Variación sobre una estrofa de Lêdo Ivo o de cómo soy tan gordo
Siempre juré que en el plato de las espinas del pescado
no se perderían el calor y el hambre
porque de no prestar atención
no podría conciliarse el sueño
es importante considerando la hora
cuando la cena se aprovecha y se acomoda la cama
no sin antes beber el vinagre y comer el pan de 180
menos lo que necesite de enfrío
esperando que alguien apague la luz
aunque no haya nadie el cuarto sea cálido y la respiración roja extraña
el pan es importante
aunque no haya se quiera
y afuera el vinagre se llame trabajo
sea duro y también dé hambre
pesada hambre escaldando mi espalda el estómago
eso me sugiere que es tarde para la cena
yo sólo quería cenar tranquilamente
masticar en pequeñas porciones las sobras del pescado el pan
el pan nunca está y también es trabajo y eso duele
Yo tuve hambre cuando en cinco días
mi padre me odió por matar a su madre
pero él no dice nada al verme tan minúsculo y delgado
como una línea delgada de hormigas llevando un trozo de pan reseco
hasta la casa más cálida y simple
plastificándolo en una masa indescriptible y trabajosa
única manera con la que llamaría al cariño de la vieja
de llevarme a la plaza marcarme el paso con zapatos nuevos
y juguetes chinos envueltos en papel ruidoso
a él no le gustan los hombres con hambre
aun si fuera excusa
pero no hace nada
Comíamos pescado los domingos y las espinas le quitaban el sueño
como a mí me quitan el pan de la boca
pero el hambre da sueño perdón
que el pan sea lo único que conozca
el trabajo es demasiado y el hambre
se amontona entre las espinas del pescado del domingo
quería aunque fuera poco el tiempo cenar de manera tranquila
ser tan gordo ante el vinagre que el trabajo se comiera el pan
dejándome en sobras siendo más triste el plato
y el apagador de la lámpara del cuarto ya estuviera frío
esperar la compañía de alguien a cenar no fuera tan cálido
ni tan desesperante aguardar que la luz se vaya
Ya no es vinagre son las sobras del sueño
Siempre juré que en el mismo plato
una espina de pescado no se dañaría
entre el hambre y el calor
del hambre
Reencontrando un diario
Retorno:
El día que encontré el libro de Casares
(¿Acaso imagen suya?)
aquel de la cinematografía
un mensaje de B:
Estoy llena de relojes que ya no avanzan
se enreveran en mí.
Pero están lejos de ser objeto personal, son nudo,
palabra.
Son pielmemoria, imagen,
cigarras que suben hasta mi pecho
confundidas por el pulso más torpe.
Acércate.
No obedecen, se dividen.
Un agregado:
Tristes alacranes de tierras templadas
sólo irritan la garganta con su ponzoña.
Los amo tanto como los conozco.
Es su color traslúcido, casi inofensivo, mi nombre.
Ah, tú los miras, ríes, intentas seguir de largo
y te miras en el vidrio que rodea una vitrina de exhibición.
Desván sin candado
I
Es el caparazón del caracol la casa donde muere.
Quizá el sonido más vital
es el aire que azota esa cancelería.
Tal vez de él no quede más que mucosidad a su paso
y no fueron sus ojos refugio de los del hombre
sino hueste de rutas comunicantes.
Quizá su entrenamiento estuvo
en dejar ojo humano con expectativa
un mejor simulacro.
Es decir, el mensajero conocía la ruta.
II
Los muros han estado por mucho en mis ojos
cuando una puerta se abre repetidamente
un pulso del estómago convierte mi sien en una bengala
si la ventana titubea es mi sexo el que se propaga en la habitación.
Soy una fuente que se fractura y repara a lo largo del día
y repta sobre sí hasta tocar cada uno de los muros.
Marset me dice: Todo lo que hay en mí me ha precedido, y he sido yo mi primer don y mi último donante (...) Lo perdido que nunca llegué a tener, lo no venido que aún me falta, ya son parte de mí. Me son regalados. Me voy siendo regalado.
......................................................................................El estómago palpita y algo sube
.....................................hasta decir cómo ha pasado el tiempo
............y la respuesta permanece agazapada.
Esta coraza es mi cuerpo, esta muerte viene
como el viento en la cancelería del caracol.
III
Dicen que muero y al jardín lo están regando.
Nadie me recordará en casa.
Como si pudiera salir al jardín
y el agua no se convirtiera en mis muros.
Esta mucosidad es tan sólo mi prueba.
Quiero salir, pero he pecado contra el movimiento.
Animal doméstico
Es el mordisco a la fruta la impaciencia
de alguien que dice es tarde y afuera está lloviendo
El hombre se mira y come
como una atracción circense
Ante su ventana no le queda
otra cosa que la humedad de la tierra
No hay más
Le queda un buenos días un mañana volveré
y le pidan tenga fe o que sonría
La fruta no soporta pero él come
su hambre es un aguijón de abeja
El frío es un perro ansioso mordiendo su cola
Él llueve come y esa fruta es salada
Afuera la gente sigue con sus buenos días
¿cuánto tiempo de haberte visto?
Otro pequeño diario
—a la manera de o. lara
sé lo que soy
una lengua altanera en su recámara
un trozo de papel adherido al metal
unos suspiros de tierra en erosión
un croar
la bruma
la puerta cerrada
- Poemas de Arturo Meneses Olivares - martes 18 de abril de 2017


