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Historias en miniatura, de Indira Geovana Bush Tapia
(primeras páginas)

martes 2 de junio de 2026
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“Historias en miniatura”, de Indira Geovana Bush Tapia

Shamsung, la pequeña mofeta

Capítulo 1

“Himalaya” en sánscrito significa “arriba de la nieve” y es sencillamente la cadena montañosa más alta de la Tierra. Se localiza íntegramente en Asia y forma un arco continuo de 350 kilómetros de ancho por 2.900 kilómetros de largo, recorriendo Bután, China, Nepal, Tíbet, India y Pakistán.

La expedición del profesor y biólogo Alford Brackman junto con los demás miembros, entre ellos geólogos, montañistas y también turistas, dado que las agencias comerciales ofrecen la visita a este sitio como broche de oro para sus circuitos, se encontraban en Katmandú. Estaban en un salón adecuado para la conferencia liderada por el doctor Brackman, quien estaba a punto de iniciar su escalada a través del majestuoso monte Everest.

Su nombre viene de un cierto homenaje que se le hizo a sir George Everest, un ingeniero militar británico que sirvió en la India entre 1829 y 1843. Everest fue la primera persona en determinar la ubicación y altitud de la montaña, hasta entonces conocida como monte XV. Sin embargo, la mayor parte de los nepaleses se refieren a ella como Sagarmatha (diosa del cielo); mientras que los tibetanos, incluido el pueblo sherpa del norte de Nepal, la llaman Chomolungma (diosa madre del mundo).

Historias en miniatura
Indira Geovana Bush Tapia
Narrativa
Editorial Caligrama
Sevilla (España), 2025
ISBN: 979-1387763015
384 páginas

—Señores, para intentar escalar el Everest, existen dos períodos buenos. Ambos están separados por un frente de vientos húmedos y fuertes denominado monzón, asociado al verano asiático, que dura aproximadamente entre junio y agosto. Esta inestabilidad provoca frecuentes tormentas con los subsecuentes peligros para una escalada: bajas temperaturas, nevadas, viento blanco, avalanchas y visibilidad cero. De estas dos épocas, el premonzón es mi preferido y el de la mayoría porque tiende a ser más estable y extenso (abril-junio). El posmonzónico, a su vez, es en septiembre.

—¿Por eso escogió esta fecha para iniciar nuestra aventura, doctor?

—Así es. Muy pronto comenzará la época apropiada para iniciar nuestro recorrido. ¿Cuál es su nombre?

—Arthur.

—Señor Arthur, en la época de abril será menos riesgoso. Aunque no descarto alguna inseguridad debido al terreno que nos enfrentamos y que les explicaré en el transcurso de la conferencia.

—¿Y si surge algún problema? —pregunta uno de los asistentes.

—Tenemos unos campamentos superiores. Desafortunadamente, para acceder a los campamentos superiores, es necesario remontar la cascada del Khumbu a través de un camino serpenteante, rezando porque la suerte esté con uno. En promedio, cada integrante de una expedición debe atravesarla unas veinte veces, entre subidas y bajadas.

—¡Me encantan las aventuras! —exclama un asistente.

—El señor Alford exagera. Hemos hecho estas caminatas muchas veces y no ha sucedido ninguna calamidad —refuta Stevenson.

—Esto no nos exime de los peligros, doctor Stevenson.

—Sí, pero es bien cierto que, localizado a un costado del glaciar Khumbu, se reúne cada año a una verdadera cofradía de montañistas de todo el mundo con un solo objetivo: ascender el Everest, y hasta el momento no hemos tenido ninguna queja. Por el contrario, cada año miles y miles de nuevos expedicionarios se unen a nuestras expediciones.

—Sí, pero se llega en una jornada de caminata desde Lobuche, o bien en cinco desde Namche Bazaar —explicó el doctor Brackman, apuntando con la regla el mapa—. Está sobre la morrena, protegido de la cercana y mítica cascada del Khumbu. Esta es una especie de brusca caída del glaciar. En menos de dos kilómetros horizontales, baja seiscientos metros, conformando una masa inestable y salpicada de bloques de hielo que pueden caer en cualquier momento.

