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Poemas de Natasha Sardzoska
(de su libro Coxis)

miércoles 22 de septiembre de 2021
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Coxis, poemario de la escritora macedonia Natasha Sardzoska publicado en Skopje en 2019 y con reediciones en Pristina (Kosovo) y Milán (Italia) en 2020, fue finalista del Premio Nacional al Mejor Libro de Poesía “Hermanos Miladinov”, del Festival Internacional de Poesía de Struga. Hoy presentamos cinco de los textos que lo conforman.

cartografía del fuego

estamos en ninguna parte
no vamos a ninguna parte
somos dibujos solitarios en las plataformas
nuestros alientos humean alrededor de los aeropuertos
oímos las conversaciones sordas en las carreteras
contemplamos las ventanas cerradas del metro parado
los trenes del silencio son suspendidos
los vuelos son cancelados
los días pospuestos
para nunca más

el vino hierve en nuestros labios
fuego en los márgenes de nuestra mente
nuestros ojos son nubes congeladas
nuestras cabezas arrojadas al desierto
estepas crecen en nuestras lenguas
selvas mojadas en los sexos
abismos en el pecho
mapas ardientes
después de la lluvia
en el cielo de cristal
que no cubre ningún país

nos vamos después de nuestras sombras
somos huellas pisadas en las arenas movedizas
ropa rasgada de los refugiados sin rumbo ni rastro
los cetros están fuera de los límites de los reinos ficticios
uñas dientes ojos desenterrados de las historias no escritas
perdidos en las incomprensibles crestas de la nuestra carne
mapas desgarrados de nuestras rodillas
orillas hinchadas que tragan islotes y calas
en el extremo de nuestro anhelo celular
en la frontera de las naciones muertas
estamos quemando sólo por ese momento
cuando sabes
cuando lo sé
eres el levante derrotado
vuelves tu espalda al viento del este
caminas por los bordes de tu libertad
y te vas
pero ya no eres una quimera
no eres ni un exilio
ni siquiera serás
para mí
terra incognita

 

laissez-passer

no celebro las victorias de mi patria
los calvarios en mí golpean armoniosamente
y eso es suficiente para mí

no lamento las caídas ni los fracasos
mi hogar de mí se construye
y allí yo me quedo

estoy bajando con ojos cerrados ante la guardia
y espero que me dejen pasar
en los estrechos que no son míos
espero que la tormenta
se lleve el exilio
arrojada en el olvido me clavo
cuento las existencias insignificantes
que pasan y atrás de ellas
todo sube y se agota
una y otra vez y más y más
así como en esta vivienda
así como en esta vida

infiltrada como una víbora espero
para que den vuelta hacia mi lugar
los anemómetros
mientras en algún sitio del mundo
vagabundean vientos sordos
en mi campo interior espero que amanezca
para pasar desde el otro lado espero
para conseguir mi turno en la fila espero
para que me llamen de alguna manera
no importa cómo y de cual manera
de cualquier manera
yo espero:

que me selle
la policía

de la frontera

 

viento vagabundo

silba el viento dentro de mí.
estoy desnudo.
dueño de nada, dueño de nadie,
ni siquiera dueño de mis certezas, soy mi cara en el viento,
a contraviento, y soy el viento que me golpea en la cara.
eduardo galeano

en los aeropuertos soy el pasajero
controlado muchas veces
random check me dicen
pero yo no viajo
no voy a ninguna parte
les digo
ni me voy
ni siquiera regreso
no soy una especie en extinción
ni el eje que determinará la dirección

ellos buscan en mis bolsas
pero yo no tengo nada
nada que opaque sus miedos
me preguntan a dónde voy
pero ni yo misma no lo sé
ni cuál es la dirección del hotel
qué dice la carta del anfitrión
y si tengo un boleto aéreo de regreso

soy un pescado en tierra seca
les digo que quiero escapar
pero tengo miedo
no ven
no tengo ni norte ni sur
una pista excavada en su tierra real
y sin embargo soy la ausencia de la tierra
de su tiempo
soy el reloj de arena
a la que no esperan que caiga
ni que los deje
aunque estén buscando
una mancha de tiempo
que les devuelva

a su principio imperial

 

juegos sin (front)eras

la sangre sólo se espesa
con antorchas al cielo elevadas

por costumbre ponemos la mesa para cenar
con las batallas perdidas por reinos caídos
con vino tinto caviar salmón y bodegón

y con palabras prohibidas
que no se deben pronunciar

porque sólo la obsesión nos alimenta
y todo lo que es nada
y todo lo que es de nadie

expulsados de todos los rincones del mundo
ladrones inigualables de los tiempos
nos tragamos sólo nuestras quimeras:

pero jamás
nuestras verdades

 

himen

después de volverme
el primero aval judío
en la cama ensangrentada
de la américa latina
bebí toda de una vez
la violencia de la realidad

[y el elixir para una cara sin arrugas
para piel de colágeno lisa como serpiente
para un culo duro como una avellana]

y me puse en la vagina
un corazón crudo de gallina
lo empujé con mi dedo medio
bien en lo profundo de la pelvis

así que me convertí en demiurgo
de mis propias costillas

Natasha Sardzoska
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