Furia
El cuerpo
es un espacio de traiciones en vigilia.
Tensión inagotable
entre afuera y adentro.
En él no hay orillas
que contengan la tormenta
ni frene la negrura
de los vientos que arrasan.
El cuerpo desconoce
el alcance de su furia
de ese adentro abatiéndose.
Las olas lo expulsan
y todo se borra.
Deterioro
La casa es un síntoma,
la vejez de mi infancia
entre las fotos,
la memoria colgada de los clavos.
Escucho el ruido a fichas de póker
los caires silbando bajito
las mujeres, la canasta, los triciclos.
En sus galerías
jugamos, crecimos y morimos.
Me niego a ver
los rincones vacíos de lo que fuimos.
En sus espejos todavía
soy pequeña.
Migas de pan
Su madre sola
dijo como pudo.
Y ella
formó bolitas con migas de pan
una tras otra sobre la mesa
con distintos tamaños de dolor.
Moldeó ese no ser imaginario
la no respuesta de su madre ante el fin
la sentencia
a no decir más su nombre.
Cicatrices
Le violaron la piel
se metieron en ella
extirparon el miedo,
sangraba.
El cuchillo íntimo
el dolor oscuro
y el lenguaje de las marcas
sobre esa piel tan suya
que no puede arrancarse.
Por qué a mí, preguntó
por qué no, le contestaron.
Observa el tajo que llora
seca la sangre de sus huellas
madura la mujer que habita
en su cuerpo soldado.
Indeleble
Se enreda entre las piernas
de su madre
por miedo a soltarse
y crecer sola.
No hay lugar para otro amor,
siempre entre mujeres
lejos del padre,
ese hombre al que dibuja
sobre la mano
para poder mirarlo.
- Cinco poemas - viernes 24 de noviembre de 2017