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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas

miércoles 31 de enero de 2018
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Cuando despierte de esta flor

Cuando despierte de esta flor
en los desiertos
obligando a despuntar las marcas,
cuando el frío sea el deshielo desflorado
en la marca de tu sexo.
Cuando los ríos desplieguen las turbinas
de los ahogos.
Cuando… todo sea un coronel sin heridas
de soslayo.
Apretará el contoneo de la tierra
desechable como los inviernos
en la garganta.
Estilete de las razones.
Agudeza desnuda en el lecho.
Amante que pone los cuernos
a la frialdad intravenosa, a la incierta
adolescencia de la certeza.
Cuando deslice la morfología de tu silencio.
Cuando el sonido de la lluvia invente
razones para decir lo impensable,
cometeré el perjuro de arrancar los pétalos
entre bocados de apariencia,
mientras ronronea la inquietud
de retar al duelo
los pronombres que invento a la sola
esencia de las mareas.
Cuando finalmente el lecho se traslade al suelo de la cocina,
a la salvaje postura de quien no tiene ni el áspero muelle
del viejo colchón de abandonos,
despertaré por fin de esta flor
que dejo en depósito en la montaña que limita
en mis senos,
abduciré párrafos aguantando las maneras
de colocar
los augurios,
agitando el olor de la madrugada

 

Deforme desierto

Cansados, deforme desierto.
Frío elogio, suave
puerto.
Ríos concupiscentes
de descaro.
Roto, claroscuro aterciopelado,
híbrido.
adúltero en la maniobra,
señuelo.
Clemencia y después las horas.

 

Me acuerdo

Me acuerdo de esos lirios,
de unos detalles rondando
las mañanas.
De un pequeño descuido
en los ojos.
De ese temor de ser
o no ser enteramente,
y tu voz recorriendo la prisa
por tenerme.
me acuerdo de la marca
de los coches.
Un café amargo esperando
mientras adolece el detalle
de estar y no dejar
las marismas vacías a tu encuentro.
me acuerdo
de cómo el delirio
conduce a la destrucción o al amor.

 

Descubrí rincones

Descubrí el rincón.
Lenguas, mártires, poesía sin poetas.
Naranjos en flor de terciopelo.
Descubrí óvalos de fantasía.
Los recuerdos que perduran en la mente
como olas insalvables.
Es lo único que hago, bailar en mis ojos.
Mis sonrisas, las que martillean una flor en el ocaso de una pestaña.
Mi tacto adormecido por tu propio laberinto.
Los escrúpulos atormentados… Ya no sostengo ninguna flor en el
reverso de una moneda sin canto.
Odio que llamen a lo que no llamo, ni a la razón, sin más ley
que las razones que me hacen llamar a lo irracional.
Soy la parte irracional de un pétalo, como la parte adorable de una
puesta de sol.
Descubriendo por descubrir,
que ya no soy,
sino que hablo y digo… lo que soy.

 

Cuando despierte te diré

Al despertar te diré. Puede ser miles de minutos ahorcados en la cima
de esa galaxia.
Puede ser nadar en un cuento sin lectura, sin ánimas en el corazón.
Ya te diré.
Soplaré una vela en el ánfora de un suspiro.
Sucumbir en el infarto de un abrazo, sin manos que estrangular.
A lo mejor ser capaz de pronunciar un bello velo de seda
acariciando mis pupilas.
Al despertar… siempre de aquellos sueños que se convierten en
estrellas en la noche,
en vacíos complejos de rotundidad.
Un cuadro es una rotundidad.
Un espejo es una deshumanización corrosiva cuando penetramos en la
burbuja de la sombra con la esfinge de una dama.
YA te diré.
Cuando despierte de la madrugada.
Puede que diga… o me estreche en un sello lacrado. Puede.
Simplemente poder con un deber que se supone un derecho sin
obligarme.
Al despertar, no sé qué rozará mis senos,
no sé qué abrigo cubrirá mi esmalte,
los ojos que no miraran los míos,
qué piel rozará mis escamas,
abrirá surcos en la piel.
Pero al despertar me di cuenta
que no había nada que pudiera decirte. Ya TE DIRÉ.

 

Habito

26.

Quiéreme en el vacío.
No tengas prisa.
No tengas cuerpo.
No tengas miedo.
Cuenta los momentos
qué decir.
Doblegar el acento
en mi carne trémula.

 

27.

Mis labios
puntos en el vértice del placer,
condena entre la caricia
y el roce a milímetro de tus palabras.

 

29.

Colgar notas
con el corrector de grafismos
en la solapa.
Perdiste el tren y yo el lamento.
La sinrazón de procrear descuidos
en el resorte de las manos.
Dímelo. Me comí el sol.

 

31.

Pelea
el cuerpo por los destellos que figuran en los sueños.
Bisturíes soportando la luna menguante.
En los tercios del bocado llamado
“labios”

Isabel Rezmo
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