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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Poemas de Natalia Gómez

• Lunes 30 de julio de 2018

1

A las dos de la mañana
un hombre de 45 años
espera el semáforo ceda para cruzar.

Al extremo,
una mujer busca llegar
a un porvenir estable
acomodándose
en una pared descascarada.

El semáforo está en rojo

Un coche se acerca.
Cuatro chicos con manos de plomo
toman el futuro de la bella dama
y lo avientan sobre sillones de piel.

El semáforo sigue en rojo.

El hombre que espera
La mira ir,
No sabe
que ella desconoce
que su porvenir
será arrojado,
en cachitos,
y en una bolsa negra,
rumbo a otra ciudad.

La luz ya es verde.

 

3

La poesía es una escalerita que baja,
Por un camino de nubes,
A una ventanita con vista al infierno
Corazones cuelgan de los árboles
Y los leones se cortan las uñas.
Un poema es una tortuga con patas de gacela
Corre a través de un arcoíris
Y llega a ojos de cualquier cazador.
Es una avenida rota
Con flores que emergen de las grietas.
Es una ciudad
Iluminada por luciérnagas
Le cantan al silencio.
El poeta,
Es aquí,
Un cuerpo vivo
Entre el escombro.

 

12

El poeta que es poeta
no siempre tiene el poema en la boca,
mucho menos
a la hora de comer
o de dormir.
El poeta que es poeta
no tiene un par de noches por ojos
o miel por lengua,
no necesita crear versos
para desatar furias,
es ya una cólera.
Ah, pero en cambio
el poeta que no es poeta
presume tener la poesía en el aparato digestivo,
que las cosas se vuelven flores con sólo hablar de ellas
y el cerebro prodigio que envuelve su ser
se eleva con la magia que produce
una linda tarde de primavera.
¡Oh, queridos poetas que no son poetas,
convertid vuestra gracia en ausencia
y embutidlo en su trasero!

 

16

Escribir es la única manera de respirar,
el único tiempo
en que uno puede ser
Dios e infierno,
la única manera de no morir
en el mismo intento de muerte,
es el único modo de dormir
Y despertar
en esta vida exhausta de vacíos.

A esta única hora
un ser lejano al arte
se pudre en la superficie
de su misma humanidad
mientras escribe.

 

25

Los ansiosos vivimos más que cualquier hombre
Y cuando hacemos
—lo que sea—
Será por ayer
Hoy
Mañana
Y por evitar sufrir en 40 años
Aunque no se pueda
—y lo sepamos.
Vivimos más
Porque el ritmo cardíaco es al triple
Y los latidos
Y la respiración
Y este escalofrío
evolucionan al tiempo de nuestras excesivas preocupaciones.
El mecanismo de defensa de nosotros los ansiosos
Es el doble menos el doble más el doble que esto
Para terminar siempre en el mismo sitio
—Teniendo miedo a todo.
La adrenalina que se libera en un ataque de pánico
Nos hace huir a un rincón
Y oprime los oídos sin una fuerza real
Y llorar, gritar, autoabrazarnos
Porque vamos a morir
Porque en cualquier momento
Alguien entrará por nosotros a matarnos
—O caerá el edificio en que estamos
O nos dará un infarto
O podrá ser el fin del mundo
O no poder con el futuro
O atragantarnos
O quemarnos con algún cerillo
O tropezarnos
O perder a alguien
O no lograr algo
O lograrlo todo.
En realidad
No hay peligro
Más que el cerebro del ansioso
Que nos hace repetir movimientos
De tres en tres y es poco
Porque jamás es suficiente
Para evitar el peligro
De vivir más que cualquier hombre.

Natalia Gómez

Natalia Gómez

Escritora mexicana (San Francisco de Campeche, Campeche, 1991). Es licenciada en Ciencias de la Comunicación y candidata a Máster en Ciencias de la Educación. Actualmente se desempeña como profesora de Español nivel secundaria y profesora del Área de Comunicación nivel bachillerato. Es desde 2010 miembro del Proyecto de Escuela de Escritores Campechanos (Escecam) y fue becaria del programa “Los signos en rotación” del Festival Interfaz ISSSTE en Mérida, Yucatán, en junio de 2017.
Natalia Gómez

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