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La puerta de marfil negro

jueves 21 de marzo de 2024
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Existen librerías reconocidas por su diseño, por la experiencia que ofrecen a sus visitantes, por las historias que encierran, la cantidad de títulos que albergan o los secretos que protegen. Por ejemplo, en Moscú —a pocas cuadras de la Plaza Roja— se encuentra la Biblio Globus; fundada en 1957, cuenta con más de doscientos cincuenta mil títulos, en su gran mayoría en ruso. Tras la caída del bloque soviético, se reveló que detrás del cuadro en gran formato de Vladimir Ilich Ulianov señalando el horizonte al pueblo, se encontraba un falso muro de yeso que ocultaba una escalinata de piedra que conducía a unas antiguas bóvedas donde se escondió, junto a otros objetos de valor, el único ejemplar sobreviviente de “Искусство проходить сквозь плоть” (El arte de atravesar lo denso), del siglo XVII y atribuido a Zakkhar el Mago, de quien se dice que escribió este libro luego de haber dominado el arte de transformarse en cuerpo sutil y volver a adquirir densidad a voluntad. Una vez hollada dicha bóveda, su contenido se extravió sin dejar rastro alguno.

Otro ejemplo de librería emblemática es la Livraria Lello, fundada en 1869 en Oporto, Portugal, que ha sido reconocida por ser “la tercera librería más bella del mundo”, según el diario inglés The Guardian. Quienes jamás la hayan visitado, la podrán reconocer dentro de una saga cinematográfica que habla sobre un joven mago llamado Harry, cuya librería se inspiró en esta.

Imperdonable sería omitir que en la Argentina se encuentra la colosal librería El Ateneo, que ostenta el trofeo de ser la librería más grande de Sudamérica y la segunda mejor librería del mundo, según The Guardian. Ocupa el lugar del otrora teatro Grand Splendid, conservando su exquisita arquitectura hasta el día de hoy. En el bar que funciona sobre el antiguo escenario, es posible examinar cualquiera de los cuatrocientos mil ejemplares exhibidos en sus estanterías, desde las obras completas de Heráclito, Parménides y Zenón de Elea —en cuyas páginas se pueden leer tanto en griego como en español— hasta el Principia Mathematica et Philosophia Naturalis de Isaac Newton. Las evidentes estanterías dedicadas a Bioy Casares, Borges y Sábato resultan ser el punto de detención obligado para sus visitantes.

Existe otra librería fascinante y menos conocida, una que vive en el rumor, en la leyenda urbana de muchos países, y de la cual no se tiene evidencia alguna.

Sin embargo, existe otra librería fascinante y menos conocida, una que vive en el rumor, en la leyenda urbana de muchos países, y de la cual no se tiene evidencia alguna. Sobre sus referencias, durante 1873, el místico copto Paulos Metamon recibió una carta de Helena Petrovna Blavatsky, quien le aseguraba haber ingresado a una monumental librería oculta tras una puerta de marfil negro, en un pasaje ubicado en un bazar en El Cairo. “Maestro Metamon, me urge reunirme con usted a la brevedad. He hallado en El Cairo una entrada a una librería como no existe ninguna en este mundo. Me he pasado años examinando sus pasillos, intentando paladear el conocimiento que allí se almacena…”. Blavatsky aseguraba haber pasado cinco años dentro de la librería, y sostenía que cuando abrió la puerta para salir, apareció en un lugar de calles congeladas, que horas más tarde reconoció como Reikiavik. Según cuenta Metamon, el propósito de Blavatsky de congregar a los médiums europeos más reputados de la época, no fue sino dar con el paradero de esa librería.

Otro de los relatos asociados a este particular espacio se atribuye a Anna de Sachsen, quien siendo pequeña fisgoneó una de las reuniones en las que, durante 1930, su tía Ludovica Hammerstein había sido anfitriona de Erik Hanussen y otros personajes del mundo del ocultismo alemán. En aquella ocasión, Hanussen habría afirmado que en el año 1916 en Praga, visitando el Monasterio de Strahov en busca de una de las copias de la Clavícula Salomonis, se encontró de casualidad con una puerta de marfil negro, en medio de un pasillo. Relató que la puerta se suspendía en aquel espacio recortado, y que se le erizaba la piel cuando veía con estupor que, al flanquearla por sus costados, apenas parecía una sutil línea, pero que, al observarla desde su cara opuesta, no estaba: sólo veía el pasillo sin puerta. Al volver a rodearla, volvía a aparecer frente a él su cara lisa, de marfil negro opaco. Y al tocarla suavemente con los dedos, se abrió ante él una bóveda del tamaño de quinientos palacios de Neuschwanstein. Decía que, al entrar en aquel lugar, la galería del monasterio se disolvió tras él. En su relato, Anna de Sachsen comenta que Hanussen había tardado siete años en recorrer los estantes y pasillos interminables de dicho espacio y que, al salir de aquel lugar, había aparecido a dos cuadras de su departamento en la misma ciudad. Una de las cosas que más impresionaron a la pequeña Anna fue que él se ufanó de haber recogido un conocimiento sobre el futuro de la humanidad, que estaba seguro le permitiría convertirse en el hombre más poderoso de Europa.

