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Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura

miércoles 17 de abril de 2024
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Leonardo Padura
La exquisitez de Padura al reproducir historias desde la cotidianidad es inagotable. Casa de América

Me confieso un devoto lector de la obra literaria de Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955), que incluye, a más de su vasta novelística, crítica dentro del ensayo pulcro, sin desdeñar los apuntes periodísticos, y libretos para cine. Dicha labor escritural emerge de las entrañas de la bella Cuba, cuya esencia tiene olor de mar y cadencia de bolero. Sumada la ensoñación y el febril deseo humano. El acercamiento a su obra, también es una atrayente manera de comprender la encrucijada revolucionaria (“el avance de la indetenible propaganda socialista, con sus exaltadas consignas cargadas de rojos y persistentes llamados al combate y a la victoria”), no exenta de la ficción impuesta por este creador, para quien “la literatura es el oficio más solitario del mundo”.

Aquello estaba deseando ocurrir (Tusquets Editores, 2015), es un compendio de trece cuentos (otro género practicante) de talla mayor y de variada marca cronológica (que sellan desde mediados de los ochenta). La exquisitez de Padura al reproducir historias desde la cotidianidad es inagotable, porque la médula de sus textos es la vida de mujeres y hombres sensibles, extrovertidos/as, agobiados/as, reflexivos/as que transitan-navegan-naufragan a partir de ilusiones y derrotas, anhelos y quebrantos, miedos y rebeldías: “La vida podía ser terrible, pero era la vida”.

Según Carlos Zanón, sus personajes son “verosímiles, complejos, que se levantan del papel, en especial aquellos que más allá de sus contradicciones son de una suma fragilidad”. Por supuesto, están recreados con aquel especial ambiente habanero. Sin embargo, parte de su geografía traspasa senderos distintos como Angola, España, Italia, Estados Unidos. Motivo por el cual la transmigración se vuelve en un efecto multiplicador en el eje temático de algunos relatos, que transcurren a través del dolor, la niebla, el vacío, la intransigencia, la cavilación ideológica, la exploración de valores identitarios, la apetencia de la carne furtiva: “La besa en los hombros y en el cuello y con la lengua la recorre hasta los senos (…). Atraído por el calor de su vientre, le alza una pierna, que hace descansar sobre su cadera, para sentirla más próxima. Y deja que ella lo frote con el pubis abundante. Forcejean en silencio, se empapan de besos y saliva, y entonces hacen el amor, con la furia de lo irrepetible”.

“Aquello estaba deseando ocurrir”, de Leonardo Padura
Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura (Tusquets, 2015). Disponible en Amazon

Aquello estaba deseando ocurrir
Leonardo Padura
Cuentos
Tusquets Editores
Barcelona (España), 2015
ISBN: 978-8490663165
272 páginas

Aquello estaba deseando ocurrir es el libro de un narrador de eficacia incuestionable”, asevera Nadal Suau. “El volumen gustará necesariamente a quien busque relatos bien contados y sienta curiosidad por la relación que los cubanos (exiliados o no) han mantenido en el pasado reciente con su compleja realidad”.

Los vericuetos y entretelones de la gente común se condensan en la propuesta paduriana, con destreza narrativa. Desde luego, aquella brillantez prosística se alimenta del aroma de amor único y sin pausas, de la feminidad, del sexo fugaz en “Nueve noches con Violeta del Río”, del padecimiento ante el exilio de cara al sol (“Todos los días se va tanta gente”), del fantasma hemingwayano, de la angustia que consume el alma y la piel, de las derrotas personales, de “El cazador” que va tras de su presa en la urbe nocturna como “eterna promesa” (o selva de cemento desafiando credos anquilosados junto al prejuicio), en una radiografía que evoca al recuerdo como antesala del presente: “Los años siguen pasando, y siguen pasando cosas con los años”. Esas cosas y planes que a ratos fracasan en el intento, ya que la existencia devela sueños que muchas veces se quedan detenidos-retenidos en el umbral del infortunio.

Como dice el mismo Padura: “Apenas somos un recipiente que contiene vida, pero esa vida se ha secado porque no conservamos la razón del riesgo: nos conformamos, y así vamos sobreviviendo”.

 

Referencias y bibliografía

Aníbal Fernando Bonilla
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