
Miss Uruguay es una novela de Alondra Badano, escritora —dramaturga y narradora— latinoamericana, habitante de una América íntima, pequeña, atenta a los alrededores. Alondra nace en Uruguay —país pequeño— y crece, se desarrolla y produce en Panamá, territorio pequeño, ístmico y plural; desde esa “propiacepción” Alondra crea un mundo, su mundo, donde es posible el encuentro de realidades y de situaciones humanas y mágicas.
La novela se estructura en un primario choque de opuestos que consolidan el derrotero de los personajes y de las historias que ellos encarnan:
- Amor/poder
- Mujer/varón
- Civil/militar
- Visibilidad/legitimidad
- Ocultamiento/ilegitimidad
Estos pares, denotativamente enfrentados, se constituyen en los intersticios por donde transcurren las historias. Es así que, reconociendo el plural que se constituye en el texto, la historia se subraya en la primera persona que muchas veces es femenina y luego se hace dubitativa, parcial, por el uso de interrogaciones que, claramente, en lugar de plantear las certezas de la historia, siembra posibilidades diegéticas y sociales.
Desde el título, y pasando por las figuras de la protagonista y la narradora, Enhila es el eje diegético que hace foco en la juventud y la belleza femeninas. Pero ese primer relato se va tramando en nudos, se va enroscando y así se pluralizan las historias y el concepto de la subjetividad también sufre la multiplicación y así la historia es las historias y el personaje, los personajes.
Por otra parte, la realidad en ese abismarse del relato abre otros espacios; así “el búnker” es considerado el espacio de lo posible y ello hace que se resignifiquen otros espacios contenedores de subjetividades varias. Dice el texto: “...a diferencia de otras personas que nunca accedían más allá del umbral del edificio...” (9).

Miss Uruguay
Alondra Badano
Novela
Tregolam Editores
Málaga (España), 2019
ISBN: 9788417564414
182 páginas
La creación y la escritura: el espejo
Hay una mirada en espejo sobre la obra (intertextualidad), sobre el proceso de escritura. En el texto se evidencia, desde la autorreflexión, que estamos ante un texto literario: una historia narrada, novelada: “...Enhila trajo esa historia de su madre (...) enterrando en cemento las historias de hadas madrinas vividas o leídas en los textos infantiles...” (64).
En la novela hay, también, una presentación que propone una mirada sociológica —social, plural— sin perder de vista lo mínimo. Esa mirada se logra en el recorrido en profundidad en que se muestran los hechos. En ese derrotero se articulan los temas que se sostienen conformando conjuntos polisignificantes: país - dictadura - reino; prisión - belleza; amor - desamor; El general - Doña Consuelo - Enhila. Son grupos que no sólo fracturan la dualidad sino que entrelazan la heterogeneidad que se constituye en la unión de acontecimientos (seres, situaciones) diversos.
En otros momentos, los temas se complejizan porque se traman en combinaciones diegéticas, epocales, ideológicas, alejadas unas de otras. Estos grupos permiten dar cuenta de la seguridad de las convenciones, de las formas socialmente aceptadas como pueden ser el matrimonio o la sexualidad genérica (los géneros sexuales condicionan y legitiman las relaciones individuales y sociales de las personas).
Entre los grupos que topicalizan la historia se produce una fisura que es figuración1 temática y está encarnada en los personajes de Enhila y Nybia: dos mujeres, dos jóvenes que, aunque pertenecen al mismo mundo social, proponen y encarnan las diferencias: la relación entre la sociedad y la visión que ésta instala del género femenino: los cuerpos están dichos - significados - leídos desde la historia y la geografía (América - el mundo; la ciudad - el pueblo, por ejemplo).
Frente al poder —sobre todo al del varón—, a la fuerza política y militar encarnadas en la figura de El general; y más allá de la subversión de la legitimidad del verdadero amor entre El general y Enhila, en la novela de Badano se abre un espacio ambiguo, irracional, que presupone el advenimiento de nuevas miradas que parecen fundar diferentes certezas. Así es que, por un lado, en el capítulo 8, el texto es narrado a partir de la cosmovisión de la magia negra: el amor, el poder, la sabiduría de la corporidad que subraya la maternidad de doña Consuelo, hace que este texto resulte aquí, por lo menos, dual. Pero luego es doña Consuelo, la esposa legítima de El general, la que, además, sueña. En esta novela de Badano, todas las mujeres son portadoras de un saber que les permite adelantar los movimientos y reconocerse en las otras. Dice el texto:
...Su general la esperaba impaciente, como en otras oportunidades (...). El hombre se sentía ansioso y a la vez ausente. Una sensación extraña se había apoderado de él y comenzaba a notar un apetito sexual incómodo (...). Ya él sabía que era uno de los personajes más importantes de su época (...). Era un verdadero legado para su pueblo... (103 y ss).
