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Sartenes, cacerolas y un desatornillador, de Juan Friera
(extractos)

martes 2 de febrero de 2021
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Juan Friera
Juan Friera (León, 1955) obtuvo con este poemario el VI Premio de Poesía Multiverso.
“Sartenes, cacerolas y un desatornillador”, de Juan Friera
Sartenes, cacerolas y un desatornillador, de Juan Friera (Multiverso, 2020). Disponible en Amazon

Sartenes, cacerolas y un desatornillador
Juan Friera
Poesía
Multiverso Editorial
España, 2020
ISBN: 979-865-673-257-4
120 páginas

Un anciano del lugar me contó
que cuando él era un chiquillo,
en los tiempos que había mucha hambre,
la higos del huerto de mi vecino
era la codicia de los niños
(…y de toda la gente del pueblo)

Este invierno corté una rama a esa higuera,
para hacer un trasplante,
y creo que me ha prendido.

Hoy me he enterado que la talaron.
(apenas dos días después de coger yo el esqueje)
De manera que, si prospera,
un día despertará en mi casa
y, al saborear la tierra y escuchar el viento,
se dirá:
Pero… ¿qué hago aquí?

Cuando lo que predomina en el enigma es la belleza.

 


 

Y hoy, en esa languidez que sigue a una buena comida,
he soñado que dentro de mí
hay una célula
que quiere ser viajera y escribir poemas.
Asienta en el borde de la uña
de mi dedo meñique izquierdo.

No es guapa, ni más interesante que otras.
Pero así se siente.
Y todo porque así la vio otra célula
con la que un día se encontró.

Espero ese día en que ella se cruce y contacte
con todos los habitantes que tengo dentro.

 


 

Intenté convencer a un hombre,
etiquetado de esquizoide,
de que su realidad era falsa,
(en algunos aspectos)
y que la suya no era la de todos.
Pero sus ojos siguieron mirándome
extrañados, teñidos de certeza.

Hoy me doy cuenta de que todos tenemos
una visión de nosotros mismos, del mundo
y de lo que es la vida
casi tan difícil de cambiar
como la de aquel hombre.

Tan sólo que él nos llama la atención
por lo alejado de la norma que está su concepto
o su sistema de relaciones.

Hoy creo que efectivamente sí hay algo
que puede hacer cambiar nuestra forma de ver:
La suerte. La buena o la mala.

…y sorpresivamente
la región fue invadida por plomizos nubarrones,
y pronto comenzó a caer una lluvia discontinua y gélida.

Pero más tarde se hizo un claro entre las nubes
y entre los árboles lució sol.

 


 

Todo lo tenemos clasificado según unas pautas,
cada cual con las suyas.
Y así, similar estímulo externo,
en cada individuo, puede producir
una respuesta disímil.
(en mayor o menor medida)
Realidad dividida.

Y quizás por eso,
el mundo que ven las vacas, por ejemplo,
no sea el mismo mundo que nosotros vemos.
Ni de lejos.

Y por eso mismo,
Anoche, de nuevo, me olvidé de sufrir.

 


 

Dicen que en esa región llamada agujero negro
no hay tiempo ni espacio observable.
Dicen también que en el mundo cuántico
ese tiempo y ese espacio se debilitan
y que ahí el ahora apenas existe.

Si en este Universo en que vivimos
se suprimiera el tiempo y el espacio
¿qué quedaría?

En esto, hasta ayer, sólo las religiones tenían la palabra.
Hoy la Física, balbuceante, también quiere hablar.

Y también podría decirse que donde no hay armonía
hay algo que se opone, que resta.

¿La realidad es una?

 


 

Para el hombre
también la mujer se asemeja a un agujero negro.
El horizonte de sucesos está en su piel.
Luego la singularidad nos captura,
nos transforma y nos lleva al más allá.

No sé cómo he sobrevivido.

 


 

El morbo, en el sexo, es un elemento crucial.
Allí el tiempo se relame.

Y en el juego de las verdades
es donde más morbo hay.

Para los que aún creen en la magia.

 


 

En la Física de Partículas se dice
que al observar se modifica lo observado.
Por tanto ¿el Universo es o lo hacemos?

Quizá no sean menos ciertas
las otras formas de ser el Universo.
Esas que se ven desde otras Ciencias
o contextos.

El Universo podría ser múltiple,
podría ser también como lo ven los perros, las vacas
o como lo perciben los árboles
o los hombres primitivos.
O como era en la cultura antigua china o hindú.

O ser un murmullo.

 


 

He creído descubrir que la esperanza es una sensación
que se siente en el abdomen.
La mente puede definirla como un querer sin atreverse,
pero sólo son ideas
que se mezclan con palabras.

Esa sensación es tenue, física y embarga.
Y tiene mala traducción.

 


 

Tengo muchas razones para callar
y casi ninguna para hablar.
Casi siempre tengo en mente ideas que se oponen.

…Antes al pensar,
según el cómo y el qué,
me inclinaba a decir una cosa o la otra.
Ahora casi siempre empatan.
Y no digo nada.

 


 

Y a propósito de la higuera,
aquella de la que te hablé en la primera página:
Pues a su lado planté también,
un naranjo enano chino.

Y desde entonces me pregunto…
¿Se habrían conocido antes?

Juan Friera
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