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Dónde está la heroína, de Tomás Carrión Vidal
(extractos)

viernes 23 de abril de 2021
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Tomás Carrión Vidal
Tomás Carrión Vidal (Cartagena, Murcia, 1999).

De la serie Voces contemporáneas de España
Con selección de Fernando Salazar Torres

“Dónde está la heroína”, de Tomás Carrión Vidal
Dónde está la heroína, de Tomás Carrión Vidal (Boria Ediciones, 2018). Disponible en la web de la editorial

Dónde está la heroína
Tomás Carrión Vidal
Poesía
Boria Ediciones
Murcia (España), 2018
ISBN: 978-84-946065-9-5
66 páginas

Darse de bruces.
El momento en el que descubres
que la coca no era un refresco.
Comprender aún sin pelo en las pelotas
que no es por anciana nostálgica
por lo que tu abuela llora sola,
y los vanos intentos de sonrisas
que a tu pueril mirada dedican
esta vez no lo consiguen, no lo evitan.
No evitan que repares
en incesante carmín goteando
contra el suelo.
que viene de una mano,
a la que no miras por miedo.
Entonces, sólo entonces,
sólo en ese preciso momento en
el que se estanca indefinido el tiempo
comprendes.
Que las constantes ambulancias
no eran para la vecina.
Que los frascos vacíos
no eran de medicinas,
y que mamá
nunca se caía.

 


 

Y qué si soy perro,
da igual verde, rosa
o gato callejero,
o un charquito en la calle
cuando está lloviendo,
o un ratón esquivando la trampa
y comiéndose el queso.
No me importa el estrés de tu rutina,
que no te deja ni detenerte
a observar las golondrinas
que tú mismo
convertiste en cuervos;
me entristece que por mucho que brille la luna
en esta aparcada orilla
jamás podrás verla porque vas con prisas.
Que nadie se detiene a ver el vuelo de una polilla
y que tal vez sí que arrancaron las margaritas
y hasta la primavera,
el pobre telón del teatro llorando
porque no hay lágrimas, ni risas en las butacas,
sólo pantallas,
y la ciudad de los gitanos coge polvo,
nadie la vio ni la recuerda.
El sol ya no brilla al alba,
mil personas se levantan pero nadie se percata,
puedo escribir los besos más tristes esta mañana
y nadie los leerá nunca,
se pierden entre las ojeras.
pero yo no tengo la culpa,
tampoco la tierra,
si estoy entre dos aguas,
y vosotros con gasolina
aunque me duela,
jamás os dará ni el aire de la calle,
ni apreciaréis la luna ni los charcos
ni las polillas ni el sol ni los gitanos,
pero preguntaréis
qué es poesía
todavía tendréis los cojones de preguntar
qué es poesía.

 


 

Un día de agosto de madrugada,
en el que como de costumbre el rocío
tanto asfalto como campo empapa
se comienza a vislumbrar el alba
y los ruiseñores cantan
en Andalucía
un amanecer cualquiera,
dejando atrás aquella noche
que noche que nochera.
DEJAD LA POESÍA
pues un fuerte estruendo seca la humedad
de la madrugada,
espanta a los ruiseñores
y tiñe de carmín el alba
y Andalucía calla
y Granada gime sentada en su cuneta.
¡Ay! de este golpe que retumba más allá de Madrid
del charco y las fronteras,
DETENED LAS GUITARRAS
que callen también los gitanos
pues el verde que verde que él quiso verde,
es ahora negro
pero callad, ni una lágrima,
no me vengáis con cuentos.
Yo no puedo
no oigo el sentir de los caballos.
APÁGATE DE UNA VEZ,
para de brillar, luna,
que ya nadie te canta,
que canta, que cantera.
Ven aquí, madre,
aproxímate y coge con tus manos la sangre
que tiñe esta cuneta,
pues es tuya,
y tuya será,
pero que nadie llore,
no deis esa satisfacción a la pólvora,
y sonreíd,
pues su sangre que moja estas calles
las llenará de magia,
¡ay! que es por ti por quien brilla hoy La Alhambra,
¡ay! de hoy,
¡ay! este día de agosto de madrugada,
con estruendo, con un estruendo
todo se detiene,
el viento se para
pues se niega a no volver a besar tu frente.
Con un disparo,
con una bala que apenas cabe en la mano,
pero penetra certera en tu espalda y los calla,
los calló, callaron todos,
calló la luna,
enmudecieron los romances gitanos,
en seco tiraron los caballos a sus jinetes,
y los ruiseñores perdieron sus alas
y sí, hasta los poetas callaron,
pero no llores,
que no es silencio que es luto.
Y te prometo que yo no perdono,
no perdono a esta España.
No enmudeció la tierra por el político
ni por el militar,
no lo hizo por la aristocracia ni la patria,
enmudeció la tierra
que tierra que tierrera,
enmudeció la tierra por el poeta,
pues aquel agosto
no murió,
no murió
aquel agosto
Federico García Lorca,
aquel Agosto
lo asesinaron.
Asesinaron aquel Agosto
a Federico García Lorca.

 

Tomás Carrión Vidal
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