano Cárdenas (Editora BGR, 2023). Disponible en Amazon

Atrapanieblas
Denise Armitano Cárdenas
Minificción
Editora BGR
Alicante (España), 2023
55 páginas

En estos siglos de siglas, vivimos fascinados por el género de la minificción. Ocurre en todos los lugares del mundo, pero sobre todo en este continente, donde en años recientes ha prosperado de manera llamativa y magnífica. Hoy, me siento orgulloso de estar junto a dos de sus practicantes afortunados. Homero Carvallo y Denise Armitano Cárdenas.

Para los que conocemos desde hace años a la autora, hemos aprendido a apreciar en ella dos virtudes. Una está cifrada en la constancia y la insistencia. Este es un mérito un poco extraño en nuestras tierras, donde todo parece apasionado y transitorio. Esa virtud la ha llevado a realizar proyectos notables. Por ahora solo citaría la página Contexturas.org. Donde varias veces al año selecciona un tema y convoca a un grupo selecto de escritores. Con ese mismo ímpetu, en los últimos años Denise se ha fijado en el asunto de la minificción. Y lo ha hecho desde varios frentes: con la meditación de su teoría, con la realización de actividades públicas para discutir sobre ella y, por supuesto, con su maravillosa ejecución.

La segunda virtud de Denise es la precisión del detalle y la minucia. Esta atención a lo mínimo se materializa en otra de sus pasiones, la de coleccionar abanicos. Ella los aprecia porque en ese pequeño objeto cabe la multitud del universo como si fuera un aleph borgeano. Hoy ese detalle y atención están traspasados en su libro Atrapanieblas.

La minificción tiene como condición decisiva su carácter proteico, escurridizo. Por eso se hace difícil su definición. Siempre limítrofe, de alguna manera testifica nuestra actualidad, cuando renunciamos por esencia a las clasificaciones. Como han enunciado teóricos rigurosos como David Lagmanovich, Violeta Rojo, Lauro Zavala y otros, los textos de la minificción se pasean entre los bordes del chiste, del acertijo, de la noticia y también del poema o el epigrama. De todas esas formas se nutre este libro de Denise Armitano.

Esta condición múltiple transita por varias instancias. Una de ella es la poética. Un poderoso asunto lírico está siempre presente en este libro desde diferentes instancias. Al reducirse los elementos narrativos, es decir, acciones y tramas, refulge el sentido poderoso de la imagen: “Dentro de pocos días, y largas noches de labor ininterrumpida, un amplio jardín cubrirá el tejido de arabescos floridos y pétalos brillantes evocadores de danzas de la fertilidad”. En esta construcción se percibe la filigrana en el labrado de la frase, en la selección del adjetivo, en la cadencia del enunciado. Pero también está en otros textos, cuando las palabras adquieren sentidos metafóricos o casi simbólicos como en “esquirla”.

Lo lírico no excluye la síntesis del epigrama con humor como en “clasificado”; donde “Tigre de refrán entrega su piel a quien aún se espante con ella”. O hacia el sarcasmo, como ocurre en otros muchos textos.

 

Estos textos de Atrapanieblas muestran una referencia constante a la cultura, a la literatura. En la concisión se mantienen algunas de estas joyas en el juego sutil de la alusión.

Lo intertextual y lo autorreferencial

Toda obra literaria contemporánea está imantada por dos polos. El de la intertextualidad y el de la autorreferencia. Ambos ponen a prueba la característica propia de la minificción cuando suponen un lector atento y capaz de descifrar sus enigmas y acertijos.

Estos textos de Atrapanieblas muestran una referencia constante a la cultura, a la literatura. En la concisión se mantienen algunas de estas joyas en el juego sutil de la alusión. Como ocurre por ejemplo en el texto “Como anillo al dedo”, en su cita al cuento de hadas, con toda la reapropiación de sus elementos como la trama mágica, los extremos de la fortuna o las desgracias y el tránsito de un príncipe venturoso. Otra referencia también es la de Kafka, con una de las imágenes más poderosas de la literatura contemporánea, la de aquel hombre convertido en insecto, o al revés. Incluso percibo una referencia al quisiera no olvidado Virgilio Piñera, en aquel cuento recopilado por Borges y Bioy Casares donde un personaje desdichado sigue sufriendo aún después del suicidio. Así ahora lo representa Denise: “Los efectos del veneno arremeten, lo corroen desde adentro y prolongan su agonía bajo tierra”.