Otras referencias se han encontrado en Mongolia, Turquía, Damasco y el Perú, en forma de rocas talladas en las que claramente se aprecia un rectángulo con una especie de aura o campo a su alrededor.

Sin embargo, los antecedentes más completos fueron encontrados en una casa patronal en la localidad chilena de Codegua. Tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, el agricultor Rogelio García tuvo que viajar a su pueblo para intentar rescatar los pocos bienes que se habían salvado tras el derrumbe de la casa de su infancia. Mientras se daba a la ejecución de la triste tarea, encontró de casualidad, en el escritorio de madera nativa de su padre, un cajón donde guardaba su lapicera de plata y su reloj de bolsillo, y una libreta de cuero en cuya primera página rezaba “Memorias de la librería Fantasma del salar de Uyuni”, con las siglas A. G. F. debajo, seguidas de una cifra: 1946. Se puede leer en sus páginas: “Una de las cosas que me costaron entender de este lugar es que los estantes no están ordenados de la manera tradicional, es decir, no están por temas como botánica, zoología, mineralogía o poesía; sino por intenciones, como paz, felicidad, poder o amor. Tampoco se encuentran ordenados por autor; de hecho, ningún libro posee o refiere uno. Otra característica es que no existe ningún volumen que se encuentre terminado; por el contrario, son ideas, proyectos, ensayos, reflexiones o desarrollos inconclusos. Por ejemplo, en el volumen titulado Conatus analytica solutio aequationum cubicarum se lee en la primera página la forma general de la ecuación cúbica, y un gráfico con su forma estándar, donde está marcada en rojo la cuerda comprendida entre las tres raíces. Debajo de ésta, el desarrollo de la integral definida de línea comprendida entre las raíces r1 y r2, y otra integral de línea entre las raíces r2 y r3. Unos intentos por resolver dicha integral y una interrogante escrita en lápiz de tinta café que reza: ‘¿Pudiera dicho cociente ser una constante? ¿La constante áurea quizás?’.

”Otro ejemplar que llamó mi atención se titulaba ‘Intento por escribir un libro recursivo’, en el cual se recogen las reflexiones de su autor respecto de la estrategia para abordar dicho cometido. ‘En la primera página comenzaré escribiendo sobre una mujer que se encuentra en una tarde de primavera sentada en un café en la rue Saint Germain observando a la gente que camina por la vereda, y que saca de su bolso una libreta, en la que comienza a escribir un relato, y cuya primera página sería sobre una mujer que se encuentra en una tarde de primavera sentada en un café en la Rue Saint Germain observando a la gente que camina por la vereda, y que saca de su bolso una libreta…’.

Pasillos que contienen volúmenes sobre la exploración de las dimensiones superiores, otros donde se exponen ideas sobre cómo someter a la humanidad son otros ejemplos.

”Algunos libros —continúa— contienen sólo una hoja escrita o incluso una oración. Otros, en cambio, están lo suficientemente avanzados como para suponer que faltan unas pocas páginas o líneas para su fin. Especialmente fascinante es el ‘Intento de Enciclopedia Desconocida’, un trabajo monumental de veintitrés tomos, en cuyo tomo XIII se presentan 33 páginas vacías bajo el título ‘Sobre las técnicas de redención ancestrales y saltos a universos paralelos’.

”Pasillos que contienen volúmenes sobre la exploración de las dimensiones superiores, otros donde se exponen ideas sobre cómo someter a la humanidad son otros ejemplos…”.

En otros pasajes de la libreta A. G. F. hace mención de las dimensiones del lugar, y sobre la manera en la que transcurría el tiempo allí —si acaso se puede hablar de espacio y tiempo. “Esta librería es de dimensiones inimaginables por la diversidad de intenciones que existen. Las longitudes de las estanterías son variables: algunas de unos pocos metros de extensión y otras que tardan meses en ser recorridas por completo… Con la particularidad de que van aumentando su extensión a medida que se agregan libros bajo dicha intención… Los volúmenes —como bien se puede adivinar— simplemente aparecen. No hay libreros ni encargados de la mantención del espacio. Y al igual que los libros aparecen, lo hacen las intenciones… Lo que puedo entender como un día es particular. Mientras duró mi estancia en aquel lugar, nunca fue de noche. Más bien una luz suave que lo invadía todo, y la sensación de que el tiempo transcurría con tal lentitud que parecía no existir. Era consciente de lo que tardaba en leer un ejemplar o algunas páginas, y de esa manera construir mi propia noción del tiempo…”.