—Doctor Brackman, hablando de esa manera parece que buscara ahuyentar a los miembros de la excursión.

—No es ese el caso, solo quiero hacerles saber a lo que se enfrentan.

—Señores, no se preocupen. Como saben, vamos acompañados de excelentes médicos. Además, el campamento base partirá unos días antes que nosotros para ir despejando el camino —afirmó Stevenson.

Durante la semana entre el 24 y el 30 de marzo, los expedicionarios permanecieron en Katmandú para hacer las últimas compras y recibir del Ministerio de Turismo el documento oficial que les acreditaba el derecho a realizar la ascensión por la vertiente nepalesa.

—Bueno, damas y caballeros, estamos casi listos. Los primeros días de abril emprenderemos el viaje de acercamiento a la montaña. Primero nos desplazaremos en helicóptero hasta Lukla, un pequeño pueblo a los pies del Himalaya, y luego iniciaremos una caminata de una semana que termina en el campamento base del Everest, a 5.300 metros.

El líder del grupo poseía un extraño mapa satelital que mostraba el Everest de una manera distinta. En azul se distinguía la ruta de aproximación desde Namche Bazaar hasta el campamento base del Everest. Se aprecian los tres principales glaciares que conforman el Everest: el Rongbuk, el Kangshung y el Khumbu.

—Doctor Brackman, ¿qué haremos cuando lleguemos al campamento base?

—En el campamento base tendremos nuevamente una semana de preparativos sin movernos, lo cual nos permitirá adquirir la aclimatación mínima para comenzar a instalar y proveer los campamentos de altura. Desde aquí se hará el ataque a la cumbre, en una jornada que se inicia a las diez de la noche y que puede llegar a durar veinte horas. Estimamos que los intentos se harán a partir del 5 de mayo, con fecha probable de éxito el 15. Evidentemente, esto depende de la velocidad de nuestra progresión, el estado de aclimatación y, por supuesto, el estado del tiempo.

—Se ve un poco complicado, ¿todos iremos hasta la cumbre? —preguntó Melissa Conowey, una bióloga que realizaba su primera expedición.

—No existen integrantes seleccionados para llegar a la cumbre. Todos tendremos nuestra oportunidad y será la montaña misma la que decida quiénes están en mejores condiciones. El único prerrequisito que nos hemos autoimpuesto es que si alguien quiere intentar la cumbre debe llegar al collado sur sin el uso de oxígeno, aunque está contemplado su uso para la última jornada.

—¿Cuánto tiempo estaremos ahí?

—El 24 de mayo debemos retirarnos del campamento base para iniciar el largo regreso a casa: tres días caminando hasta Lukla, un viaje en helicóptero hasta Katmandú y luego avión hasta nuestro respectivo destino, donde estaremos llegando aproximadamente la primera semana de junio.

Las cocinas y baños se transportaron, junto con los porteadores, médicos, periodistas, investigadores, biólogos, montañistas y oficiales que se reunieron en la dura morrena, localizada a un costado del glaciar Khumbu. El campamento es armado con la ayuda de porteadores de altura y aprovechando el proceso de aclimatación que realizan los montañistas, quienes tienen la misión de subir las cargas. Después de llegar al campamento base, se dirigen al II. Es un lugar localizado al final del valle del Silencio, donde la meseta se encuentra con las laderas del Lhotse. Está ubicado donde nace la cascada, en una meseta plana y brillante denominada valle del Silencio. Después de superar la cascada de hielo, los montañistas arriban al valle del Silencio, una extensa meseta de tres kilómetros de largo por setecientos metros de ancho, que se eleva suavemente hasta llegar a los faldeos del Lhotse. Pese a su apariencia gentil, de las montañas que lo rodean caen avalanchas y está lleno de grietas. La vista que se aprecia es espléndida. Un circo de montañas que parte a la izquierda con la pared sudoeste del Everest, luego el collado sur, el Lhotse y el Nuptse.

