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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Seis poemas de Andrea Molina Hernández

viernes 1 de octubre de 2021
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Calavénë

Bajo el sol de mi tierra te conocí
tú llevabas su huella
en esos tus ojos de café
en cabellos de ébano
y en aquella tez
que por un peculiar designio
de un momento a otro adoré.

Bajo el sol de esta mi tierra
que es también es tuya
tan nuestra
se hizo primavera
las abejas zumbaban
había flores moviéndose al viento
y mientras una tórtola dejó caer su primaria
yo no solté la mía
mi pluma fiel estuvo corriendo
laboriosa, como obrera de panal
destilando lentas mieles que
¡qué vergüenza!
yo jamás te mostré.

Bajo el sol de mi tierra
se maduran los frutos
y enrojecen los rostros
como mangas a punto
y como savia nutritiva
cada pequeña seña magnificó aquel
tan fragante, dulce
tal vez promisorio
que saqué antes de tiempo
y escondí de todos
para no verlo
para no ingerirlo ni compartirlo
y se pudrió
bajo el sol de mi tierra eso último ocurre también.

Este es mi valle hermoso
que sólo en sueños nos vio pasear
este es, valle precioso
aquel mismo
en el que hace tiempo dejé de amar
alguna vez abrí mis brazos
y me agarró, casi asfixió
un higuerote
y ya no hay marca
pero sí memoria
por eso, bajo el sol de mi tierra
usé sombrilla
aunque sí me abrasó la angustia.

Este es…
¡ah!
dichosa es el ave de mi valle hermoso
que para ti canta
que ante ti vuela
puede seguirte en un batir de alas
una flor puede obsequiarte su aroma
el sol te cubre entero
ojalá pudiera yo
curar los cardenales
que te deja
esa estrella cruel
ese astro celoso
rabia te tiene por tu encanto
por él no eres ya trigo
sino cacao puro
(¿serás, acaso, saludable?).

Bajo el sol
perecen
hierbitas creciendo a la vera
de un camino
mi vista está baja
mis pies van veloces
y quisieran llevarme lejos
una llamada
no atiendo
es mi tierra la que ha de cubrirme
ni el sol
ni tus manos.

 

La noche

¡Qué hermoso es el cielo esta noche!
Una miríada de estrellas
nos saludan al paso
¡qué bello luce el espejo de agua
qué perfumadas las flores nocturnas
qué triste es la voz que declama!
Porque a raudales se asoman los astros
caras pálidas en aquel cuadro infinito
ostentan nombres, que no entiendo
susurran cosas que no escucho
ven todo aquello que no percibo
me ven a mí
bajo una nube gris
te ven a ti
con luces blanquecinas alrededor
son capaces de leerme las penas
bien pueden saber de las tuyas
(¡ojalá sean pocas!)
¿podrán entonces delatar intenciones?
¿conocerán este anhelo que abrigo
sin esperanza ni acierto?
¿querrán decirte algo
justo lo que no puedo?

Quisieran ellas leer para mí
esas frases que te grabas a fuego
descubrir lo que anida en tu alma
saber más de ti, Elendil
que las admiras, tanto
que así te he puesto yo
sin tú saberlo
en una lengua fantástica.
Quisieran ellas saber
quisieran, tan buenas, decirme
aquello
que no debo preguntar.

¡Qué hermoso es el cielo esta noche!
He querido cantar bajo un sauce
uno que no llore
uno que agite sus ramas
cual bailarina al son de pandero
he querido ver cocuyos
pero se han ido
así como las abejas del día
ellos se han ido
vendrán entonces las chicharras
conmigo, a hacer bullicio
vendrán los grillos
y frotarán sus patas
como arcos de un violín impaciente
hasta el amanecer
hasta reventarse
hasta morirse de gusto bajo un cielo precioso
bajo la mirada de estrellas frías, distantes,
quién sabe si los ven de veras
quién saben si los oyen en serio
quién sabe si me escuchan
y puedan decirte
de la angustia que llevo.

 

La voz que declama

Qué triste es la voz que declama
creído yermo su jardín
y encuentra de súbito un brote
débil, patético, poco importante
que toma forma con los días.
Qué triste es hallar en él
una planta que ha roto la tierra
desterronado el suelo
abierto surcos con sus raíces
¿qué haré cuando llueva?
El agua correrá presta
y entrará en el suelo
¿qué haré cuando florezca?
Cada pétalo tiene un nombre repetido
cada color, unas mismas pupilas
¿qué haré
con un polen que no hueles
con delectación o estornudos?
¿qué haré con un néctar
pudriéndose al sol
siendo comido por bichos?

