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Poemas de María Gladys Estévez

viernes 21 de mayo de 2021
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Y Caronte no redimió los pecados,
un mar ahogado de tumbas que, en sus formas arqueadas,
gritan en silencio por toda la eternidad.
Pago alto y desmerecido por hallarse en las profundidades de la nada.
Hacedme un hueco donde antes hubo hielo, ahora fuego (se dijo).
Entre caballitos, caracolas, los niños buscan la teta.

 


 

En aquellas tierras lejanas donde tejen sueños.
Porteadores descalzos, pisadas de ocres…
Un continente abrazado a la faz de la Tierra,
de espléndidos verdes, y ríos como lámparas,
reflejan una única Luna. Abrevad aquí, abrevad.
Como Demetra atesoro siglos. Abrevad la roja Tierra.

 


 

Y los carámbanos en el desierto son hermosos,
como la fría noche que acaricia con sus dedos los ojos de quienes lo surcan.
Las fieras libres copulan descendencia,
pastan en el ejido, entre murmullos de cuervos.
La batalla impresiona, por vivir. ¡Qué pálida y hermosa se queda la tarde!.
Ósculo que danza en la selva de hojas gigantes. ¿Es que no los veis?

 


 

Pero se esconde una multitud del diablo,
a engañar la inocencia, y al hambre.
Igual que música de celo esperan la promesa,
pero cabalga la muerte con los bolsillos llenos de plañideras.
Apolíneo monte abarcado de criaturas pastoreando. Abrevad, abrevad.
Pero se esconde una multitud del diablo…

 


 

Surco los valles como águila, vespertinamente, y un mar ocre
se deja caer en ellos (duerme poderosa pachabamba).
Mirad sus ondas que son como mieles que en rocío se expanden,
valles con árboles de grandes hojas,
allí habita la criatura hermosa (en las montañas Virunga).
Arpa celestial, como ángeles su música al llover, Lunas y Soles.

 


 

Soy un mirlo blanco el calor que sofoca, y la lluvia que abraza,
batiendo alas en un baile gozoso entre picos de montañas,
brota manantial, brota oasis. (¿Quién profanó la tierra?).
Los hombres han roto los caparazones, han despoblado la vida.
Aquel barranco se ha secado, se vislumbra la pérdida.
Soy un mirlo blanco el calor que sofoca, y la lluvia que abraza.

 


 

Las aldeas son brotes de pura melaza, ritmo, ritmo.
Dejadme llevar no me hacen falta alas, alas para volar,
Medito y sueño: Una aldea aquí, otra allá.
Un cielo tejido: abriga. Un continente explayado hacia la mar.
Nací de nalgas luego un grito bronco, luego otro, y otro.
¿Fue traición? Conspiración, repulsa, intereses, egoísmo.

 


 

Los pechos ya duelen de secos y la herida de la tierra,
se abre como boca de cíclope. Los ungüentos se hacen pocos.
Son muchas las manos hinchadas, y muchas las lenguas sin palabras,
son gritos silenciosos, en una huida sin precedentes.
Acecha la muerte incorporada a las mochilas,
por el cementerio del desierto huyen pies descalzos.

 


 

En algún momento se perdió la cordura,
templos erigidos,
con relucientes joyas de engaños.
Y un recitar de heridas,
ancladas al barro…
Úteros llenos de la desesperanza, no hay futuro, no lo hay,
amarga mermelada: las manos se alzan como los cuellos de jirafas.
¿Dónde se esconde la gloria? Cercenaron miles de glorias, ¡sangre, sangre!

María Gladys Estévez
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