De lo estante
Como puestos o como dejados,
aquellos días los hallé como si estantes,
como traídos, como llevados
por una mano ligera y cariñosa
los hallé por un instante,
noche.
Y eran calmantes los días,
semejantes, como un carbón
entre carbones eran
semejantes entre sí, en su callada
procesión secreta, posición sin nombre.
Lejos el campo, lejos el tiempo,
amaneceres y horizontes sordos:
vuelves, ya vuelvo,
acomodamos lo estante horas,
días, y entre los días,
el tiempo aquel que colocamos
sin saberlo, ya sin futuro,
en un estante.
Ruinas
Lejos los días de fiesta
y ya extraviado del amor el sitio
pruebas, con boca extraña,
el repetido fruto de un placer marchito.
Ya por escasas piernas,
ya por accesos fríos,
ya por nublados sitios donde el cuerpo
comió su hoja, segó su espiga.
Entre estas ruinas
me revuelco
y arruinadas las manos esto escribo
ya por escasas piernas,
ya por accesos fríos
de la memoria.
Olvido
Hay la noche,
la sumisión de los cuerpos
en las sombras,
hay la abolición de un sol ecuestre
sobre las ancas de un caballo
diáfano
y la caída larga de tus ojos,
y los recuerdos de tu ver dormidos,
espejos desteñidos por el tiempo,
por la noche que abunda
en mi memoria
y me condena
a no mirarte.
A una desconocida
En el canto circular
de tu mirada,
una palabra
alzóse en vilo.
Moribunda,
me llamaste
por mi nombre
sin conocerlo.
Volví sobre tus ojos
mis afectos
mas ya era tarde,
un río arrasaba
la momentánea flor
de nuestro encuentro.
Y en fin
Y en fin
crecían los años
entre las voces
del divino mes
de octubre.
Sombras incandescentes
por las calles,
bajo los arcos
o en las laderas.
Cipris: nada perdimos,
siempre caímos
hacia lo alto,
como la gloria
o la esencia
al pie del cuerpo
de lo divino.
- Poemas de Gerardo Reyes Vaca - lunes 26 de marzo de 2018


