Ulises
He dejado la lámpara
de la salita encendida
para que,
si vuelves,
seas consciente de que te he estado esperando,
mañanas,
tardes
y,
con especial nerviosismo,
en las noches de luna llena.
Recuerda que debes dejar todo en su sitio,
colocar cuidadosamente tus zapatillas
al lado de la puerta,
y arrojar ese vestido con el que te has travestido
al pozo
en el que te redescubriste hombre.
Deja tu ayer en el felpudo,
sumérgete de nuevo en nuestro Edén,
acuéstate al lado de mis cenizas,
y hazme de nuevo cuerpo,
............................................alma,
.................................................................deseo,
.......................................................................................ser.
Prometo no apuñalarte a reproches
y aceptar,
como si de una ingenua princesa de cuento se tratara,
que te has ido a salvar nuestro reino,
y que traes,
además de una rosa en la solapa,
la cabeza de un dragón
como ofrenda para tu inmaculada amada.
Penélope
Acabo de ver,
entre libros y alguna que otra colilla,
una foto que nos sacamos
cuando aún sonreíamos juntos.
Pensaba que había barrido todas tus huellas,
que únicamente me quedaba
el martirio de encontrarte en todos mis sueños
al mando de mi fragmentado subconsciente.
Reconozco que encontrarte ahí,
agazapado,
al acecho
ha disparado cientos de alfileres
que estaban incrustados
en mi piel con suma delicadeza
fijando un parche grande,
demasiado grande,
que impedía que brotara la sangre a borbotones,
una sangre metálica y con grumos.
Porque tu partida
hizo que mi sangre se volviera robótica,
y mi cuerpo se cubrió
paulatinamente,
de heridas a flor de piel
que desean salir a la superficie
y destilar toda mi pena,
desangrándome de tus recuerdos.
Por eso
pongo parches,
para mantenerte un poquito
más
dentro de mí.
La locura de Penélope
Somos dos extraños
que ni siquiera
se miran ya a la cara.
Te veo recorrer
de manera compulsiva y aletargada
las calles de esta ciudad de provincias,
cargada de humo
y de nostalgias.
Observo que cada día caminas más cabizbajo,
más cargada de miedos tu espalda,
mientras yo
contengo las ganas de sacudirte mil rencores,
de acorralarte de nuevo
en el precipicio de mis piernas abandonadas.
Mas sigues estando aquí,
agazapado entre las paredes de mis recuerdos,
y brotas,
cual sarpullido,
cuando no aprieto mis dientes
y mis encías no sangran.
Relleno hojas de color púrpura,
aliñadas con unas lágrimas descuidadas,
no saben que tu ausencia es ya un hecho
y que tampoco
deseo que llegue la calma.
Alimento mi desdicha con tu silueta,
arranco las semillas de esperanza
que brotan por inercia
entre mis sábanas.
Me satisface saberte amor imposible,
y yo masoquista,
que se recrea en tu desgracia.
La locura de Ulises
Ahora comprendo
tu mensaje desvalido,
tus exigencias de hombre deshecho
y tu reiterada súplica
de despedirnos con un te quiero.
He tenido que recorrer campos sangrantes,
desteñidos cielos de invierno,
tardes escuálidas y suplicantes,
además de muchas noches en sueño errante.
Pero debo confesarte,
que por fin,
abrazo el vacío que sentiste en tu duelo,
el deseo invencible de estrangular mi aliento
y volverte hoja seca.
Desconocía
que el amor
......................pudiera retorcerte
...........................................hasta envolverte
................................................................en un dolor ancestral.
El sueño de Telémaco
Dicen que existe un amor incondicional
que, [fantaseo], surge de las ruinas mismas
de este teatro que se erige cada instante
como la única realidad posible.
[Presupongo] que la nitidez de esa energía
hace que este siniestro engranaje que nos estrangula
posea cierto toque de inocencia,
un aroma a felicidad
que destila el murmullo constante de nuestros pasos.
[Intuyo] que esa fantasía
nos permite levantar una sonrisa
ante la devastación de sabernos ceniza,
simulacro de palabra.
[Comparto] la necesidad de aferrarnos a esta esperanza,
de alimentar las ganas de continuar el viaje,
de sacudirnos las mareas negras,
y esperar
que esta tormenta de metralletas voraces,
por fin,
se paralice ante la risa [cristalina] de un niño.
- Cinco poemas de Laura Fernández Valdés - miércoles 31 de mayo de 2017


