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Cinco poemas de Sixto Sánchez

lunes 22 de junio de 2020
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Amén

Cuando yo sea el muerto
No me arreglen una sonrisa
Que de vivo no tuve
Ni acomoden mi barriga
Aparentando ser más flaco
Si pueden, dejen sonar
Música estridente, sicodélica
Las manos detrás de la cabeza
Como si estuviera en la playa
Pónganme las medias y la correa
Que compré para esa fecha
¡Y por favor! A las fotografías
No les reclamen por mis actos
Les juro que jamás responderán.

 

El psicótico de la urbanización

Muy pronto visitará a la vecina
Con bombones y penachos de cacao
El rictus de homo sapiens en celo
El corazón traspasado por un puñal.

Al compás de violines imaginarios
La llevará hasta la antiséptica cocina
Él Fred Astaire, ella Ginger Rogers
Ella la Tongolele, él el propio Tin Tan.

Entre giros y vueltas de remolino
Irán a dar hasta el centro de la cama
Ella cubriendo con una sábana su lujuria
Él llenando una bañera con espuma de miel.

Cuando él vaya hasta su casa
Entre petardos y miradas de incienso
No consentirá que ella le cierre la puerta
Y ninguna excusa le nublará el instinto.

 

Regreso a casa

Los chóferes miraban hacia el fondo del valle
El chasis roto de un carro sin fisonomía
Todos presentían que ninguno estaba vivo
La sangre en su caída fue golpeando las matas.

Pasan las horas hasta que llega la ambulancia
Encuentran un cadáver y uno de sus zapatos
Por la radio empieza el acertijo de la identidad
Las elucubraciones del volante clavado en su pecho.

La oscuridad y el frío asaltan la carretera
Mientras los motores retornan a sus destinos
Una señal de animales en la vía nos advierte
Que la muerte a veces anda en cuatro patas.

Hoy fue un día bueno, todavía seguimos aquí
Pero el último para los que ya no están
Apaguen la radio, echemos en grupo una rezadita
Pues faltan dos horas con tres puentes para llegar.

 

Desempleado sentado en una piedra

Irá nuevamente al malecón
A llenarse de aire los pulmones
Sintiendo que vive una película
En la cual no tiene parlamentos.

La sal pegada al paladar
Ciudadano que salta el horizonte.

A su lado se sentarán las promesas
De los personajes que se imagina
Porque él es el dueño de cada uno
Y cada uno un ensayo de su estupidez.

Una ola le moja el cigarro, otra la franela
Una tercera le sacude la dignidad.

¡Un momento, señores cangrejos!
Se ha levantado para orinar
Se santigua en este día crónico
Donde ni en su casa lo esperan.

 

Camino trasnochado

Detrás de la puerta
La carretera se desliza hasta la playa
Se detiene en un pequeño kiosco
Donde el Sol languidece en una silla
Un ventilador a las moscas espanta
Mientras un pescado se fríe.

El aire suena en las ruedas de la bicicleta
Como si un niño silbara una canción.

Se puede oler la personalidad de las algas
Percibir el misterio de la creación
Con sólo dormitar sobre la arena.

Sixto Sánchez
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