
Prologado por José Balza, ilustrado con las acuarelas de Marie Christine Morin y publicado por Oscar Todtmann Editores, la poeta Coromoto Renaud nos presenta su libro agua que corre lenta. Su título hace un guiño expreso a nuestra querida Elizabeth Schön, en aquellos versos suyos que Coromoto Renaud incluye al inicio, y que dicen:
No eliges
el abismo, el caos, la nada
Llegan a ti
en “agua que corre lenta”
De manera que podríamos esperar que la materia de este poemario esté conformada por todo lo que se gesta en el abismo, el caos y la nada, y también, que Coromoto Renaud nos hable, en este libro, de lo que llega a su alma de poeta en esa “agua que corre lenta”.
Para mí, el trabajo poético de Renaud es como el del equilibrista que camina por un delgado hilo tendido entre dos abismos, y ella hace eso con tal naturalidad y sencillez que nos deleita y nos asombra.
En este poemario, ella nos conduce, tomados de su mano, y nos hace sentir seguros en medio del vértigo.

agua que corre lenta
Coromoto Renaud
Poesía
Oscar Todtmann Editores
Caracas (Venezuela), 2023
ISBN: 978-980-407-088-4
112 páginas
Entonces nos sentimos tocados por sus palabras, por sus versos, sin que podamos descubrir de qué manera lo hace. Porque en efecto, lo logra de forma fresca, perspicaz y sencilla.
Este nuevo libro de Coromoto Renaud se mueve en la materia de lo inapresable, como casi todo en la poesía. Se divide en cuatro partes que se denominan “Lo emergente”, “Lo incierto”, “Lo inesperado” y “Lo múltiple”. Todo aquello, pues, que resulta de alguna manera inasible.
Y entonces, ¿de qué nos habla Coromoto Renaud en “Lo emergente”?
Probablemente de la eternidad, y del absoluto, configurados en un instante perfecto. Del poder absoluto de las palabras, que “no tienen memoria ni piel” (16-17). Del amor escondido en las grutas del deseo.
De la casa, de sus paredes hechas de silencio, de los seres queridos que se han ido, y de un desiderátum para el amado, del cual recojo parte:
Que la noche no sea tan larga...
(para) que tu voz irrumpa el silencio...
y puedas ver el bucare resplandeciente no en tu plaza
sino en mi calleque la lumbre que calienta tu invierno permanezca en tus huesos
(para) que no llueva el jueves en París(para) que no faltes el viernes
(páginas 28-29)
Ese “que no faltes el viernes” es un deseo abrumador, dolido, triste, solo y aterido, confesado únicamente al final, después que se han tejido todos los buenos augurios para el amado:
Que la noche no sea tan larga, que tu voz irrumpa, que puedas ver el bucare, que la lumbre te caliente, que no llueva el jueves; y sobre todo: que no faltes.
Que no faltes a la cita amorosa, que no faltes el viernes.
Una página más allá, Renaud nos deja advertir alguna perspectiva sobre la manera como ella mira al mundo:
la noche te alcanza y escuchas los noticieros
es el caos
creado por la palabrahabladurías de los presidentes
declaraciones de guerraeres una con el universo
y duele(páginas 30-31)
También podemos constatar, a través del libro, cómo Coromoto Renaud establece un diálogo discreto y vital con poetas que se han ido, como Elizabeth Schön y Eugenio Montejo, y con otros como el poeta uruguayo Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958).
“Lo emergente” se cierra con poemas dedicados a sus hermanos y a sus hermanas, en los cuales inevitablemente se tejen y destejen La Vega natal de la poeta, la siembra, los hombres a caballo, las costumbres añoradas vividas en la infancia, el rosario, los ordeñadores, los hombres a caballo; María y Luis: la madre y el padre; las vacas, los toros, los becerros, el corral, los espantos, el aullido de los perros, el espíritu que gime en la quebrada.