He de cuidarla
¡ay de mí!
He de cuidar a esa planta
no hay manera: así soy
ella me divide el corazón
como lo has hecho tú
¡qué cruel desespero
el saberte ausente!
¡qué cruel ironía
el tenerla cerca, que es igual!
Me divide el corazón
pues, ya que está,
con ella ¿qué haré?
no la quiero
¡nunca la quise!
Y ya no la puedo perder
contigo cerca
¿qué podría yo hacer?

Eventualmente morirá
ella, que no es eterna
seamos sinceros
no es eterna
toda su energía se irá
produciendo flores y frutos
que creyó para ti
se pondrá triste
secará sus hojas
se pondrá amarilla y marchita como yo
¿qué haré
cuando la última
la última de sus células
deje de funcionar?
¿pensarás que querré botar
los restos de una planta bella
como aquella?
Yo no boto nada
y esas cosas
no las olvido ¡ay!
Pues no hay manera
así soy
la guardaré celosamente
pero me dejará el suelo blando
con las huellas de sus raíces
me dejará el corazón blando
y en él entrará la lluvia
se abrigarán insectos
correrá peligro de estar
una vez más
tan vivo
palpitante
rozagante
como aquella vez que enfermó
y recibió heridas de muerte:
aquel jardín pereció
bajo una lluvia ácida
tan bonito me parecía
y estaba lleno de malezas.
Correrá peligro de ser fértil
vulnerable
un vergel de negras ilusiones
para estos ojos que poco ven.
Tyenya ve
si pavimentase el jardín
pequeñas herbáceas crecerían
en las junturas del concreto
de alguna u otra forma
crecerían los afectos.

¡Qué triste es la voz que declama
en una noche minada de estrellas!

 

La casa

Hoy
cuando lloraban los mangos
regresé a casa.

Lloraban los mangos
y caían con estruendo
como gotas gordas y doradas
de una lluvia pesada,
como esperanzas
ya teñidas de rojo,
como penosas lágrimas
de quien no quiere llorar.

Lloro palabras
porque llegan recuerdos
me llueven las caras
me llueven momentos
he querido a todos verlos
sintiendo la angustia
de un río de montaña
que quiere ir al mar.

El mar está lejos
pero el verde abunda
aquel es mi mar verde
mi casa es color verde.

Mi casa es verde
de vida hervidero
es, pues, verde vivero,
allí mora la ardilla
crecen el bambú y el papiro
se pasea el caimán
boquean los koi
el ave entona
y ronda el insecto,
mi casa es la casa de otros
que ¡ay desdicha!
No pueden hablar.
El verde me ceñirá un vestir
algún día
el verde signará, quizá,
mi existir.

Mi casa es verde
y también rosicler
muchas auroras me hallaron
en el camino del Norte
de auroras se llenaron mis ojos
tal vez
me resten muchas por ver
quién sabe si pronto podré ver
desde el verde un rosicler.

Mi casa es dorada
la presea de un idealista
la gloria del que sueña
despierto
despierta mis afectos, casa querida
acógeme en tu seno
como la niña que soy
alumbra mi vía
si quieres desde lejos
más nada te pido
más nada exijo
del hogar que hoy nada tiene
sin embargo ofrece
entre yeso y dolor, ofrece
mi pobre casa es tan pobre hoy.

Mi casa es blanca
como pluma de garza
como nieve en la cumbre
tiene el color de las hojas
que un día llené de letras
y también el de aquellas
que me faltan por conocer.

Mi casa es azul
el tono del cielo se repite
en sus paredes
el infinito del mar
flor de azucena
los ojos de él
pero sin melanina
ojalá sus fronteras fueran
tan extensas como un horizonte plano.