Desde la potestad de El general y todo lo que significa en las representaciones metafóricas de país (paisito), los militares y la alusión a la película de Charles Chaplin El gran dictador y el nombre de Hitler mencionado como al pasar, el texto empieza a focalizar en lo femenino: primero, doña Consuelo con esa carga de feminidad estereotipada, y después, en “ella” (Enhila y/o Nybia) como figuraciones (imágenes resignificadas en amplios contextos). Desde una narración plural, estallada, se va constituyendo esa historia donde esa mujer, esas mujeres, son la encarnadura de ese país poco real, casi inexistente: sólo nombrado en el título.
La novela de lo metatextual
Al relato íntimo, ficticio, novelado de los personajes y las acciones se le suma la presentación de la historia de la realidad, de la política. La novela de Badano oscila entre el relato ficticio y la mirada crítica sobre la sociedad y, entonces, la política: “...Había tenido conocimiento de las redes con Perú y avanzaba en otro caso de ilícitos entre Uruguay y Panamá. Aquel país seguía siendo el lugar impune de libres vínculos económicos sin controles estatales...” (124).
El texto se hace fuerte en la dialogicidad de voces fortalecidas; ahora es la primera persona que, por momentos, usa el altavoz para exponer a Enhila e instala la oralidad para activar lo vívido del relato.
El relato se construye, entonces, desde las preguntas retóricas; es en esta instancia discursiva cuando el texto subvierte la narrativa para hacer foco en la subjetividad del hablante. El relato se va construyendo desde lo dialógico: la historia entre ella y él; la política; los viajes, las ensoñaciones (ella no sabe si la muerte de su amado es o no es real); puede pensarse en una discursividad estallada: “...La mente se le dispara sin control (...). ¿Y si se hubiera muerto de verdad? ¿Y si ella hubiera estado con él?... (135).
En la apertura a la pluralidad, la novela fortalece el efecto sincrético que permite leer la cultura popular latinoamericana, y carga de magia el relato donde vida/amor/muerte no logran separarse: “...Doña Consuelo transgredía su fe católica haciendo rituales extraños para mitigar su cólera de mujer herida...” (139).
Lo femenino también se muestra en la descripción de la moda y de este modo parece construir un mundo femenino contundente, que cobre más —o igual potencia— que la historia política, violenta, externa y masculina: “...Eligiendo un modelo al tono de su fiesta próxima en un almacén local supo doña Consuelo la noticia de la muerte...” (140). La presentación, detallada, de las realidades femeninas, constituye un universo otro y par al mundo externo de la política y la geografía. Y en ese ambiente poco real se nombran los países del sur; así, sin identificarlos; son, más que una realidad geográfica y política, una construcción elíptica.
Badano investiga más allá de la —de las— historia(s); como escritora indaga, busca y provoca a la palabra ficticia y a los mundos que ella construye y enfrenta (principalmente la realidad y lo deseado, la verdad y la mentira, la historia y lo onírico. Por ello establece un diálogo indirecto con los lectores que se lleva a cabo a medida que las preguntas se inscriben. En cuanto avanza la diéresis, las preguntas son más persistentes, más y más retóricas, verborrágicas y, podría metaforizar, “mudas”; en la novela de Badano, la acción narrativa avanza con y desde la incertidumbre impuesta en las preguntas que, se sabe de antemano, no tendrán respuesta: “...Los locutores del sur hablaban de asesinatos (...). ¿Asesinatos? ¿Intrigas provocadas? ¿Planes de asesinatos afines? (...). ¿Tendría que volver a su tierra?...” (145).
El uso de las preguntas subvierte —o anula— el concepto de verdad como realidad dada incuestionada, fija, como realidad absoluta. Así es que la interrogación fortalece el discurso femenino a la vez que genera la repetición de una pregunta —por qué— que es, sobre todo, un ancla existencial. “...Eran cosas íntimas (...). Había un pudor inconveniente ante una relación inconveniente entre una miss y un general...” (145, 146).
Miss Uruguay plantea un diálogo entre la subjetividad y la espacialidad que se hace efectivo en las visiones internas y externas encarnadas en las figuras del yo y de lo otro. Indirectamente, Badano plantea la relación del hombre (la mujer) y el mundo: yo-otros; el adentro/el afuera. Y en esos juegos de pares vuelve a postularse la maquinaria que pone en marcha el vaivén entre la realidad y la ficción: “...había sido la cotidianeidad tranquila de su niñez. Envuelta ahora en una calesita de acontecimientos personales, políticos, militares y mortíferos, esas cartas representaban la apacibilidad de aquella vida que se disparó en una curva...” (151).
Muerto el general desaparece del eje narrativo “ella”, Enhila; también “desaparece” Pedro; se trama una nueva realidad: la novela muestra y se muestra en el proceso de la creación literaria. Miss Uruguay es, entonces, un texto metanovelesco y, por lo tanto, plural. Cuenta la historia entre ella y él, amorosa, privada, clandestina; se cuenta una historia desde una mirada social, política; cuenta cómo se escribe, cómo es escribir. Alondra Badano termina diciendo: “...cuando miradas furtivas evitaron desenhebrar interrogantes que nunca encontrarían una razón para contestarse. El viento, siempre el viento del mar. Un instante de viento para que nada cambie y sólo gire y gire, cada quien en su lugar” (180). Y desde este texto invita a aceptar, festejar la circularidad de la historia, suerte de eterno retorno latinoamericano.
