tu fiesta
te da escalofrío chequear tu cuenta de ahorros,
y el desagüe está tapado,
el bombillo del baño se quemó
y al carro le hace falta uno nuevo para competir
de la oficina te llaman un sábado a las seis
para ver si puedes darles una mano
el domingo,
y te han salido paños en la pierna, juanetes en los pies,
y pelos (vaya uno a saber para qué)
en sitios de los que es mejor ni hablar
como la última mala racha de tu equipo,
entiendes que vas de mal en peor,
“pero otros están más jodidos que yo”,
te dices, como siempre, para darte ánimos
y poder seguir de payaso en tu fiesta—
aguantando
hasta que explotes como una vejiga
soliloquio
sostengo que tengo que morirme de risa
para sobrevivir,
que, aunque sea culpable,
soy el responsable de tu bienestar,
que, aunque yo no hice carrera,
me la he pasado con la lengua fuera
admito que me volteo siempre en la calle
pero que antes me fijo en su cara,
que no he sabido decir “sí”, menos gritar “no”,
y que he estado con putas,
que las he escuchado
(aunque no me hicieron hombre)
sostengo que no creo en el chapulín colorado,
en su “síganme los buenos”,
y que me gusta hacerme “el fuerte”,
hacerme “el que no le importa”,
y que soy, aunque lo niegue rotundamente,
odiosamente generoso,
odiosamente incorregible
a la hora de tirarme a la basura
marcha
vamos en retirada, pero aún bien armados,
hacia el frente de nuestras espaldas
cabizbajos a veces; otras, con la frente altiva,
con los dardos del recuerdo u olvido
en nuestros bolsillos
vamos hacia la i griega de la equis,
con la zeta pensando en lo bien que se veía
la “a” la última vez que la vio en traje de baño
alternando el peso de nuestro destino
en un pie u otro,
vamos porque no nos concierne,
porque no nos conviene
llegar a tiempo, llegar a salvo
sin estridencias
un buen día algo se termina
(lo cual puede ser un mal día, dependiendo de lo que termine,
de lo que signifique para ese alguien,
para esa familia o ese pueblo)
se termina acaso para que el resto continúe en camino
y a la espera,
del mismo modo en que empieza una enfermedad, un capricho,
un conflicto, o cómo surge una jugada de gol
(por un error o una perspicacia,
por obra del destino o por orden de la voluntad,
del espíritu santo: vaya uno a saber)
lo cierto es que un buen día algo concluye,
se despide de ti mientras tú roncas en la cama,
o mientras te das palmaditas en la espalda
algo muchas veces sin cumplir, sin cumplirse,
otras, uno dando las gracias porque no se cumplió,
porque no pasó a mayores (un odio, una mala fe,
una metida de pata)
y se acaba lo malo,
aunque también veamos desaparecer lo bueno
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