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El silencio en los ojos enrojecidos de la noche
(sobre No te mueras en Palermo, de Melvyn Aguilar)

sábado 15 de agosto de 2026
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Melvyn Aguilar
En No te mueras en Palermo Melvyn Aguilar retorna al principio de todo y de nada, a la nacencia del ser desde el agua convulsa que emana del alumbramiento.

Los poemas de Melvyn Aguilar Delgado (Costa Rica, 1966) son escritos en la noche. Sin apuros. Sin tapujos. Con el caleidoscopio indecible del esteta. Desde una confesión auténtica que resalta las libertades impregnadas en las nubes, en el viento vespertino o en un vagón de tren desvencijado. Es que de los recuerdos también están confeccionados los versos de este poeta que arremete sin reservas en la búsqueda incansable e insaciable del grafema preciso que coadyuve a esclarecer la conjunción de los contrarios. Ya lo dijo Antonio Gala: “La poesía, una reunión de contrarios”. Porque de la multiplicación de contradicciones y paradojas se halla recreado el poema que aguarda la nostálgica impresión de los siglos.

En No te mueras en Palermo, Melvyn Aguilar delinea un discurso con irreverencia lingüística, que proviene de los momentos rutilantes de la niñez, abrigado en el seno familiar. Aquí quedan citados el padre, la madre, la abuela, quienes son las figuras que explícitamente acompañan para siempre en el tránsito existencial: “Mamá es un pájaro dichoso, volando sobre las nubes”. Tal como lo sugirió Rainer Maria Rilke en sus Cartas a un joven poeta, de la niñez se debe extraer la riqueza incontenible (o sea, la matemática verbal) de las más significativas evocaciones que reposan en la huella del pasado. Asimismo, germinan rostros y marcas féminas: Jeannette, Carmela, Alejandra, Angélica, Andreia.

Ese apego filial (raíz y motivo textual) se observa descifrado por un mecanismo lúdico de experimentación con el lenguaje, en cuyo instrumento poético se desprende la válida opción prosística como extensión expresiva que recurre a trazos anafóricos: “Ella y su mandil. Ella y el hueso abrasado [...] Ella, hilo de agua mansa. Ella y las piedras coronadas de verde —húmedas, lejanas, insondables. Ella con sus piernas largas y desnudas”; o a líneas onomatopéyicas: “El Ruuunnn incisivo de los motores”, “bum, bum, bum. Golpe asmático, golpe pulmonar”; o a la directa aliteración: “REMAN, RUGEN, ZUMBAN”, “el triste canto que canta el canario castaño del ayer”; o a la impresión metafórica: “El mar es un animal confuso”.

“No te mueras en Palermo”, de Melvyn Aguilar
No te mueras en Palermo, de Melvyn Aguilar (World Graphics, 2024).

No te mueras en Palermo
Melvyn Aguilar
Poesía
World Graphics Ediciones
San José (Costa Rica), 2024
ISBN: 978-9930-9773-2-3
66 páginas

Con un acompasado estilo que lo vuelve inconfundible, el autor de No te mueras en Palermo retorna al principio de todo y de nada, a la nacencia del ser desde el agua convulsa que emana del alumbramiento: la vida a partir de la inocencia azul, del llanto azul, de la fragilidad azul, entre el canto del pájaro perecedero y la posterior ruina de los días: “Cuesta sostener lo esencial en las pupilas”. Con la mirada triste (“Se me quiebran los ojos”), la llaga viva y la felicidad extraviada en los rincones de la lejana alborada, este poemario abrevia un extrañamiento ante lo acaecido, la pesadumbre que se refleja en las flores marchitas, los antecesores en la vana remembranza, las esferas del destino incierto, los sauces que lloran, en tanto, “tengo enferma la esperanza”.

Según Mario Benedetti el poeta “ejerce un cuidado corporal de la palabra: sólo así ésta podrá dar lo mejor de sí misma”. Ante lo cual, en este conjunto de poemas tal esmero semántico es asumido a través de formas distintas a la tradición lírica, o, mejor dicho, con formas innovadoras de apropiación simbólica, empezando por la combinación variada de la tipografía que exige del lector suma atención en su desciframiento. La estructura de la obra está encauzada por tres partes: “Topología del cielo (Los imaginantes)”, “El teixidor de morts” y “No te mueras en Palermo”, que van en cadena (o, a su vez, en encabalgamiento sintáctico) como tres partituras in crescendo; acertada exposición en vigor a veces hiperbólica, y otras, descriptiva: “Silban plumíferos caballos sobre la macabra simetría de las metrópolis”; “Los días se me caen a pedazos [...] Se me caen de las manos”; “En el árbol, la fruta: verde, potente, creciente, suspendida entre la tierra y el cielo”; “La candela, el atardecer, los fosfenos, la luciérnaga, el sobrevuelo de los diminutos asteroides de mayo atraídos por la LUZ”.

La composición literaria posee una superficie que abarca la significación mitológica, en donde las divinidades merodean las páginas como una especie de contacto espiritual con la larga vigilia grecolatina, y, desde luego, con la cercana tradición amerindia. Y, el deceso de la persona cercana guarda el íntimo susurro versal: “La muerte tan sólo es ausencia de lo tangible” (“La mort tan sols és absència del que tamgible”). El poeta traza con desgarro la separación definitiva de alguien especial. En la ensoñación queda la complicidad felina, el olor de la niebla, el corazón ardiente, el resquicio de la voz entrañablemente dormida, “este eterno recorrido por la finitud de la sombra”.

Para Gala, la poesía es “una quemadura con la realidad más honda y verdadera”. En No te mueras en Palermo la realidad es transformada-trastocada en la pira escritural, bifurcación entre la primera escala del singular y lo colectivo: “yo, en tan sólo una vida, he sido una multitud”. Poesía de barro, sangre y soledades.

Aníbal Fernando Bonilla

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