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Textos de Sobres sin carta, de Carlos David Contreras

domingo 22 de marzo de 2020
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Las manos

Las arañas, que son mis manos,
sostienen
un telar que se deshilvana,
un encendido hielo a mediodía,
un tejido que se destiñe
por tanto sol de agua.

Son como el amor duro y fugaz del granizo
que se derrite ante la suavidad del día.
Frías y tercas arañas de mis manos
ante el orgullo solar.

 

Por los caminos muertos

Hoy, como ayer, traigo un lastre,
camino con un abrigo de ancha piel,
la quijada rota bajo la barba.
Me traigo por caminos que son cadáveres.

Hoy, como ayer,
recojo trozos, pedacitos de abandono
en desiertos grises donde alguien vivió.
Traigo mapas de anteriores destinos,
de héroes vencidos por la ruina.

Hoy, más que ayer,
traigo piedras, lentas piedras,
pedazos caídos de un cielo de cemento,
pedazos de pan
que rompen los bolsillos.

Cargo los fósiles de un destino
que siempre fue de otro,
……………..que no revivirá para ser mío.

 

La sospecha

En el paisaje
de colores reunidos
son los sonidos que tejen objetos
una constante sinfonía
frente a los ojos.

Sosegados
nos vemos esperar
en nuestro cuerpo
las caricias de lo bello.

Creemos que amanece
en nuestros ojos
y lo que habitamos
es una sombra constante.

Ignorar
es nuestra residencia.

De vez en cuando
los colores de la escena
retumban
por un movimiento de luz
sospechoso,
en una vibración,
una sombra fuera de lugar,
en un bastonazo ciego.

¿Nos hemos preguntado
quién es
el pintor de este paisaje?

Ignorar
es nuestra feroz residencia.

 

Un otro en el fondo

Siempre hay un otro más auténtico
en el fondo del pozo propio.
Un otro que es más lodo
y no necesita de ondulados reflejos.

Está anclado al fondo
y se confunde con las refracciones
o el primer espejo de agua.
Ese otro nunca habla y sólo es presencia,
fango que descree de las palabras y vestuarios,
pero debe moldear su existencia.

Un otro que prescinde de discursos,
que emerge en algún punto solitario
y en tus noches más desnudas,
mojado de capas de superficie,
intenta recordar el primer lodo.

—¡¿Me conoces?!
—¡¿Te conozco?!

Hay un otro que descree.

 

Algunas razones para escribir

Escribo para borrar las obsesiones,
soportar el puente donde mi ego camina
y librarme de espirales.

Escribo porque desconozco
la lógica del Arquitecto,
no hay señales de tráfico.

Escribo lo que no entiendo,
el poema es un hermoso sobre sin carta
extraviado en el viejo sistema de correos.

Escribo sólo líneas
porque lo pequeño es abarcable
para el peatón.

Escribo como
el narciso natural viéndose en los charcos,
mientras la ciudad transcurre.

Escribo como nunca hablo,
giro de palabras que desdeña el manoseo
y el canje cotidiano.

Escribo las obsesiones,
bocetos en el laberinto de la ciudad
gente, sombras y reflejos.

Escribo para volver a mí.

Carlos David Contreras
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