Con relación a otros visitantes, aparece lo siguiente: “Nunca vi a nadie de carne y hueso, sino más bien formas difusas que evocan a una persona. No existía el habla, sino la transmisión de sentimientos entre unos y otros. Si quería preguntar a una entidad dónde encontrar algo relacionado con la intención de elaborar un tratado sobre leyes, debía conectar con el sentimiento de justicia y entonces la entidad me orientaba con una sensación como la tibieza para indicarme el sector donde probablemente podría encontrar lo que andaba buscando, y la interacción con la entidad terminaba al transmitirle gratitud…”.

En otro pasaje del relato, se refiere a las obras que efectivamente se terminaban: “Me pasó una vez que estaba leyendo un poemario de amor de 125 páginas, y en la mitad de la página 57 el libro se desvaneció entre mis manos… lo que me hizo comprender que dicha obra había sido concluida”.

Sobre cómo el autor de este relato logró salir de dicho espacio, escribió: “Así como veía aparecer entidades, otras se disolvían en el espacio. Observé esta situación varias veces, y al preguntar a otro ser sobre dicho fenómeno, tuve que conectarme con la sensación de la despedida, ante lo cual me transmitió la sensación de entusiasmo y satisfacción. Esto me llevó a darme cuenta de que la manera de salir de aquel lugar era cuando había logrado leer, o concluir o imaginar algo que me hiciera sentir contento, satisfecho, inspirado para ejecutarlo en mi vida… Y así fue como tras incontables ejemplares revisados, tuve una idea inspiradora, que produjo tal gozo en mi corazón y tal convencimiento de querer llevarla a cabo, que nuevamente apareció la puerta de marfil negro frente a mí… Y al abrirla, estaba aquí, en Codegua, con el deseo de comprar unos predios para establecer aquí un viñedo…”.

En la última página de la libreta, sólo una línea: “Esta es la historia sobre cómo en una tarde de verano de 1949 conocí a mi Rosa, cortando las vides”.

Estos extractos se incluyen dentro del relato autobiográfico que Rogelio García escribió entre 2016 y 2017, con el propósito de revelar y generar debate sobre este fantástico espacio.

Repasando las notas de la libreta, García menciona un breve intercambio epistolar con J. L. B, quien rebatió la existencia de aquel lugar y esbozó una acusación sobre un burdo intento de plagio de un cuento titulado “La biblioteca de Babel”: “Sólo puede existir una biblioteca primigenia e infinita, y es la que, para su desgracia, he imaginado yo… Cualquier intento por imitar —o acaso preterir— dicha arquitectura, quedará en evidencia ante el escrutinio del más lego de los aficionados a la literatura…”.

Rogelio García invirtió seis años en buscar evidencia sobre reportes relacionados con la puerta de marfil negro, sin éxito. El solo hecho de imaginar que, de alguna manera, la historia de amor de sus abuelos Aurelio y Rosa hubiera sido una alegoría a Borges —ergo, un plagio— le resultaba insoportable.

Contactó a los amigos de los amigos de los amigos pidiendo el favor de pasar una tarde en la Gran Biblioteca Masónica y su homóloga Rosacruz.

Para desbaratar esta idea, se dio a la tarea de visitar cada una de las librerías más reputadas de todo el orbe, así como las bibliotecas de Washington, Londres, Berlín, Madrid y Buenos Aires. Contactó a los amigos de los amigos de los amigos pidiendo el favor de pasar una tarde en la Gran Biblioteca Masónica y su homóloga Rosacruz. Pensó en Hugo de Payens, y en el Gran Maestre de la Orden de los Caballeros del Temple, como potenciales visitantes de tan privilegiada experiencia. Escribió monografías dirigidas a los respectivos Venerables Bibliotecarios y Gran Maestre de Latinoamérica, cuyas respuestas eran las esperables: necesitaba ingresar a las órdenes para acceder a sus bibliotecas una vez que fuesen iniciados.

Una mañana lluviosa de 2018, mientras Rogelio García bajaba desde la localidad de Cochihuaz, donde se encuentra oculto el último templo rosacruz, su camioneta perdió el control, rompiendo la precaria barrera de contención y encontrando su destino final cincuenta metros más abajo, en el lecho del río cuya localidad lleva su nombre. En los peritajes del SIAT de Carabineros de Chile, sin embargo, se consigna que la camioneta se encontró sin ocupantes en su interior.

Javier Aránguiz Léniz
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