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Otros territorios posibles, de Marinés Scelta
(extractos)

viernes 10 de septiembre de 2021
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Marinés Scelta
Marinés Scelta (Mendoza, Argentina, 1984).

 

el verano

1

en la ribera siguió esperando el daño
una fila de sábanas tendidas al sol
sobre nosotros volaron
los tordos del alba
la única velocidad
que logró sitiarnos

¿fue siempre así la forma del verano?
¿qué de ese calor no pudimos resistir?

la sed sólo se calma con el caudal de la propia voz
nunca fue tan necesario despojarse como ahora
escribiste
sepultamos la espera bajo los sauces
llovió antes sobre nosotros

¿qué hace que esta sea la última vez?

 

2

estás detenido
frente al mismo oleaje
mirás a través de la inocencia
sé que otra costa todavía
puede sostenerte

¿por qué te aferrás con tanta fuerza
sólo a lo que ves?
podemos entrar en ese mismo río aún
hasta tener algo de claridad
¿o incluso tener eso
ya no importa?

ahora no somos lo que pasó
sino lo que recordamos
los días han cambiado de lugar
y ya no sé dónde ir a buscarte
el olor de los tilos es el artificio necesario
porque acá sigue siendo de noche
no hay afuera
trabamos las puertas con el último viento
lejos quedaron los malvones
y el aguaribay de otro patio

¿vamos a llegar
siempre al mismo lugar?
¿es el mismo para vos
que para mí?
estamos parados en una isla
y alrededor
no hay más que crecida
como pronóstico.

 

inundación

yo también quiero saber si el sonido
del pasado va a diluirse
en la expansión de los círculos
del agua
si meter la cabeza debajo
soltar los remos y dejarse a la deriva
hará que seamos más fuertes

vemos la ocupación
por desbordamiento
y quiero bajarme del bote que improvisamos
con las cosas rotas
tocar tierra firme
soltar las amarras de tu cuerpo ya lejano

mentira
no conocemos el rumbo desde el principio
tu historia no suena mejor en mi voz
la desesperación del movimiento
es otra forma del abandono
recogemos los peces
para el acopio del día después
empujamos contra la corriente
para sabernos juntos en el salvataje.

 

represa

algo a punto de romperse lleva tu nombre
ese lugar común que necesita esfuerzo
para abandonarse

una orilla donde todavía tenés tres años
y mirás por primera vez el río
que vas a llevar adentro siempre

puedo ver las marcas
que te han traído a este punto
atesorás el daño y el lenguaje del agua
en cada una de ellas

no soy el perdón con el mundo que buscás
no sabría cómo
sanar tu cuerpo de esa duda que persiste abierta
una inundación forzada
en la que te reconstruiste como una casa
en el deseo de alguien
que te acompañara en ese naufragio
tocándote por primera vez así

no busco otra cosa
dame
tengo el miedo
a punto de arder en la mano
en la desesperación
grita el hombre del insomnio dentro de vos
y yo que repto
en lo que queda de un diluvio
sólo alcanzo a resistir contra la corriente
donde intento destapada
el sueño de los animales indefensos.

 

qué dejarías

a la distancia puedo tomarte entre las manos
simular un capullo donde dormís
encerrado por la tibieza
un pájaro dentro
como el canto del trayecto que recorrimos
¿cómo suena ahora esa melodía?
pienso en el resplandor de la complicidad
la hora por la que se filtra aún
debajo de la puerta tanto de los dos

estás en esa mañana una y otra vez
es el frío de algo que gotea
una cortina
que sólo con ruido se levanta
las perras duermen afuera
y esa es la única postal
el viento y no otra cosa
un mensaje con esa mirada
a través de lo perdido

¿qué dejarías ahora
si este fuera el final?
veo un cielo de álamos rapados
y es invierno
yo sé
ese es el paisaje
que va a verme envejecer
nada queda de ese otro
que construimos al resguardo de una casa
donde la humedad socavó los cimientos
imperceptible también
como la decepción.

 

lo que duerme

no es el camino
lo que extrañamos recorrer

me explicás
la naturaleza nunca fue tan necesaria
para tapar el silencio entre los dos

¿existió siempre ese desaliento
refugiado en la espesura de lo cotidiano?

¿necesitaba tanto alimento para sobrevivir?

me digo que hubiera sido suficiente
cubrirlo durante la estación más fría
que nada vivo
puede soportar tanto tiempo
inalterable
debajo de un vendaval

imaginé al amor
como la sumisión ante algún ídolo
la espera por los colores de la mañana
como una cicatriz

estás frente a la puerta
que no te animás a cerrar
cargás sobre la espalda el ancho
de un animal que ya no se mueve
decís que esa lastimadura no es gran cosa
y a mí me sostiene la rigidez en las manos
de insistir

hubiera querido otras preguntas
qué habrías resignado vos por las respuestas
entendimos cuando ya es tarde
no desperezamos a una bestia de ese tamaño
sin la certeza de matar.

Marinés Scelta
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