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Nubes del pensamiento

viernes 23 de noviembre de 2018
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Lexotanil a la orden

Hoy, un día siempre de agosto
La luna se pasea desnuda por las calles
Cucarachas deambulan con las braguetas abiertas
Incontables ratas portan pistolas radioactivas
Que nadie grite cuando una piedra rompa los cristales
O el dolor se arrastre herido por las esquinas
Es la muerte en la mirada de las ventanas
En la rabia de un niño que asesina a sus dibujos
En el mordisco de una sombra que ataca a su propio dueño.

Me niego a responder el teléfono, tomar lexotanil,
Encender el televisor, a pretender el sosiego.

 

Mi municipio

En la plaza
Los músicos les tocan himnos a los políticos.

Los niños
Corren detrás de sus sombras sin alcanzarlas.

Los vecinos
Lavan sus carros en pleno aguacero.

Y yo
Espero sobre un taburete
Que arreglen mis zapatos.

 

Atravesando la ciudad

En cada esquina
Hay un asesino que espera
Serpientes enroscadas en los semáforos
Una niña que llora a la orilla de un volcán.

Voy apretando con las manos
El sudor de mis propios dedos.

La gente corre con el cerebro explotándole
La angustia mordiéndole la espalda
Huellas de sangre atraviesan la ciudad
Y no hay nadie que no tenga miedo.

Dentro de un maletín
Llevo mi almuerzo
Y mi revólver también.

 

Crónica roja

Un grito atraviesa la calle
Con un disparo en el hueso
El resplandor de una bala
Creo en Dios Padre Todopoderoso.

Los ojos aterrados se ocultan, alucinan
Murmullos se arrastran debajo de las camas
Mientras la espalda bestial de un homicida
Corre y desaparece entre los carros.

Todos los inquilinos se saben testigos
Las próximas carnadas de la violencia
Planean mudarse a otros suburbios
Donde se duerman noches completas.

 

Asalto

Me niego a entregar la camisa
La llave de mi jaula con sanitario
El despertador de los amaneceres
Incluidos también los domingos.

Tampoco les daré mi dinero
Ni las ruedas de mi bicicleta
Este pan lo llevo para la casa
Y el teléfono fue un obsequio.

Pueden darme un balazo en el pecho
Destrozar mi cuerpo con sus cuchillas
Pero ni un grito meterán en una caja
Sólo la muerte será la mercancía.

Sixto Sánchez
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