“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Tres poemas

miércoles 22 de marzo de 2017

La luz

La luz.
Sus propiedades y sus estados.
Las partículas que la habitan y la conforman.
Sus proyecciones sobre el agua.
La posibilidad del color y la avidez de la retina.
La espera de su aparición,
la melancolía del ocaso.
La experimentación sobre su materia
y el cálculo de sus potencias.
El arco iris, el conocimiento y también la sombra.
El destino que evoca, la ilusión
de las perfecciones.
Las divinidades múltiples, infinitas.
Cada instante en que, siendo átomo,
permaneció indivisa en la plenitud del amor.

 

La batalla del samurái

Dale rosas al cerezo,
los pigmentos más logrados,
Señor de las batallas,
guía su espada justiciera.
Dale vuelo a su armadura
para que corte, liviana,
las praderas del Emperador
honrando a sus ancestros.
Quieran los vientos ser suaves;
los pájaros, compañeros;
los soldados, obedientes;
los bambúes, altos, frescos.
Sólo así las venas del dragón
surcarán el suelo de Oriente
y mil plumas al unísono
dejarán los testimonios al futuro.
Mientras tanto la aldea
estará aguardando tu regreso
y escuchará, noctámbula,
tu paso triunfal
pidiendo abrigo.

 

Pestaña

Quedate así,
por favor no te muevas,
sosteniendo la noche,
pestaña de nácar.
Entiendo tu ser
variable y sensible
mutando tu rostro
en aparente marcha.
Tan quieta y pequeña,
tan necesaria en lo oscuro,
compañera de naves,
viajera, lejana.
Luna regente,
luna gitana,
por favor no te muevas
pestaña de nácar.

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