En la materia de “Lo incierto”, la poeta aborda las pérdidas del alma, el cómo un amor extinguido puede de todas maneras alumbrar; el cómo, aunque no queramos, aunque no lo parezca, todo es un mismo e inevitable ir y venir; con la confesión casi oculta al amado de que:
eres tú la metamorfosis
la más alta marea(páginas 44-45)
Un poema de amor, apasionado y discreto, se confiesa en los dos primeros versos de la siguiente página:
Si te vas
no te irás nunca del todo(páginas 46-47)
Aparecen también algunos de los temas favoritos de la poeta: el mar, el silencio, la escritura, las estaciones, la persistencia de la vida. Pero nada debe causarnos temor, porque:
La vida continúa
una nube pasa
y es tiempo de ser leve en mitad de la tormenta(páginas 54-55)
En la sangre de la poeta corren las quebradas y la lluvia de La Vega, los ríos y los juegos de la infancia, y también una profecía para sí misma, y quizá para todos sus lectores como para los poetas que beben sus versos:
no quemaremos las naves
seguiremos ondeando la bandera en alta mar(páginas 60-61)
“Lo inesperado” se inicia con un poema homenaje a una fructífera y larga amistad, dedicado a la ilustradora del poemario, y continúa con versos que se hilvanan en un ruego: “Llévame a ver el mar”, dice la poeta; “la voz sonora más antigua”.
Porque, afirma, necesito “saber de quién es esta voz que me despierta” (páginas 66-67).
Claro, porque ese aullido que despierta a la voz poética puede perfectamente ser la voz del mar, pero también podrían ser los rugidos de la pasión, que suele bramar como lo hacen las grandes olas.
La poeta se adentra en un cementerio, en esta tercera parte de su libro, y nos confiesa, de manera delicada y conmovedora, que le consta que los muertos hablan, y dice:
visité sus tumbas
conversaban entre ellos
escuché sus canciones de cuna
su interminable marcha fúnebre
su no me olvides(páginas 68-69)
Venimos del pasado, pero todo pasa, dice la poeta, en versos que nos recuerdan al gran Antonio Machado.
Y si todo pasa, ¿en qué nos convertiremos?, pues en ceniza, en partículas de las galaxias, en tierra para las plantas, en barro, en eco, en espadas, en alimento de peces y aves, en piedra:
piedra serás
roca
en la entrada de mi casa(páginas 74-75)
Y aquí, el amor, la pasión, que ha hilvanado hermosos deseos, parece revolverse en un pronóstico terrible: “piedra serás // roca / en la entrada de mi casa”.
La estancia cierra con un poema dedicado a Miriam Renaud (páginas 84-85) y otro que sondea lo absoluto, imperecedero del instante.
La cuarta estancia del poemario, “Lo múltiple”, trata sobre La Vega, el hogar vegetal de su familia.
En algunos poemas en prosa, la poeta nos recuerda que sigue “esperando la promesa de mayo” (páginas 92-93).
Y es así. Quienes han vivido y crecido en contacto con la naturaleza, saben que la lluvia regresará, y con ella las plantas, las flores, los frutos, la vida y la muerte, la alegría y la melancolía, y sobre todo: “la promesa de mayo: tu regreso” (páginas 92-93).
Coromoto Renaud nos ha acostumbrado a estos malabarismos: saca de su sombrero de mago flores, plantas, arcoíris, versos, para sumergirnos con una frase en el pozo del amor: sin estridencias, sin espasmos, sin chillidos de personajes de telenovela.
Nos revela que quizá escribe para conjurar el exilio, la pérdida del hogar insustituible de la infancia, el amor imperecedero, perenne.
Casi para finalizar, la poeta nos revela un deseo, un designio y quizá una profecía que deseaba cumplir para sí misma: “seré hortelana” (páginas 102-103).
Creo, sin que me queden rastros de duda, que nuestra inmensa poeta Coromoto Renaud ha cumplido ese designio.
Y como dice, ella tiene dos sembradíos: uno donde cultiva palabras por doquier, y otro donde recoge las cosechas, y pule, pule y pule sus preciosos versos.
- agua que corre lenta, de Coromoto Renaud
(presentación) - sábado 5 de octubre de 2024