Pero como la cultura de la autora es amplia, no se conforma con alusiones textuales. En alguien que durante gran parte de su vida ha transitado los museos, es lógica una poderosa atracción visual. Aficionada al cine, en otros relatos se percibe esa referencia. Las películas Los otros, La vida de los otros y Rebeca están contenidas en un solo texto. Así que esta característica preferiré llamarla intercultural, como si fuera la donación de otras presencias artísticas en las estructuras de lo textual.

La minificción no sólo es contemporánea en su cita, sino en la reflexión sobre sí misma, como una especie de espejo meditabundo. Participan estos cuentos de ese asunto cuando recapacitan sobre los límites de la realidad y la ficción, como ocurre cuando la misma autora se convierte en personaje de sus textos. O incluso cuando retoza en la cadencia de los géneros y piensa sobre el ejercicio y proceso de la escritura, como quisiera verlo en el relato “Marina y el mar” donde intento ver la acción del personaje como una referencia a la escritura:

Marina, cuyos afectos habían sido tragados por una tromba feroz, se dedica a colectar lo que el océano regurgita sobre la playa: restos de objetos fabriles que considera regalos —incluso oráculos— y que transforma en joyas para una solícita clientela. Los hallazgos de su predilección son aquellos fragmentos de loza en los que aún se aprecian flores, arabescos y algunos personajes de historias mutiladas, pero sobre todo los pequeños vidrios erosionados, limados durante años por la arena y el implacable vaivén de las mareas.

 

En estas piezas no está excluida la referencia al contexto de producción.

El contexto

En estas piezas no está excluida la referencia al contexto de producción. Nacieron en un momento crucial de la historia venezolana y de esas circunstancias; de la barbarie política, de la emigración, de la carencia y el olvido. Esto se percibe en su recorrido: “Con el tiempo, el llamado al sufragio quedó desierto y la villa desapareció, sepultada en su urna electoral”. En otro se dice: “Estar ‘del lado correcto de la historia’ perdió peso moral y semántico. Invicta en su vetustez, la dictadura se perpetuó y el concepto de democracia devino tan inasible como demodé”.

En otros casos, la referencia al contexto es menos cruda. Construye así su realidad, sin entrar en precisiones. Tal vez en otros textos requiera una mayor complicidad para los lectores entendidos, como cuando describe un monumento de esta ciudad: “Son las columnas del Ribot, enfrascadas en eterna discusión, bajo sus máscaras faraónicas”.

 

Identidades en tránsito

Otro aspecto que me ha fascinado del libro son los tránsitos sutiles de las identidades, donde todo termina confundiéndose de manera sugerente. Porque en la escritura de Denise Armitano no hay intención de registros directos o realismos. Prefiere siempre al arte de la insinuación. En estos relatos hay una constancia en el trasunto de las identidades. Antes, he mencionado la metamorfosis kafkiana. Pero hay otras como la chica del cuento “En tinta Viridiana” o el príncipe convertido en sí mismo, pero también en otro.

No hay un título que sintetice mejor estas condiciones que Atrapanieblas. Allí está abreviada la idea de tránsito, de mutación casi universal infinita. Este objeto es un ingenioso artificio construido para transformar la bruma del aire en gotas y así utilizar el agua para tiempos de sequía. ¿Acaso no está todo el libro recorrido por esa idea? Por eso, ya para terminar, quisiera recurrir a la última palabra de todo el libro: “Petricor”. Quiero quedarme con ella, porque es la esencia de una experiencia, de una centrada en la brevedad de la lluvia, en su olor presente que se ha quedado para siempre fijado en la memoria de todos los tiempos.

Rafael Rondón Narváez

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