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Tres poemas de Chicho Porras

viernes 22 de octubre de 2021
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Sepan que fuimos amigos

A Narciso
(al enterarme recientemente de que yace en un asilo de ancianos
padeciendo de alzhéimer).

Su nombre estaba escrito
Con gotas de agua
Y sombras de otros mundos…
Era su oscuridad el amplio
Refunfuñar del sol
Cuando retoza con el final
Del mundo
Su voz era la voz del desatino
Con pelos y milagros
Hundidos en un abismo
Donde sólo alumbran las estrellas.

Su piel más que piel era la última cosecha,
La fruta que se madura,
Semillas patinando
Con la lluvia en los surcos de la tierra.

Cargaba con el andar de un santo.
La frente perfecta de un polígono
Llenaba casi un tercio de su cara…
Poseía el arte de expresar la palabra soledad
Con acento de otras dimensiones…

Amigos fuimos para siempre; una misma
Realidad de aquel entonces,
Y así fue cayendo la luz de la conciencia
Formando un lago
De cromosomas fijos al encuentro
Del alga con la intimidad de los gusanos…

Hoy yace solo, solitario, soliloquio
En su cueva de ermitaños
Ya no recuerda a nadie, ni siquiera su nombre,
Pasan los días, pero para él
Seguirán siendo los mismos…

Quien tenga un poco de piedad
Me escuche…
Quien piense en una eternidad
Que me perdone.

 

La muerte pasa por el SW

(a la memoria de un amigo que falleció antes de comenzar a vivir)

Viene la muerte, sí, ya viene;
Naipes en mano
Colorete en los labios,
Vestida de azul Prusia
Y tacones de cuña.
Alta y vieja, la muerte
Con sus mil y una gangarrias
Guindando de un cuello
Que posee el olor
De la sangre cuando no coagula…

Pasa la muerte, no tocará una puerta
Prefiere escurrirse como una araña
Desleal a las moscas que la inundan…
¡Llega la muerte a tiempo!
Siempre a tiempo.

Pasa y pasará, mientras
La vida,
Llena de enfermos
Y locuras ambidiestras
Le esconda el apetito de sus dudas
En una hora desconocida,

Son las tres en punto de la tarde;
Sepan que la muerte ha llegado en un tranvía,
Se bajará con lentitud fantasma
Y muy despacio
Caminará sin rumbo
Oliendo el panorama de su empeño.

Mientras repetirá con voz fingida
En su silencio mortal:
Vengo a morir;
Vengo muriendo hace siglos
Enseñando a morir:

Mientras por el cielo: la tarde cuelga su estola de sombras
Sobre el mundo.

 

Fugaz

Fugaz, tal vez, o manso
Hipnotizando la gloria de la vida,
Con hoy, mañana, nunca
Tocando las espuelas del minuto:
Nace el tiempo
Por una calleja oscura
Fría, aislada del mundo
Festejando una memoria
Que siempre será
Una visión remota…

Obviando la razón
De que brotó
Para burlar las horas,
Los días y las noches…
Y así poder quemar con reprensiones
Los tantos olvidos…

Estamos sujetos a su ira
A su voz de extraterrestre planetario.
Su canción vieja implica,
De vez en cuando, nociones de un futuro,
Pretéritos pluscuamperfectos
De verbos agotados de existir…

Sin embargo, sigue aquí con nosotros:
Azadón en mano,
Correa para amordazar palabras,
Pinchos de antepasados,
Hechos polvo.
Y allá, lejos, perdidos,
Cerca del final de algún camino
Vamos nosotros detrás de él
Rezando en varios idiomas
Que ya nadie comprende.

Chicho Porras
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