XXXV Premio Internacional de Poesa FUNDACIN LOEWE 2022

Saltar al contenido

Cinco poemas de Gabriel Ascencio Morales

miércoles 12 de enero de 2022

Fábula del panteón

Los dos huesudos barbudos
a los muertos risueños observan,
mientras cantan en campos cándidos
el cálido cancionero de los vivos.
Cempasúchiles estuporosos
avivan a los vistosos vientos:
las almas no ansían licor,
no hay guerra ni arrogante vigor.

Los dos huesudos barbudos
con las hachas arrastrando descubren:
“No debemos mal sentirnos
de que en Valhalla no nos encontramos”.

 

Divagaciones de la noche en haiku y tanka

Suena el reloj,
interrumpe a la noche
mas no al insomnio.

Latas y vidrios
reposan pacíficos
sobre la mesa:
brilla la luz nocturna
sobre el cuerpo desnudo.

Vienen los humos,
anunciando al fantasma
del cigarrillo.

Baja la lluvia
lavando la amplia mugre
de la ciudad.

Ya no sale el sol
pues complacido está
con esta noche.
¡Melancólica noche
que tanto resplandece!

 

Del vientre al cubículo

¿Qué le sucede al citadino
cuando se ha quedado sin ambiciones?

¿Qué permanece
una vez que ha quedado sin las prendas
del magro éxito y las obscenas expectativas?

¿Qué le queda a este extraño ser —
aquel que habita pero no vive
cuando se le permite gozar su humanidad?

No queda un hombre,
no queda una mujer:
queda solamente el neonato
que nunca creció,
que nunca vivió.

Queda el neonato criado
por el concreto,
por burgueses y falsos ideales.

Queda un ser que no está vivo
pero que quizás,
a pesar del concreto de la urbe,
tenga una segunda oportunidad para vivir.

 

Luna americana

El astro blanco se esconde,
evade y repudia detrás
de los cielos sangrantes de ozono.
La luna es de los gringos,
quizás porque el mundo
no fue suficiente,
o porque el mundo se fue al carajo,
o porque el mundo no importa
y la vida no vale nada.

Hoy como ayer,
se celebra la supervivencia
y se corteja a la muerte con cinismo.
Muchos se fugan a la luna
montados en proyectiles rudimentarios,
mientras los vicios del pasado
envenenan la tierra pútrida,
causando eterno llanto
a los desordenados vientos.

Hoy como ayer,
en el mundo de siempre.

 

El camino

No veo el final.
No quiero hablar del comienzo —
a menos que quiera llorar.

Pero sé
que a pesar de todo
algo bueno me espera.

Gabriel Ascencio Morales
Últimas entradas de Gabriel Ascencio Morales (ver todo)