Sin dar más precisiones geográficas que la expuesta en el paratexto de la novela, Badano hace una síntesis de las distintas realidades y los diferentes movimientos contra las dictaduras en Latinoamérica: “...Los militares nunca imaginaron que aquella mujer insignificante podía ser útil para la resistencia al orden dictatorial...” (159).
En esa excavación hacia las profundidades del proceso creativo, Badano sigue —actualiza— una metáfora eficaz: creación = maternidad. En esta fórmula se desarrolla la narrativa de esta parte de la novela que, con contundencia, se “abisma”. Ahora son dos mujeres, madre e hija, las que hablan, conversan, y así se genera otra vez una inversión: la hija le cuenta a la madre, y para ese relato “sororo” es necesario que el padre esté ausente. Ausente el padre (que hasta ese momento había actuado claramente, ejerciendo el poder real), se postula un nuevo principio. Se genera un diálogo entre esas dos mujeres: madre e hija. Es en este diálogo (poco probable) donde se abre una nueva instancia de ficción, donde el cambio, los cambios, pueden ser. Así que es posible leer la vida de Enhila en ficción. Se dice:
...Enhila dejaba llevar su imaginación (...); su memoria hilvanaba los retazos con aquel tono ficcional con que una muchachita de barrio sueña (...). Y asumía la voz de las telenovelas.
—Mi general, bueno, tú sabes... hay un cuento que te va a gustar... (163).
Se plantea la estructura narrativa de la mise en abyme: ella —Enhila— cuenta, usando el yo, un relato donde se funden la ficción y la realidad. Y los tiempos. Así parecen recrearse los relatos abismados de Las mil y una noches, donde Sherezade, la joven mujer amante, es prisionera de ella y del amor que siente hacia el déspota de su hombre: “Se trataba de un recorte de la prensa (...); quien escuchaba todos esos cuentos como los de las mil y una noches (...). Y colorín colorado, este cuento se ha acabado...” (165).
El recurso narrativo para subsanar la violencia de la realidad es el olvido; Enhila, moderna Sherezade, repite: “no recuerdo”.
Y en ese nuevo espacio construido por la narrativa que funde la realidad con la ficción y que es salpicada por el olvido, la novela de Badano se narra a partir de las preguntas retóricas, de voces en supuestos diálogos, imitación de registros orales. Hay un cambio de grafía que quiebra, “transtextualiza” la historia, se plantea lo dialógico propio del género novelesco: es otra historia, es la mirada de Pancho: “...Su entrenamiento le permite abandonar la presa (...). ‘Ellos’ se mueven en la clandestinidad, piensa Pancho...” (170).
La narración va y viene en tiempos y espacios diversos, poco precisos; las preguntas, muchas veces, se adelantan en la diégesis y plantean lo que sucederá en la historia; así es que la diégesis se construye por medio de estas preguntas y el uso del futuro: “...En qué ansiedades estará atrapada esa mujer? ¿A quién obedecen sus instintos? (...). El reflejo de la vitrinaza aleja y la acerca de la vista del perseguidor que ha sido elegido...” (171).
Y en este modo de narrar desde el futuro se juega con “lo dicho y lo no dicho” (177).
En el final se plasma la sintaxis de toda la novela, donde se plantea la circularidad como estructura y la repetición: “...gira y gira...”. En esa estructura circular y móvil se presentan, protagonizan y se ocultan los personajes: Enhila, Nybia, el general, Pancho, Paco, la madre —mucho tiempo enmudecida y luego especie de alter ego de Enhila.
En la novela Miss Uruguay de Alondra Badano el amor, el poder, la familia, lo oculto, la violencia, los secretos, lo legal, se van tramando en un compás que se teje hacia adentro. Lo pequeño del territorio geográfico latinoamericano impacta especularmente en esos pequeños, pobres, solitarios cuerpos humanos: se combinan Uruguay: la tierra, la identidad, lo colectivo y la historia con Miss: yo, el cuerpo, el ser, la identidad subjetiva mirada y transformada desde esa mirada. El nombre “miss” también hace presente a la mujer, y connota belleza y juventud, todas ellas transformadas por la violencia, violencia del mundo, del desamor, de los poderes y, muchas veces, de los varones.
- Luisa Valenzuela y la escritura
(sobre el libro ¿De dónde vienen las historias?) - sábado 23 de agosto de 2025 - The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig:
los principios especulares de una novela policial - lunes 9 de diciembre de 2024 - La subjetividad del discurso
(a propósito de Miss Uruguay, de Alondra Badano) - viernes 11 de octubre de 2024
Notas
- Cuando hablo de “figuración” lo hago en el sentido barthesiano; es decir, que pretendo reconocer el modo en que el texto se abre de su sentido “literal” y propone una fisura significante que depende del “cotexto” en el que se desarrolla la historia.


