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Nardos casi despiertos

viernes 14 de junio de 2019
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Porque tú, Sedienta, eres la fuente y los labios son las fuentes.
Ounsi El Hage.

I

Tengo alas dormidas
En espera del vuelo etéreo
Un ala rota curó con versos de bocas antiguas
Y el sueño revelado en letras dispersas señaló el camino que lleva a un poema

Vives allí, toco la puerta

Aparece el recuerdo vestido de discreta azalea
Y con un dedo que ofrezco a tus labios
Tomas mi muñeca con el pecho entero.
Sedimentas esta lava que obstruye mis pulmones
Que desfigura las palabras flojas que ahora no sirven frente al verso en tus mejillas
Y con alas dispuestas te sigo, por el espinar de los bosques
Con el vendaval que nazca en el sendero, mueren las mentiras
Con un rayo puedo envenenar la vid donde ayer crecían los rencores.

 

II

Pedirás que acalle la tormenta para no romperme
Y piensas que mi pozo tiene el agua turbia
O que las palabras ya están todas contadas
Que no puedo inventar nuevos signos que consten más de una palabra y entre varias digan más que la simple expresión ¡Escucha!
Te he dicho que no
No
No
No
Girando mi cabeza en más de dos direcciones
Te he dicho no, porque soy más laberinto que un gesto
Me nombro envidia, ecuación de horror, hoja en blanco
Veo garabatos y arabescos que huyen de mis manos
Quedo muda
Suavísima corriente furibunda
Decido incendiar mis fronteras
Ser pergamino
Sin ayuda de un verdugo.
Te he dicho que no
No todos los besos son poemas
No es como dices
No es como digo
Es más que eso
Es un tumor en la voz
Que me ha convertido en libro sin hojas
Peso muerto
Apagado sin poesía
Sobre una cruz que se clava en Gólgota.

 

III

Hay mucho en mí sin ti
Montones de hojas pálidas que crujen
Cuando las horas pisan;
Sencillos bancos del parque húmedos de frío,
Cruces de asfalto muertas de lluvia.
No hay lluvia
Ni su brindis en la ventana
La ciudad se condena al silencio metal
Prendiendo sólo una luz entre todas las cuadras
Que cae como lágrima
Y sala mi rostro.

 

IV

El oficio del poeta no es sólo tinta que burla el reto de la hoja en blanco
Es arrancarse las astillas de hueso del pulmón
Inmovilizar todo el cuerpo para escuchar a la nube que calla al sol
Y borra mi sombra en el piso
Desmontando el tiempo en un susurro.
Es mirar estas calles blandas que ya no exudan mis versiones
Sólo entran conmigo a la casa y se acuestan en el sillón
Apoyando el occipital en la madera

(el mío es cáscara)

Todos dormimos, y en sueños me cuentan tu paso por este lugar
Tus días
Pergaminos enrollados en mis venas
Para que el frío no agriete tu retrato…………..aunque quiera.
Las calles de Mérida me hablan de ti
Y mientras duermo en el sillón, mis párpados permean la trama del sueño;
Mi cáscara se rompe en la madera y el agua clara penetra en la tierra
Roba fuego del núcleo y un trozo de piel del Pacífico

Al lado de tu cama nace un lirio con mi perfume de agua clara,
Que toca tu mano extendida
Al tiempo que besas a Morfeo.

 

V

Prolongación de supernova
O simple imitación carnal es este iris que todo devora:
La timidez del vuelo de tu elogio
Las notas que el pétalo le arranca al aire
Y el flujo de nubes, números y parpadeos.
Mímesis de Vía Láctea
Es la cascada del vientre de la noche
Que escribe la prisa de las sombras
En la reverencia de las flores.
Mi amor huele a domingo
A versos limoneros
Al sudor de tres latidos previos al alba
Cuando la oscuridad gime en tu boca
Y se enfurece en la mía.

Verónica Vidal
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