Servicio de promoción de autores de Letralia

Saltar al contenido

Nuevas especies de óxido, de Antonio Soriano Santacruz
(extractos)

lunes 12 de abril de 2021

Antonio Soriano Santacruz
Antonio Soriano Santacruz (Alicante).

De la serie Voces contemporáneas de España
Con selección de Fernando Salazar Torres

 

“Nuevas especies de óxido”, de Antonio Soriano Santacruz
Nuevas especies de óxido, de Antonio Soriano Santacruz (Boria Ediciones, 2021). Disponible en la web de la editorial

Nuevas especies de óxido
Antonio Soriano Santacruz
Poesía
Boria Ediciones
Murcia (España), 2021
ISBN: 978-84-121013-8-6
74 páginas

Lo que viene: lo que parece venir. Periscopio

Vamos
solventemos el azul de marzo
y ayudémonos en el despiece de nuestros ojos
para no ver
la feroz recaída
el naufragio.

Levanta y vamos.
Antes de que se acabe el hidrógeno en el cosmos
y en el vacío tengamos que mirarnos las nucas
sin horizonte concreto
y no oigamos la voz de lo nuevo.

Rápido.
No vaya a ser que el cielo se tiña de negro
y llegue la noche
sin crepúsculo que avise.

Si trastocan las luces y las sombras con las horas
te prometo que no estaré aquí.
Cuando los picos de estas montañas
aquellas que rebotan los ecos de tus risas y tus gritos
sean polvo
te haré sentir el hueco
la sombra
y tú llorarás
o creo que llorarás.
Quién sabe.

Pero a tiempo estamos de pegar las últimas bocanadas
sólo del argón del aire.
Y sonreír en las últimas veces de tu nombre.
Las constricciones que hablan
la asunción santa del fin
el agnus muerto en el altar de los cánticos
no pueden tocarme
ahora.

No importa mañana.
Todo va bien
ahora.

 

Intermedio: Berlín, 1933

Las luces del infierno parecen brillar mucho esta noche
—Observa Peter encantado

C. Isherwood, Adiós a Berlín

Quién fuera un maricón de cabaret
en el Berlín de los treinta.
De esos que fumaban tanto y tanto
en las puertas de Postdammer Platz.

Espectáculo y sexo.
Prostitución y drogas.
Todo acto obsceno es una misma cosa:
una estética e idiosincrasia particular.

Fumados, borrachos y si Frau Schoeder
nos permite retrasarnos con el alquiler
también habría coca para ser nosotros mismos.

En verano cambiaríamos
diríamos:
No hay por qué seguir con esto.
E iríamos a Rugen
a enamorarnos de un inglés
delgado y alto.
El calor nos haría pensar que somos más que escombros.

Pero somos hijos de lo decaído
y en otoño regresaríamos al casino
o al KitKat a seguir
haciendo lo único que sabemos.
Trabajar sin pensar.
Ya que pensar es llorar hacia dentro.

Tras una dura jornada
un gordo judío sale del reservado.
Te retocas las ojeras.
Te lavas la boca de simiente semita
y sales demacrado.

Sally, padre no hubiera querido esto
Sally querida… Tenemos que hacer algo para salir de esto.

Pero lo estático y terrible es tan pesado
que adormece.
Y la muerte en el campo
el ruedo
el baño
aprieta.

Nos acercamos a ella sin pudor.
No podemos.
No queremos escapar.

 

La huida: senda

Aprendió a sobrevivir a base de viejas historias
y huesos de melocotón.

Aprendió a leer augurios y anticiclones
en los pelos que Casigato dejaba en la ropa
y en el sofá.

Aprendió de todo y de todos
lo indispensable para continuar a ciegas.

Aprendió de los terribles
a mover el hierro pesado
y lo militar del sexo y del esfuerzo.

Y aprendió de los hippies
los ciclos y tipos del té
y a tirarse en el suelo en las tardes
del verano madrileño

a escribir en la pared.

Aprendió de los pulpos
a abrazar con ocho brazos.

Aprendió de los vientos del verano
que el amor es algo propio
y que poco tiene que ver con lo azaroso.
Y aprendió de cierto pueblo
la permanencia
y la alegría de lo cotidiano.

Aprendió muchas cosas
aunque sólo las justas que cabían en sus manos.

De Chopin aprendió la alegría
de lo triste.
De Monteverdi y Galuppi lo aprendió todo muy rápido.

Se aprendió de memoria el alfabeto
de las pieles
de ciertos nómadas
y recordó el lenguaje de las flores.

Y tras ello
un día
salió y se puso a caminar
desde el inicio de este Este
hasta el Poniente más brillante.

Andará
andará hasta que las hojas del ciruelo se hayan ido
y los chopos hayan predicho ya el marrón.

Allí en lo lejano todo esto será el polvo
que comíamos.

Pero ya no importa.

Lo aprendido sirve como camino
y tras la primera linealetra
es imposible desandar lo andado.

Para siempre ya esto es nada
y ya sólo caminar tiene sentido.

Antonio Soriano Santacruz
Últimas entradas de Antonio Soriano Santacruz (ver todo)