Llegaron al siguiente campamento. Es una especie de campamento base avanzado, dado que tiende a ser el punto de partida para los intentos de cumbre. Por ello, es grande, cómodo y bien abastecido.

—Estoy muy cansada —exclamó Melissa.

—¿Están todos bien? —preguntó el doctor Brackman.

—Eso parece —responde Melissa observando a su alrededor.

—Como ven, el tener varios campamentos tiene sus ventajas. Si el tiempo es malo en los campamentos superiores, los montañistas pueden descender al II para recuperarse sin debilitarse en demasía. Además, se posee una buena visión periférica y la cumbre es visible, lo que nos da pautas razonables del comportamiento futuro del tiempo. Pónganse cómodos, señores, dormiremos aquí. Coloquen las cosas ahí dentro y preparémonos para comer algo —expuso el doctor Brackman.

—Sí, estamos hambrientos —exclamaron al unísono los participantes.

 

Durante la cena

—Estoy muy contento con el grupo, ha respondido bien y han colaborado mucho. El camino que viene ahora no será tan fácil como hasta el momento, apenas se sale del campo II debe encararse la empinada y peligrosa ladera del Lhotse, la cara noroeste del Lhotse exactamente.

—¿Correremos peligro? —preguntó uno de los turistas.

—Si bien no es extremadamente difícil, es empinada y cubierta de hielo.

Bastante exhausto, el grupo se dispuso a dormir. El doctor Brackman miraba al infinito, Melissa Conowey se le acercó.

—¿Cuántas veces has escalado el Everest?

—Seis.

—Okey, seguro tendrás el récord.

—No, no es así.

—¿Por qué lo haces?

—Porque me gusta. Además, trato de concientizar a las personas que quieren disfrutar de la naturaleza de que si queremos algo de ella debemos respetarla.

—Sí, estoy de acuerdo contigo.

—¿Qué haces aún despierta?

—Escribo.

—¿Qué escribes?

—Mi diario; escribo toda la emoción que he vivido en estos días.

—Deberías ir a dormir, mañana será un día largo.

—¿Y tú no irás a descansar?

—Sí, ya me voy. Que descanse, señorita Conowey.

—Melissa, solo Melissa.

—Que descanses, Melissa.

El sitio donde se emplaza el campamento es a medio camino, en la pared misma, antes de pasar la franja amarilla, en unas pequeñas plataformas excavadas y protegidas con rocas. El lugar llega a ser tan incómodo y extremo que muchos sherpas prefieren evitar dormir en el III y se dirigen directamente al siguiente.

Probablemente, uno de los lugares más desoladores de la Tierra.

A la mañana siguiente, durante el camino a casa por el costado de una pendiente, Alford Brackman alcanza a ver a un animal lastimado a los pies de un árbol.

—¡Por Dios! ¿Qué te ha pasado, muchacho?

Sacó unas vendas que traía en su maletín de equipaje y lo cubrió con las mismas.

—¿Qué va a hacer con él, doctor Brackman?

—Lo llevaré conmigo. Si lo dejo aquí, es muy probable que no amanezca vivo.

 

Capítulo 2

Annapurna

—Mamá, ¿por qué tengo que comer con eso?

—Porque así comían tus antepasados y así comemos nosotros.

—¿Y no sería más fácil coger el arroz solo con las manos?

—No sería correcto. Ven, te enseño, pequeño mío. La parte más gruesa del palillo se ubica en la base del pulgar y la más fina sobre la yema del anular.

Cada etnia de China se identifica por unas costumbres diferentes que se aprecian en aspectos diversos como la comida, la ropa o la vivienda.

—Chan, préstame atención.

—Es que se me va a escapar el saltamontes.

