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Cinco poemas de El Boulevard, de Lucas Garcete

miércoles 18 de diciembre de 2019
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Ausencia

Hay ausencia en los nidos,
en el ciprés que apenas
se distingue entre la niebla,
en los juguetes del niño
que ya no juega al ver
que sus padres ya no se quieren.
En los ojos del lobo negro
extraviados en la nieve,
en el vaho que cubre los vidrios
de esta casa con las cortinas
opacas y llenas de polvo.
Hay ausencia en la comida que como,
en la música que escucho,
en el peine con el que me peino,
en los ojos que me miran,
en las bocas cuando
pronuncian mi nombre.
Hay ausencia en los zapatos
que me pongo para caminar
por caminos llenos de ausencia.
En este mundo ausente
la ausencia también siente
ausencia de sí misma.

 

Don nadie

Soy ese pájaro que en el
invierno muere de frío,
ese polluelo que al salir
del nido no supo volar.

Soy ese reloj de cuco
que suena en el hastío,
ese pasillo con luz al final.

Soy lo que soy,
no lo que tú piensas
que era, que sería, que seré.

Soy el don nadie
que no quiere saber nada,
el que sabe que la discreción
es un don que pocos tienen.

 

Post mortem

Mal muerto
por males de amor,
muere por segunda vez
enamorado de la muerte.

 

Pretérito descompuesto

Ya sabes cómo me siento
hemos hablado muchas veces,
y no, no nos conocemos.
¿Quién conoce a quién?

Te sientes como me siento
igual de desconcertado.
Vinimos, estamos y ya.
Vinimos, estamos, estaremos.

Podrán decir que estuvimos
aunque la huella que dejemos
estarán pisoteadas por las huellas
de los que vendrán y dirán de nosotros:
Estuvieron aquí pero ya no están.

Yo estoy, pero no sé por cuánto tiempo
es nuestro ciclo de vida, exacto.
Nacer y acomodarse y dejarse
devorar por la blancura del pretérito.

 

Pasaje de ida

Me alimento de los árboles
que nacieron de sus propias sombras,
de atardeceres rojos como el fuego
donde los pájaros vuelan con alas de ceniza.

Desde los charcos veo nubes
que construyen palacios en el cielo,
con las mismas ventanas sucias
con los mismos aviones sin pasajeros.

No hablemos de la monotonía
ni de las horas que huyen del reloj.
Sólo de los besos que no dimos
y de las lágrimas que aún contenemos.

Me despido de las despedidas
que me hicieron fuerte,
porque cada vez que alguien se va
la soledad más cariñosa vuelve.

Lucas Garcete
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