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En el valle de las flores, de María del Mar Gómez Fornés
(extractos)

miércoles 2 de junio de 2021
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En el valle de las flores fue publicado exitosamente en 2019 por la editorial CompBee. Ahora inaugurará una nueva colección virtual de la Editora Regional de Extremadura bautizada por su director Luis Sáez como Orbital, saliendo con el título de El valle de las flores. Este libro tendrá la compañía de Lisboa, Moscú, Madrid, de Montaña Campón. La autora de los versos aquí seleccionados pretende saldar la deuda que tiene con aquellas mujeres que, lejos de poseer “una habitación propia”, vivieron a la intemperie. Mujeres que dedicaron sus vidas tratando de salvar a sus hijos de los nuevos odios, teniendo aún el ardor hiriente del rescoldo de la guerra lejana pero nunca olvidada. Versos de hechura simple, sin artilugios, pero nacidos de lo más hondo de la memoria y del corazón agradecido a sus ancestros.

Antonio María Flórez

 

“En el valle de las flores”, de María del Mar Gómez Fornés
En el valle de las flores, de María del Mar Gómez Fornés (CompBee Ediciones, 2021). Disponible en Amazon

En el valle de las flores (Una oración. Un cántico. Una mirada)
María del Mar Gómez Fornés
Poesía
CompBee Ediciones
Madrid (España), 2021
ISBN: 978-8417535506
50 páginas

Almacabras

Elijo ser una flor
y hacer jardines,
y en nombre de ellas,
rebosar prímulas,
esparcir flor de té,
deshojar bismalvas
que nacen allá, por los salobrales.
Iré y alfombraré de laurel
los taludes pedregosos
los calveros
y linderos de los bosques.
Seré como la hierba pincel
un suave jersey.
Iré a florecer
desde marzo en las garrigas,
hasta la altura del verano.
Y al fin
desde mayo,
inundar los prados húmedos,
dibujar prunelas,
esa que llaman hierba de la herida
al borde de los cementerios.

 

Yo os busco

Desterradas y cavadas.
Mujeres de medias negras y olor a lumbre.
Miniaturas en ascuas.
Apuntes y pespuntes.
Juncos de azotea.
Apenas un rescoldo.
Sabed que yo os busco
en los poemas que alumbró la guerra.
Os busco en el eco de los pozos
………………………………………….de los patios de las casas
………………………………………………………………..de los pueblos momificados.
Sabed que os hablo y encomiendo vuestras almas.
Os busco, mujeres desamadas.
Macetas de interior y
rosario a media tarde.
A vosotras,
que apaisadas como fardos de estación
nadie reclama.
Os busco a vosotras.
Deslucidas.
Blanqueadas, en fuga hacia las brumas de la intemperie.
A vosotras,
asiduas invitadas de funeral en funeral.

 

Rezad por ellas

Allá van.
¡Miradlas!
Por allí bajan, hechas fragmentos de pura pena.
Allá van.
¡Miradlas!
Por aquí suben trayendo a sus muertos.
Allá van rezando. Miradlas. Escuchadlas. Siempre traen en la boca una flor.
Rezad por ellas. Rezad.
Saturna. Montaña. Guadalupe.
Aireen sus benditos nombres.
Trinidad. Juana. Benedicta.
Pronuncien sus nietos sílaba tras sílaba
Tomasa. Rufina y Filiberta.
Y los bisnietos jueguen a hacer contraseñas, anagramas e iniciales.
Rezad. Rezad por ellas. Rezad.
A falta de flores y panteones.

 

Milagros

Parió un día de abril
de un año que ni ella supo escribir
Llegó junio y
ya sin flores
……………….la parieron a golpes
No hubo milagro
ni panecillos bajo el brazo.
Una más entre las pobres,
la pobre Milagros.

 

Guadalupe

La nombro y emerge balandro en mitad del campo.
Monasterio de un pueblo con pila bautismal.
La nombramos como el Padre Nuestro, en oración.
Desembocadura. Océano de tintura más allá del verde.
Allí se va a rezar.
De allí son las Guadalupes que en el mundo hay.
Las niñas-sonajero. Eco y templo.
No podría recordar a una sola.
Revolotean por millares en cada casa
y en cada pueblo, y los altares están a rebosar de ellas,
como de flores silvestres el prado.

 

La abuela

Llegaba siempre con una maleta gris.
Un bolso gris.
Un abrigo gris.
Su pelo y sus cejas y su mirada, grises.
La recuerdo entre brumas y corros de niños felices.
Era el tiempo de los caramelos en forma de violeta.
Los cajones olían a la flor de marzo.
Rebosaban flor del Cáucaso y pañuelos bordados
al Heno de Pravia.
En su equipaje traía olores del campo campo.
Ella misma era un huerto.
Una florecilla arrancada al borde de un camino,
con cinco hojitas venía acorazonadas.
Oleadas de flores desplegaba entre los camisones
y en la mesilla un altar al Cristo de la Victoria.
Cosido a la ropa traía un saquito de tela milagrosa,
allí repicaba su letanía de medallas:
una por cada nieto que le nacía.
Luego, como si llegara de la Isla del Tesoro, repartía rosarios.
Recuerdo una funda de gafas hecha con pelo de cabritillo.
Y las caricias que dejamos en ella…
La abuela llegaba sin hacer ruido, cargada con besos de abuela.
Esos sí hacían ruido.
Mucho ruido.
Besos estampados como flor en la mejilla…
En días de mucho silencio oigo batir sus alas por mi cara.
Llegaba para unos meses.
Con un par de vestidos negros y un abrigo negro de esos que ya nadie fabrica.
Llegaba cargada de besos y pañuelos para la llorera.
Las abuelas lloran y lloran y lloran y lloran
Y lloran
…y ahora sé por qué lloran.
REZAD POR ELLAS. REZAD.

María del Mar Gómez Fornés
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