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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas de Fernando Marvilla

lunes 28 de septiembre de 2020
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Refugio de amor

Amor, si ves que naufrago,
aunque me rodeen tus brazos
cual guirnaldas salvavidas,
entre negras sábanas de sombras,
sopla la brisa cálida de tu aliento,
que a la sudestada dañina
que viene preñada de torvos vientos
desvíe de la ruta hacia mi alma.

Amor, si ves que me ahogo
entre turbias mareas de ansiedad,
entre remolinos de un gris monótono
hazme un boca a boca, por piedad
henchido de tu risa cristalina,
un baipás salvador que desatasque
el camino a mis sonrisas.

Amor, si voy por áridos desiertos
y en la travesía me notas desfallecido,
me refrescas con nuestros recuerdos
para poder continuar en el camino.
Devuélveme, amor, con tu limpia mirada,
con los besos de tus ojos profundos
que son como teas que mi norte señalan,
por ensalmo el perdido rumbo.

Amor creado ha sido un bastión,
que seguro nos resguarda
en refugio de mutua afirmación.

Amor, eres mi decisivo credo
Amor, tú y yo reacción química
en un abrazo verdadero
somos activa combustión poética
en celebración incandescente
que sublima nuestra mutua historia
hacia las moradas de poniente.

Allende el horizonte esplende
la luz de la victoria
por siempre.

 

Resistencia

En la carrera vital acumula fondo
sin perder de vista el paisaje
aprende y disfruta del entorno
sin propósito la energía malgastes
el corredor hace virtud del ahorro

Te enseñarán flexibilidad las largas varas
cuando dan batalla al temporal
se cimbran y se agitan como aladas
al ritmo que toque bailar al viento
haciendo de la fatalidad su danza

Sé impermeable a las palabras vanas
como blindado escudo de cristal
donde resbale la estupidez la maldad
o estallen sin oportunidad
de zaherirte gratuitamente el alma

Has de resistir como el dúctil caucho
para repeler golpes traidores
brillantes mandobles o necios puños
en busca de tumbar tu esencia
y que estériles reboten en tu orgullo

Como toda bestia endurece la coraza
para proteger tu íntima fragilidad
Y serás como la extensa gran muralla
por el fruto de tu sudor y tu sangre
el ejemplo a seguir por tu raza

El camino te presentará mil obstáculos
debes reforzar el salto largo
que la agilidad entre en tus cómputos
para salvar las barreras
que se interpongan en el futuro

Practica el equilibrio siempre que puedas
como arriesgado funámbulo
sobre fino alambre abismos has de cruzar
resguardando tus sentimientos
mientras abajo aúlla una jauría de hienas

Esperan que subas a las más altas cotas
son insaciables y voraces
al tanto que desuellan blandas palomas
que hace un instante surcaban
libres el cielo caídas con las alas rotas

Sacrificio es el aprendizaje de la dulce inocencia
del candor de tantas flores
para pasar de brote a fruto de resistencia
la tersa piel ha de tornarse corteza
pero es el quebranto que deja la supervivencia.

 

Huyo a campos de trigo

A veces tan sólo me siento vivo
Cuando parto hacia mis sueños
Aterrizo entre campos de lino
O nado en rojos lagos de amapolas
De espaldas para ver pasar las nubes
Que me invitan a hacer cabriolas
A botar sin pausa entre oraciones
Que silban el viento y las aves
En este viaje no hay relojes
No hay irremediables adioses
Si hay perdurables paisajes
Cual colcha colorida de recortes
Me retienen alocadas intuiciones
En aquellos días de sol otoñales
Para pisar secas hojas crujientes
Que me cuentan historias lejanas
Corono cumbres de hielos azules
Donde la tristeza no me hiere
Enmudezco frente a los volcanes
Que rugen la clara voz de Dios
Y al ritmo que el bosque quiere
Danzo como un lobo plateado
Huérfano bajo una luna de nieve

Abro entonces renuente los ojos
Bajo sábanas pesadas bajo una lápida
Con mi nombre escrito en plomo

En un lío de mantas enredado
Una mañana de miembros laxos
Desembarco mi cuerpo náufrago
En esta isla que es mi páramo
De días desacordes descabalados
Como un cajón de calcetines
Que lo de arriba acaba abajo
Como una ciudad vista en un charco
A veces vida eres seca y áspera
Como las áridas arenas dañas
Con hiriente bofetada lóbrega
Me quitas hálito y voy muerto

Cómo no quieres que me vaya
Que monte un corcel de sueños
Si vida a veces eres la guadaña
Que con un fiero tajo me matas
Parto por anhelo de estar vivo
A los sueños YO febril me abrazo
Huyo a dorados campos de trigo
A zambullirme en besos de amapolas

 

Susurros del alma

Me ocurre a veces
sin ser del todo consciente
que salgo de viaje
dejando indefenso un cuerpo durmiente.

