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Sonetos desposeídos

lunes 9 de mayo de 2016
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II

El Dios de la melancolía
hace llorar al césped en las mañanas,
con sus suspiros empaña las ventanas
y vuelve nuestra alma húmeda y fría.

La memoria es todo cuanto nos confía
sumiéndonos quizás en sus nostalgias
deshoja las rosas, marchita las cartas,
con la luna nos canta su melodía.

Es el Dios de la melancolía,
trae al presente tus pasadas almas,
y lo que no hiciste por tu cobardía

vuelve a poblar como lluvia en tu mirada.
Los gritos de mis sueños son su ambrosía,
él es quien en silencio me dicta estas palabras.

 

III

Cuando te mires marchita y desolada
en los finales de tu umbral sombrío,
cuando la soledad se adentre como el frío
y tú seas un árbol seco por la helada,

volverás hacia atrás con tu mirada
buscando los rayos de tu amor más fuerte,
y desde el desierto y el ártico presente
vendrá la oscuridad a darte la nada.

En una esfera de vacío acumulada
darás vueltas buscando eternamente
el beso que te borró una vez la muerte,

el que bajo la tormenta te sosegaba.
Ni pasado, ni futuro, ni presente,
serás un ¡Ay! clavado en un instante.

 

IV

Amor de nombre censurado
cuyas penas gritaba en mi abadía,
la que tanto cantó de noche a día
son sus besos ahora silenciados

por Olvido que oscuro ha sosegado
las penas de mi memoria tardía,
y trae susurrante hasta mis días
las palabras que antaño nos mataron.

El reflejo de un ánima perdida
cuyo espejo está roto ante mis pasos.
El danzar de una llama que movía

por las sombras del pensar a sus abrazos.
El amor que versar la vida había
hoy nombrarla le prohíbo a mis manos.

 

V

En oscuras soledades refugiado,
en profundos abismos de tristeza
donde siento de tu cuerpo la tibieza
y pareciera que no te has marchado.

Andando por las calles desolado,
de mis palabras huyendo van las gentes,
y aunque parezcan brizas del presente
son tormentas de terror desde el pasado.

Mis labios se reúnen silenciados
con las formas de las sombras viejas,
nadie huye y aún no te has marchado.

Mi nostalgia muere si la tú la nombras,
aunque tu voz sea un eco perdido
sin tu cuerpo, sin palabras, sin tus bocas.

 

VI

Desoladas planicies venideras
que darán desdichas por cultivos,
sus brisas son nuestros suspiros
esperanzados en dichas verdaderas.

El futuro, esa falsa primavera,
sus lagos son nuestros llantos estancados,
admirados desde el presente que ha llamado
incertidumbre a esa sublime pradera.

Dejaré esta vista inserta y me iré al bosque
conoceré las aves, las frutas y las plantas,
volveré antes de caer la noche,

no soportará la oscuridad mis esperanzas.
Añadiré a mi cuenta un último poniente
y me iré a soñar al Mar en calma.

David R. Loisi
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