—Jovencito, deje eso para después, es hora de comer. Así no, pequeño, el primer palillo queda fijo y el otro se ubica entre el índice y la yema del pulgar. Observa, para hacerlos trabajar se tiene que lograr que la punta del palillo de arriba se mueva hacia la punta del de abajo. De esta manera, se puede levantar y llevar a la boca un trozo de comida. ¿Ves qué fácil?

—Déjalo, querida, es solo un niño.

—Cariño, ¡regresaste!

—Papá, ¡volviste!

Chan, emocionado, rodeó el cuello de su padre.

—Sí, pequeño, y te traje una sorpresa.

—¿En serio?, ¿puedo verla?

—Cierra los ojos.

Al abrirlos, Chan miró con asombro su obsequio.

—Es fabuloso, ¿qué es?

—Una mofeta, hijo.

—¡Es fantástico! Papá, ¿puedo quedarme con ella?

—Solo durante un tiempo, Chan. Cuando se recupere, debo llevarla a la zona de reserva.

—¿Por qué?

—La mofeta está en vías de extinción.

—¿Están en extinción, querido?

—Bueno, la alteración de la zona húmeda y la caza furtiva con lazos, cebo y trampas son las amenazas más graves.

Alford Brackman, biólogo inglés, dedicado a la conservación y reserva del medioambiente y defensor de las especies del planeta, tomó al asustado animal y lo colocó en una de las muchas jaulas que poseía en su casa, las cuales utilizaba para introducir algún animal que encontrase en el camino, malherido o que hubiera caído en alguna trampa, para luego soltarlo en uno de los muchos parques y zonas de reserva que él frecuentaba.

—¿Cómo va el proyecto, cariño?

—Muy bien. Al Everest pensamos volver.

Las regiones montañosas, en la mayoría de los casos, son inaccesibles, frágiles, están marginadas del ámbito de las decisiones políticas y económicas y sus habitantes son algunos de los pueblos más pobres del mundo.

—Amor, pero con tanto turista subiendo a las montañas, ¿esto no pone en peligro la fauna y flora del lugar?

—El turismo es una de las mayores industrias de la economía mundial y se calcula que el turismo de montaña constituye del 15 al 20 % del turismo mundial. Sin embargo, la zona de montaña comprende más de 475 espacios protegidos en 65 países y se extiende a más de 274 millones de hectáreas. Además, 140 zonas de montaña han sido designadas como reserva de la biosfera por la Organización de las Naciones Unidas. Aunque muchas comunidades serranas se benefician de la afluencia del turismo, si este se descontrola puede convertirse en una amenaza para sus frágiles ecosistemas.

—¿Allí es donde llevarás a la mofeta, papá?

—Irá a uno de los espacios protegidos. Estos comprenden parques nacionales en los que se promueve la conservación de animales y plantas que con frecuencia ya desaparecieron de las tierras bajas. En mi próximo viaje a Tanzania lo llevaré. Por el momento, podrás cuidarlo.

El asustado animal emitió un intenso grito que asemejaba un silbido humano.

Chan lo soltó y corrió a los brazos de su madre.

Alford Brackman corrió tras el animal, el cual no pudo avanzar mucho debido a la herida que tenía en su pata derecha.

—Quieto, no te voy a hacer daño.

La mofeta miró fijamente a Alford a los ojos y, sin saber por qué, renunció a su esquiva actitud y dejó que la alzara en sus brazos y curara su herida.

—Ven, hijo, acércate.

—No. Tengo miedo.

—Ven, no tienes por qué tenerlo.

—¿Por qué hizo ese ruido?

—Cuando está asustada, grita y silba fuerte. Solo está asustada. Ven, acaríciala para que entienda que no queremos dañarla.

—Qué bueno que hay personas como ustedes, que se preocupan por ellos.

—Sí. Muy a menudo suele verse a las montañas como fuente de recursos naturales y no se presta la debida atención a las condiciones precarias de sus habitantes ni a la sostenibilidad de sus ecosistemas.