Mi casa no es roja
pero la han teñido
roja es la sangre que mana de sus heridas
puñales rojos
balas con sangre que sangre sacan
las huellas en punzó.
Esa es mi casa
yo te quiero mucho, sí
pero entiende:
lloro también por la casa
en sus pasillos te vi
en sus estancias anduve
por sus jardines paseé
¿qué me le han hecho? Ai!
Está irreconocible
languidece
agoniza, se muere la casa
se apaga su luz
y nada puedo yo hacer:
levanta su cara cetrina
presenta una mano flacucha
y saluda, acoge, cobija
ofrece dadivosa
esta casa quizá fenezca
(nadie la arregla)
pero no así mis recuerdos
no así la experiencia
y quien ha vivido en ella
quien bebió de sus fuentes
lo sabe, la sabe eterna
dolorosamente entrena
e invulnerable, en el fondo.
Mi casa es una madre
que trasciende y me deja aquí
en el mundo
para ella y por ella.

 

Nírë

¿Por qué lloro?
He perdido algo que jamás tuve
me han quitado lo que nunca fue mío
¿por qué derramar lágrimas reales
sobre un derroche ficticio?

¿Por qué lloro?
No lo sabía
pero nací y morí el mismo día
tengo veintiún años
de vacío, de tristeza
multiplicaré los veintiún por cuarenta
y tal vez
en ocho siglos
encuentre yo la alegría de vivir
quizá me depare un futuro
para variar.

Lloro por algo grande
que han destruido
lloro por ti
aunque no lo sabes
lloro por esa tontería que creí
de nosotros
lloro por las anteriores
pues no he hecho más que errar, errabunda
pensé en un dúo encontrar respuestas
razones
supuse que esa sería en sí misma razón y respuesta.

Sólo las letras me entienden
pues, claro, las hago
sólo ellas soportan la pena
mejor que yo
sólo ellas me conocen
sólo ellas son francas contigo
yo me escondo
porque te burlarías.

El rojo es un color raro
cuánto daño el que hace
es el color de la mentira cruel
el de la sangre que mana de mis heridas
ese que ¡desgracia! corre por mis venas
ese que usurpa y tortura
el ladrón desalmado
el asesino
el que me ha quitado todo
destructor de madres bonitas pero tontas
ojalá no confundas el rojo pasión amatoria
con aquella otra bazofia.

Tengo veintiún años
me marchito más lento
de lo que quisiera
no quiero más rojo
y es lo que me toca, por nacimiento
en mi necedad quise dormir por siempre
pero ¿acaso desperté?
¿viví alguna vez?

¿Por qué lloro
entonces
si los muertos no lloran?

 

lómë

Escribiré un poema triste y feo en la tarde
pensaré en ti
cuando una letra con letra
mas no creas que, al hacerlo,
quiero manchar con ellas
tu grata persona
has de saber que el verso es feo y triste
porque los dulces mangos de mayo
no vienen nunca de un matapalo.

Pensaré en ti
no preguntes por qué, ni yo lo entiendo
creerás que tu sonrisa es promedio
yo la veo luminosa
te figurarás poca cosa
cuando te creo sabio
pensaré en ti cuando baje el sol
y se vean otras estrellas
en el firmamento.

Escribiré un poema triste y feo
en la tarde de mi encierro
que se ha vuelto perpetua
afuera suspira una rosa
afuera se seca el azahar
adentro se marchita el rostro
indeseable, de tanto llorar
afuera vives y andas
dejando que la brisa te roce
cuando mis manos no quieren
ya el damero tocar
ellas no te conocen
pero te adoran, se han puesto a soñar.

Escribiré tanto
como me lo permitan los dedos
hasta que se me cansen los ojos
hasta que se me sequen los sesos
escribiré hasta que mis versos
pasen, algún día, por bellos
tal vez
mis lágrimas se cristalicen
tal vez de ellas saque yo una sal
que acompañe a esta hiel
que se hace más amarga
por no saber de tus besos
quizá de ella haga coraza
para encerrar todos mis miedos.

Escribiré por las tardes
pues la noche es de Neruda
y en el presente
escribo todas las veces
que tú vienes a verme
exquisitamente ausente
a veces, Elendil
pones tu mano en la mía
a veces me observas
con ojos de ébano
es la lisura de tus cabellos
meldaner
la que conduce el hilo de mis pensamientos.

Escribiré aun si no me lees
ai!
escribo aun si ya no te agrado
namarië
a ti que siempre vienes incorpóreo
con el rosicler de la mañana
con el sopor de la tarde
con la brisa de noche
y te vas, tu imagen se extingue
como la flama de una velita
cuando es soplada con fuerza
a ti que siembras la duda
a ti que pones la nota en mi voz
y palabras en mi lengua
te digo esta noche
y sin alegría
namarië
namarië, vanimalda.

Andrea Molina Hernández
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