Armoniosa se eleva
mi esencia inmemorial,
flota jaspeada,
en tecnicolor muy brillante, inmaterial.

Abajo, en las sombras,
frágiles y silenciosos
yacen sueños, dudas,
sembrando de enigmas al pobre que alma doy.

Miro esa figura,
la observo con afable
paternal dulzura.
Ha conseguido de a poco gustarme.

Sé que errores comete,
veo sus debilidades,
valoro sus preces,
aulladas en la soledad de sus combates.

Al oído le musito
—transitas por el camino,
con áureo brillo,
cada vez más radiante tu faz de zafiros.

 

Como Ícaro

Ícaro apresado,
es del aire anhelo,
su ansia frágil tul encarnado
flota ingrávida por el cielo.

Son sueños con águilas
mas hay arpías revoloteando;
tiznan su frente perlas,
fríos temores cobijando.

Libertad caro precio
pecado de ingenuidad,
cárcel por vil bula de necio,
ser su dueño una temeridad.

¡Alas ya en sus genes
elementales materias claman!
¿Leves ceras ámbares
y sutiles plumas, qué traman?

Fue de fuegos preludio
encendida la mecha,
cree vencer, burlar al custodio.
¡Lúcido genio, abre la brecha!

Ya por el éter huye
con pasión por creencia,
ya nota que su alma fluye,
indomable la evidencia.

Ícaro apresado,
es del aire anhelo,
su ansia frágil tul encarnado
flota ingrávida por el cielo.

A Eolo asido,
sube raudo y efervescente,
va al viento prendido
hacia el astro refulgente.

Chillas pater tu temor.
—Oye tú —su experiencia,
De aciago presagio clamor
ya está escrita sentencia.

Los dioses que juzgarán,
roen huesos, secan arterias;
ellos no absolverán,
no toleran las imprudencias.

Por caricia de muerte,
en pira transmutado.
La envidia mudó tu suerte
a presa —Ícaro derrotado.

Gritos agrios de duelo
sienten que estalla tu sueño,
se avanza el suelo.
Tú, ínfimo, yaces pequeño.

Ícaro apresado
es del aire anhelo,
su ansia frágil tul encarnado,
flota ingrávida por el suelo.

 

Salto utópico

Yo le cuento, amigo mío,
el vivir es un viaje mágico.
Crea en mí que ya soy experto
en pasar las cuentas de mi ábaco;
de ahí que ose aconsejarle,
grumete, y sin ser sarcástico,
necesario es que sea cauto:
ante usted se abre un océano
y le acompañarán al acecho,
aguas turbias de náufragos.

De ansias yo le sé henchido;
imberbe fui igual de temerario,
llameante con mi tierno físico
me sentía de todo atrevido.
Irreflexivo, irá usted sin brújula,
errante, creerá saber el camino
mas se abrirán abismos equívocos,
por doquier dagas afiladas
buscarán romper su espíritu,
y la núbil carne vejarán con gula.

Tras estas primeras batallas
aún partirá más intrépido
a pesar de ya lucir cicatrices
de tantas bregas de vértigo.
En la clepsidra fluyen veloces
líquidos sueños como lágrimas
y el centro del pecho se blinda,
el músculo se torna elástico,
las pupilas brillan como hielo
y fustigan como adusto látigo.

Zarpará y volverá al abrigo
del puerto envuelto en ráfagas
de azules volutas de añoranza.
Su paso de antaño, tan rítmico,
sonará con un eco reseco
a pesar de todo amado discípulo,
yo le aconsejo que acune sueños
como si fuera aquel Ulises clásico
que respira con vital esperanza
el aire de su Ítaca por oxígeno.

¡Porque la vida, mi amigo impaciente,
se compone de tantos saltos utópicos!
Saltos al vacío que lo golpearán,
puede que hasta lo vuelvan inválido,
que lo hagan nacer y morir mil veces,
que no logre articular ni una sílaba,
por tanta angustia que estrangula,
por tantos miedos como tarántulas
que inoculan venenos pestilentes
para cuales no vendan antídotos.

Sepa, camarada, y siga mi consejo,
y aun tras tantos saltos utópicos,
insisto, vele con cuidados cómplices,
en un rincón seguro, aquel niño cándido,
el niño que respira con imaginación,
que sopla la llama tenue y mística
que tiene por combustible el alma
y que abriga como tesoro esa ánfora
que lo ha traído hasta este instante,
ya que, mi amigo, la vida es metáfora.

 

Vuelo

Veces ha habido
que mis manos
han tocado el cielo.

Ahora mi vuelo
se ha vuelto rasante,
más cerca del suelo.

Siento mis piernas,
conectadas a la tierra
bajo la luna llena.

Vida, al fin entiendo
que a cada instante
más sabio me vuelvo.

Como en todo sueño,
para la tierra madre
el beso final reservo.

Fernando Marvilla
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