 

Capítulo 3

China

Louis, una madre mofeta, se encontraba junto a sus tres pequeños cachorros mirando la radiante luz de las estrellas. Estaba cerca del pantano, en una madriguera que ella misma había excavado en las raíces de un viejo árbol de metasecuoya, cerca del espeso pantano, en un espacio abierto por los años, dentro del viejo árbol. Las pequeñas crías se encontraban rodeadas de montones de leña y troncos que su madre había amontonado para crearles un lugar donde protegerlas de la inclemencia del tiempo y de otros depredadores que habitan el lugar.

Las crías solo tenían una semana de nacidas, eran blancas y aún estaban ciegas. La madre mofeta salía un rato por las noches a cazar pequeños roedores, ranas y reptiles. Luego volvía a su madriguera a amamantar a sus crías.

Cada vez que sentía hambre, salía cerca del estanque que se hallaba a un lado del pantano para alimentarse de peces. Mamá mofeta estaba satisfecha, había comido un buen bocado de peces y comió de postre algunos frutos silvestres que encontró por el camino. Cuando estaba cerca de su madriguera, quedó pasmada por un momento. Una víbora se encontraba merodeando por la fangosa tierra justo enfrente del viejo árbol. Mamá mofeta, después de unos segundos, no vaciló en ir a su encuentro y, de manera desafiante, se lanzó sobre la serpiente.

La mofeta es un animal muy valiente y no teme atacar a animales aún más grandes que ella, pero, a diferencia de otros mustélidos, se limita a matar lo indispensable para sus necesidades. La víbora también salió a su encuentro y le lanzó un latigazo a la madre, quien cayó sobre una roca que se encontraba cerca. Por unos instantes, su mente se nubló, pero luego se levantó erguida. Después de varios zarpazos en los cuales la víbora se retorcía de un lado hacia el otro, Louis dio un salto majestuoso e incrustó sus fuertes uñas sobre la cabeza de la víbora, la cual desprendió de su cuerpo. Por un momento, quedó recostada contra un tronco que se encontraba cerca, con el pulso agitado y mirando fijamente a la entrada de su madriguera. Luego, vacilando, se dirigió con mucho cuidado hacia sus crías. Lastimosamente, una de las crías no estaba. Al parecer, durante los segundos que estuvo tirada al otro lado después del latigazo de la serpiente, esta logró sacar a una de las crías y así convertirla en su alimento.

Mamá mofeta se acercó dulcemente a sus dos pequeñas crías y rodeó con su cola y cuerpo a sus dos pequeñas y junto a ellos lloró amargamente.

—Primero te perdí a ti, amado esposo, hace apenas una semana que saliste a cazar y no regresaste, y hoy a nuestro pequeño Grey. No teman, pequeños, mamá está con ustedes. Prometo no dejar que algo les suceda.

Louis durmió cerca de sus crías suspirando profundamente.

A la mañana siguiente, Louis tomó trozos de la serpiente y los almacenó en su madriguera. También recolectó algunos frutos silvestres que se encontraban cerca, esto evitaría que tuviera que salir por algún tiempo y podría cuidar mejor a sus crías. Estuvo amamantando a sus cachorros por dos meses antes de comenzar a alimentarlos con trocitos de carne.

—Louis, Louis, despierta.

Louis, un poco somnolienta, entreabre sus ojos.

—Louis, tenemos una reunión en la gran roca. Debemos estar allá dentro de media hora.

—¿Qué sucede?

—Tendremos que irnos.

—¿Irnos?, ¿a qué te refieres?

—Debemos dejar este lugar.

—¡Imposible! Este es nuestro hogar, ¿por qué haríamos algo semejante?

—Hay un incendio.

—¿Qué dices?

—No tengo tiempo de explicarte, debo avisarles a los demás. Llega a la gran roca, sé puntual. Allá nos indicarán qué debemos hacer.

(...)

Indira Geovana Bush Tapia
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