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Renacer

miércoles 12 de junio de 2019
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Naturaleza murió.
Crudo llegó ya el invierno,
fuera casa es un infierno;
del monte el frío bajó,
anoche el estanque heló.
Los días ya se acortaron
y las noches se alargaron,
es el día taciturno,
difícil periodo diurno.
Los días se acartonaron.

Recio y fuerte sopla el viento,
azota impune mi cara
de do viene y a do vara;
el aire pasa violento
ulula de ronco acento.
La gente camina a prisa
justo mira donde pisa,
al saludo no responde,
tras la bufanda se esconde,
avanza al frío sumisa.

El parque infantil desierto,
columpios abandonados,
toboganes descuidados,
de soledad recubierto
de par en par abierto,
Tras cristales de ventanas
rostros llenos de desganas,
caras viejas disfrazadas
por trabajos destrozadas
ansían sol de solanas.

Tardes y lentas auroras,
en silencio luz del día
nos llega sin alegría;
huyeron aves cantoras
de lindos trinos autoras.
Aves no surcan los cielos
con sus frenéticos vuelos;
distantes en las alturas
divisan sombras oscuras
trepan cimas de carmelos.
Los árboles de sus hojas
por fuertes vientos y heladas
a tierra fueron lanzadas.
Al verse de fuerzas flojas
al árbol costó congojas.
Hora alzan dedos al cielo
les libre de tanto hielo;
cansos ya de las nevadas,
del frío las cuchilladas,
subsisten sin un consuelo.

Los arbustos reducidos
sin follaje a montón palos,
unos fuertes, otros ralos,
por variados coloridos
verdes fueron sustituidos.
Varios tallos de rosal
cuya flor angelical
desprovistos del forraje
espinas ha su ropaje
con tendencia criminal.

Del bosque traen madera
con útiles más bien broncos
tablas sacan de los troncos
confeccionan la bañera
justo con su tapadera.
Hecha tienen ya la caja
para posible mortaja.
En los pueblos el cateto
soluciona ya su aprieto,
a científicos ataja.

En un cuarto los ancianos
las horas pasan eternas,
(carece el reloj de piernas)
ateridas han sus manos.
en trepar fueron decanos;
simple y llano es el camino
rumbo al último destino;
el anciano lo ve cerca
cada día más se acerca
resignado ve su sino.
Tristes suenan las campanas
lentas hieren en la calma,
al cielo ya partió un alma.
De vivir reflejan ganas
sus almas siendo cristianas.
Todo el pueblo compungido
al féretro ha despedido,
los hombres suben al cerro,
acompañan el entierro,
entierro de un conocido.

Dormido estaba en la cama,
el alba besa mi cara
tras meses sensación rara;
despierta en silencio clama
más potente luz derrama;
en la ventana la aurora
hiere cristal sin demora,
la torcaz con su murmullo
transmite el cordial arrullo
de tan singular señora.

De prisa salgo a la calle,
me acaricia un sol radiante,
tiene aspecto de arrogante,
se extiende del monte al valle
aclara todo detalle.
La gente quitóse ropa,
saluda con quien se topa,
amable a todos responde
la sonrisa a nadie esconde
ir demuestra viento en popa.

Sorprendido miro al valle
ya los árboles floridos
sus perfumes compartidos
no me ocultan ni un detalle
de lo que esconden su talle.
En el parque, sus amores
comparten los ruiseñores,
en su picota más alta
engreída picaza salta;
todos gozan las albores.
Asombrado miro al cielo
oleadas golondrinas
a la caza golosinas
rápido tienen su vuelo
con hambre, deseo y celo.
Incontables pajarillos
canturrean estribillos.
Majestuoso el buitre acecha
sobre el suelo su cosecha;
joviales bailan topillos.

Impulsos siento en mis venas,
llegó ya la primavera,
vinieron aves de fuera,
orquestan todas mis cenas
las noches de lunas llenas,
disfruto su sinfonía
tanto en noche como en día.
De tarde para la brisa,
último sol mi alma irisa,
llena de paz y alegría

Al ocaso el sol marchó;
el pintor en despedida
distancia deja encendida:
en rojo el monte pintó
a las nubes salpicó.
El alma quedó trabada
por tanta paz inflamada,
el hálito se detuvo
para todos calma tuvo,
quedó mi alma enamorada.
El hijo prende a su nieto
de la mano al cementerio:
de la vida ve el misterio;
tu abuelo yace esqueleto
durante años, siempre quieto.
Traemos ramo de flores,
recuerdo de los amores
que en nuestros alientos hubo
hasta que marchar él tuvo.
Recuerdos alentadores.

Ante tumba del abuelo
el pasado brilla ausente,
el hijo luce presente
el nieto será el anhelo
del porvenir de este suelo
Crecerás, serás anciano,
de malvas un hortelano,
las flores de nada valen,
a los vivos equivalen
a pagar orgullo vano.

Del invierno a primavera
cada año todo renace;
si el hombre bajo pies yace
atravesó la frontera,
olvidó la sementera.
Todo que en su vida hizo
no fuese más que un chamizo
la gente usa y lo mejora,
su descubrimiento aflora,
vivimos rizando el rizo.

Miguel Aguado Miguel
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  • Renacer - miércoles 12 de junio de 2019

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