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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Cinco poemas de Gabriel Enrique Guzmán

• Viernes 21 de diciembre de 2018

El día se evapora
y se condensa sobre el asfalto
de esta ciudad de cenizas
puesta entre humo de látigos
y cadáveres de relámpago

Hay una soga sangrienta
y un arroyo de cuero
que se pega a los bombillos

dientes enormes de arena
canicas quemadas
un desierto sin bibliotecas
y en él
…………un hombre de plomo
…………………………………………..se dispara

Alguien se asomó a la ventana
y nadie escuchó sus latidos
Hay un hombre en medio de la calle
y nadie escucha sus quejidos

Hay un hombre tirado
en medio de la calle
y nadie ve su cabeza de periódico

 


 

Llevo la columna como una bandera
y la sostengo sobre los edificios cubiertos de cartón

Con un trozo de tiza dibujo el suelo
ellos decretaron el metal definitivo
de las respiraciones

Yo me amarro a un poste de luz
a esperar las mariposas grises de la noche

El cráneo cae
…………………….y da un golpe seco
…………………………………………………….contra el sudor de plástico

El cementerio se construye a sí mismo

Las miradas son automóviles sin combustible

Se enciende un rumor grave
para cualquier oído
que escucha bajo tierra

(Es esa sombra pastosa
que uno siempre se imagina
)

Acaso avance tres pasos hacia adelante
y encuentre un velón en el suelo
me quedan las paredes que se desconchan

 


 

Sólo tengo las manos
y los órganos del paisaje
estamos condenados a elegir

Todo está destruido
caen las pinturas
dejando la cara descubierta
con su origen

No exijas Libertad
tienes pulmones
es mejor pedir que te dejes tocar
con la rabia de tus primeros dientes

Y el pecho que te tiembla
como una bolsa de pan

Sostener es afligirse
el mundo es jugar
con bloques de hormigón:
Romperte la cabeza          
remendarla
luego mentirme
desear que con ojos babosos
estés aquí
siendo el ruido que tolero

Las larvas fantasmales
recorren las fibras
para ahorcar definitivamente

Me devuelvo a la bruma

 


 

Delante de ti está lo perdido

En tu frente
dejo trozos de papel

y una cáscara
de ciudad frágil

muy frágil

y me desgarras
como a un ladrillo de arena

Enredadas entre tus cabellos
calles barridas
que se dejan olvidar

No te reconoces

¿Qué te salva?

 


 

He sustituido mi derecho a la felicidad por la experiencia del crimen.
Juan Calzadilla.

Todo vencimiento es una pregunta
que nos aprieta las entrañas

Pero yo continúo aunque sin mantenerme firme
igual tarde o temprano
dejaré de escuchar
el silbido de esos labios en la pantalla

¿Crees que esa nueva ciudad podrá resistir tanta violencia tanta melancolía?

No nos dejemos convencer por murmullos
el cráneo se nos hace algodón

Recuérdame justo como lo haces
en este momento

Recuérdame como un mordisco de pan dulce
cuando vengan una tarde a desalojarme

Cuando vengan una tarde
a consagrarme con la morgue

Cuando vengan una tarde
sin siquiera haberme dado tiempo
de probar bien tus labios

Recuerda
sólo recuérdame
adjuntando mi sonrisa triste de las mañanas
nuestros abrazos en los centros comerciales
y las promesas estúpidas
hechas en un momento de excitación

Cuando vengan una tarde
y esté la reja abierta

Cuando vengan una tarde
y la ventana esté moteada

Cuando vengan una tarde
y ya no me recuerdes

Cuando vengan una tarde
y yo aún no me haya ido

Cuando vengan una tarde
y sólo encuentren las moscas

Gabriel Enrique Guzmán

Gabriel Enrique Guzmán

Escritor y cocinero venezolano (Barquisimeto, Lara, 1997). Pertenece al grupo literario Somos Antónimos, de Barquisimeto.
Gabriel Enrique Guzmán

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