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Seis poemas de Últimos días de un país, de Odette Alonso

miércoles 26 de febrero de 2020
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Odette Alonso

Nota del editor

La escritora cubana Odette Alonso obtuvo con Últimos días de un país el LXXXV Premio Clemencia Isaura de Poesía 2019, que convoca en México —país donde reside la autora desde hace tres décadas— el Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán. Publicado por la Dirección de Publicaciones Universitarias de la Universidad Autónoma del Estado de México, el libro será presentado el domingo 1 de marzo en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería con palabras de Roxana Elvridge-Thomas y Eva Castañeda. El jurado del premio, compuesto por José Ángel Leyva, José Manuel Recillas y Eduardo Mosches, dijo en su fallo que Últimos días de un país “posee un lenguaje sobrio y contenido donde su imaginación expone una belleza, por momentos sobrecogedora, que nos permite asomarnos a la vida interior de la autora, sin falsas fórmulas expresivas”. Hoy presentamos a nuestros lectores una selección de textos de este poemario.

“Últimos días de un país”, de Odette Alonso
Últimos días de un país, de Odette Alonso (Dirección de Publicaciones Universitarias de la Universidad Autónoma del Estado de México, 2019). Disponible gratuitamente en la web de la UAEM

Últimos días de un país
Odette Alonso
Poesía
Dirección de Publicaciones Universitarias de la Universidad Autónoma del Estado de México
Toluca (México), 2019
ISBN: 978-607-633-057-9
60 páginas

Hormigas en el muro

La guerra empezó allí
tras la verja del patio de la abuela
en las tardes ardientes del verano.
Mezclábamos el alimento
escaso
en mesas que no tuvieron serpentinas
en copas que después ya nunca vimos.
Eran extrañas ciertas frutas en el trópico
hormigas en el muro sí
y lagartos verdecidos
lanzándonos preguntas sin respuesta.
Endeble como el recuerdo
humo y polvo se confunden.
En cuál esquina se agazapan los dolores
adónde el miedo.
Algo cruzó la mesa
una polilla acaso
un resplandor
tal vez la luz de aquel verano.

 

Ecos

No son campanas es un túnel
una cruz en muelle
un horcón donde fijar amarras.
Sin cuerpo
solitaria
tu mano es el adorno de otro rostro
risa también ajena.
Así se dice adiós
como quien ve alejarse un tren
hasta que el humo se dispersa
danza como espejismo
y luego es nada.
Sólo ecos en el despeñadero.

 

La belleza

Supe de la belleza una tarde de invierno
la belleza era un ojo
una media sonrisa
un rayo fulminante.
El tiempo era una bola de cristal
una burbuja a punto de romperse.
Entonces
tuve a la belleza entre mis dedos
los hundí en la belleza
la horadé
perfume negro de cicatriz
promesa de humo.

 

Fotos ajenas

Una sombra observa en el umbral
al hombre que desde el patio
apunta.
El espejo devuelve sus siluetas
y una escalera al fondo
misteriosa como todo lo que asciende.
Cruza la escena una paz de domingo
el fin del tiempo que medimos los humanos
con absurdos calendarios.
Parecen rojos los regalos
navideños
como el banco que aguarda
a un lado de la puerta
la chispa del daguerrotipo.

De la pared
grises y sepias
cuelgan los retratos.
Tías que no conocí
señores de bigote y de sombrero
posan junto al anciano de la bata blanca.
Hay también un bodegón
un ángel que ilumina inútilmente una batalla
y en el muro del fondo
desteñido
el Sagrado Corazón.
Todo al final es polvo
huele al perfume rancio de la abuela.

Ustedes
que desde ahí me miran
¿acaso me conocen?
¿Acaso acompañaron el fulgor y la ira
el fuego y el vacío de otras tardes?
¿De qué sueño han salido esta casa
y sus espejos?
¿De dónde llega ahora este dolor?

Ellos no volverán
no llenará su prisa el salón de los domingos
ni la casa arderá con sus alquimias.
Yo soy el cuadro en negro
y el golpe asolador sobre la mesa
soy la sombra que en el umbral atisba
la toma del fotógrafo.
Otros deciden la sonrisa y el encuentro
otros ponen en la página azul
la tinta que deniega.
Sirvo en la copa más honda un vino dulce
anoto el nombre de una ciudad
sus coordenadas
el aviso de un tiempo
que no es mi tiempo ni el suyo.
Es otoño en esta noche de otra tierra.
Es un hecho
estoy sola.

 

Últimos días de un país

Que no serán los últimos
ni aquellos que alguien soñó para nosotros.
Sobre el agua
flotan la madera y los recuerdos
sobre la mesa los adornos
mil relojes con la misma hora.
Detrás de cada puerta acecha un hombre
pero hay cosas que no recordarás
lo que pasó tras el telón de la inocencia.
Trae el correo la carta manuscrita
letra de insecto
que repite aquel nombre.
Al final
quedan la niña arrodillada
y la advertencia.
Habría que echarse al mar
y hundirse.

 

Último recuerdo del país

No amo ese país
no amo el brillo de la estrella
ni la bota
ni el ojo seco de las madres
ni el ácido sabor de estas memorias
niños cortando tomates bajo el sol
el fango a media pierna
endurecido
niños solos
llorando su abandono
simulando una hombría que era falsa.
Y en la esquina
el hombre armado de su cuerpo
inhiesto
esperando a las muchachas
que no saben de peligros todavía.
Ni una lágrima después
sobre la silla hambrienta de todos los fracasos
aquellas voces en la alta madrugada
dientes de bestia
y ese modo de limpiar
primero el pecho
luego la cara
el sexo hasta el final.
No amo ese país
si es que un país pudiera ser amado.

Odette Alonso
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